jueves, 11 de octubre de 2012

Los fraudes científicos


El elevado porcentaje de engaños y errores que jalonan la investigación científica, especialmente en el ámbito médico, ha llevado al Congreso norteamericano a crear una Oficina de Integridad en la Investigación (ORI) que tiene como objetivo examinar los casos de fabricación, falsificación, manipulación o plagio en el ámbito científico. Entre sus actividades se encuentra la publicación de los casos investigados, las iniciales del científico, su ámbito de estudio y el centro para el que trabaja, el engaño cometido y la sanción impuesta.

“A diferencia de otras profesiones en las que la honestidad sólo se considera muy deseable, el gran edificio de la ciencia está construido sobre los cimientos de la honestidad”, dice el médico e historiador de la ciencia Alexander Kohn. Pero eso es teoría, ya que el descubrimiento científico genera honores y cuantiosas regalías que propician actitudes fraudulentas en los ambiciosos.

Los fraudes prefieren las humanidades

Según los especialistas, el fraude es un problema que enturbia con más frecuencia las ciencias sociales y biológicas que las denominadas “ciencias exactas”, debido a que aquellas presentan variables que impiden la reproducción de los experimentos y, por tanto, una mayor facilidad para ser disimulados.

Prácticamente todos los casos de fraude estaban relacionados con investigaciones médicas, psicológicas o biológicas, puesto que resulta más difícil determinar si se miente en que 500 personas desarrollan cáncer de colon por no hacer ejercicio, que, por ejemplo, la aparición de una nova en el firmamento.

Muchas veces, la comunidad científica tarda años en comprobar las aseveraciones que se publican, pero casi siempre acaba por encontrarse el camino correcto, porque un buen engaño es muy difícil de mantener; aunque no cabe duda de que convivimos con falacias que aún tardarán en desterrarse.

Las causas de este comportamiento desviado son múltiples: el reconocimiento social; la consecución de una fortuna personal; la búsqueda de subvenciones para continuar los experimentos o simplemente mantener el puesto de trabajo; la estresante competencia profesional (recordemos que Newton estaba obsesionado porque le reconocieran sus descubrimientos y rabiaba cuando otros sabios como Boyle, pudieran robarle la prioridad de un descubrimiento); y, por supuesto no hay que olvidar que entre los científicos, como entre cualquier otro grupo humano, existen personalidades patológicas capaces de engañar para probar su ‘privilegiada’ inteligencia frente a la de toda la comunidad.

Engaños en la ciencia por doquier

Lo demuestra la variedad y cantidad de engaños que se producen. Ya una encuesta de la revista New Scientist de 1976 dio como resultado que de 201 cuestionarios, 194 científicos encuestados aseguraban conocer al menos un caso de engaño. Otro estudio publicado en Scientific American en 1993 por la doctora Judith Swazey llegó a una conclusión parecida.

La psicología es paradigmática en la manipulación de trabajos. Un estudio de la Universidad de Iowa solicitó a 32 psicólogos los datos en que se basaron sus experimentos e investigaciones, pero ni uno solo pudo aportar un trabajo riguroso y con datos correctos en todos los puntos. A la mayoría, naturalmente, se le habían perdido los datos.

Según un estudio publicado recientemente, el fraude científico se ha multiplicado por 10 desde 1975. El estudio analizaba los trabajos realizados en biología y medicina que se recogen en la base de datos Pubmed la más importante referida a artículos publicados en estos campos.

Hasta 2012, los autores tuvieron conocimiento de 2047 artículos rechazados, el 67 por ciento de los mismos por fraude, duplicación o sencillamente plagio. Estados Unidos, Alemania, China e India, encabezan el ranking de países de origen de los artículos fraudulentos.

Desgraciadamente no se trata sólo de prestigio, poder o vanidad, la ciencia implica a muchos estamentos sociales y a veces es utilizada como una terrible arma política. Desde 1933, la Alemania nazi impuso criterios ideológicos a las conclusiones científicas que acabaron con la farsa aria y el genocidio étnico.

Lysenko en sus momentos de gloria en el soviet.

Lysenko, el caso de la ciencia fraudulenta en el poder

En la antigua Unión Soviética, el agrónomo Trofim Lysenko impuso sus criterios lamarckianos al ámbito científico ruso por el extraordinario poder que acumuló en la cúpula comunista. Las plantas no podían comportarse genéticamente como evolucionistas revisionistas, sino que por ley podrían ser moldeadas genéticamente por las condiciones ambientales, como proponía Lamarck.

Ya que los datos parecían empeñados en demostrar lo contrario, todos aquellos biólogos que se opusieron a estos criterios fueron enviados al Gulag o directamente al paredón.

Consecuencia, en 1950 Lysenko había logrado destruir hasta las raíces la ciencia genética en la antigua URSS. De todos los biólogos soviéticos dedicados a la investigación genética, cinco se hicieron “lysenkoístas”, 77 fueron detenidos, deportados y ejecutados, y más de trescientos tuvieron que cambiar de trabajo.

Los resultados de sus propios experimentos agrícolas y ganaderos fueron un completo desastre, pero no cayó en desgracia hasta el año 1960, a pesar de que ya había trascendido que todos los datos que ofrecieron él o sus colaboradores eran sistemáticamente falsificados, adornados o inventados y nunca se publicaban en revistas especializadas, sino en la prensa popular y repleta de expresiones como ‘lucha de clases biológica’, ‘biología burguesa’, ‘sirvientes del capitalismo’, y otras expresiones de esta guisa.

También asesinas pueden resultar algunas falsas investigaciones, especialmente en el ámbito farmacéutico, donde se mueven muchos intereses económicos que no se paran ante frivolidades de honradez. Un estudio oficial realizado acerca de una compañía farmacéutica estadounidense reveló que de 900 trabajos elaborados sobre los efectos crónicos de varias sustancias comercializadas por los laboratorios investigados, la mayor parte carecía de validez.

Talidomina: el caso del tranquilizante asesino

El siniestro asunto de la talidomida es paradigmático de esta actitud que no resulta infrecuente. La compañía Chemie Gruenenthal, que solo ahora pide perdón, situó en el mercado un tranquilizante, la talidomida, pero ocultó informes y suprimió comunicaciones sobre problemas neurológicos derivados de su consumo. Hasta 1962 se estuvo recetando alegremente a embarazadas con el resultado de ocho mil niños afectados por espantosas malformaciones en 46 países. Para más escarnio, la compañía no pudo ser responsabilizada judicialmente porque no existía un “claro precedente legal”.

Clasificación de los fraudes en la ciencia

El padre de las modernas calculadoras, Charles Babbage, un famoso matemático inglés fallecido en 1871, definió varios tipos de adulteración de la ciencia:

Falsificación. Cuando se registran observaciones que nunca se han realizado, esto es, cuando se miente abiertamente sobre los datos experimentales. Aquí podemos incorporar el plagio, como una mentira acerca de la auténtica autoría del trabajo.

Adorno (maquillaje o apaño). Manipulación de los datos experimentales para hacerlos lucir mejor en los resultados.

Cocina (decantación). Escoger sólo los datos que mejor se ajusten a la hipótesis del investigador y descartar los que no. O, lo que es lo mismo, decir sólo una parte de la verdad.

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