viernes, 12 de octubre de 2012

El caso del agua desmemoriada - Fraudes científicos


El más famoso de todos los detectives de la anticiencia es un mago, James Randi (en la imagen), un gran ilusionista que ha desacreditado todo tipo de investigaciones paranormales, desmontando o reproduciendo los trucos utilizados por supuestos dotados psíquicos como Uri Geller. Pero no sólo los charlatanes de la parapsicología son el blanco de sus críticas, también a menudo le reclaman para que estudie casos de gran controversia científica, como el de la "memoria del agua".

En esta ocasión, un grupo de investigadores franceses apoyados por dos israelíes, uno canadiense y otro italiano publicaron en la prestigiosa revista Nature (30 de junio de 1988) un artículo titulado "Degranulación de basófilos humanos desencadenada por un antisuero muy diluido contra IgE". Tras un título tan esotérico se escondía la idea de que el agua recuerda las propiedades químicas de elementos que han estado disueltos en ella, una idea defendida desde hacía siglos por la homeopatía, una controvertida ciencia médica que sostiene que si una sustancia produce síntomas de una enfermedad, cantidades infinitesimales de esa misma sustancia, aunque sea muy venenosa, curarán la enfermedad. El poder curativo será aún más intenso si su ausencia es total.

El jefe del equipo que desarrolló la hipotética “memoria del agua” fue Jacques Benveniste, quien aseguró que la potencia de sus diluciones se puede comprender con la siguiente analogía: es como arrojar las llaves del coche al Sena, ir a la desembocadura del río tomar unas gotas de agua, las cuales servirían para poner el coche en marcha.

Antes de que se publicara el artículo definitivo, la dirección de la revista Nature envió un equipo, encabezado por el propio director de la revista, John Maddox, para que estudiara el fenómeno en los laboratorios parisinos. James Randi fue otro de los voluntarios del equipo. Sus conclusiones, publicadas en Nature de 28 de julio de 1988, fueron demoledoras: "...experimentos estadísticamente mal controlados..., error sistemático..., fenómeno no reproducible..., hipótesis tan innecesaria como extravagante".
Benveniste (en la imagen) aseguró que el artículo de Nature respondía a un siniestro complot para desacreditarle (lo que conocidos otros casos no es una idea desechable). Sin embargo, el descrédito fue completo cuando se supo que algunos médicos del equipo de Benveniste estaban pagados por los laboratorios homeopáticos Belon. Eso no quiere decir que la medicina oficial apoyada por los grandes laboratorios farmacéuticos, no tergiverse por su parte sus propios resultados, como sucede con algunos medicamentos y vacunas, pero esa es otra sangrante historia de la que tal vez pueda ocuparme.

El efecto del experimentador

En el caso de la memoria del agua no se trata de un fraude propiamente dicho, sino de lo que los expertos denominan "efecto del experimentador", esto es que las firmes creencias del experimentador influyen en los resultados.

Un caso semejante respecto a la homeopatía tuvo lugar cuando se publicó un artículo en la prestigiosa revista médica británica The Lancet del 10 de diciembre de 1994, firmado por David Reilly quien aseguraba que "nuestros resultados prueban que la homeopatía tiene una acción inexplicable pero reproducible, lo cual difiere del efecto placebo".

Algunos datos conocidos con posterioridad a su publicación ponían en entredicho la investigación. Primero porque los estudios habían sido realizados por homeópatas y financiados por firmas de productos homeopáticos. Y, segundo, porque la metodología aplicada había sido mediocre, cuando no errónea. El autor utilizaba además como referencia dos artículos propios que ya habían sido seriamente criticados. En cuanto a los resultados, sólo uno de los pacientes estudiados había sufrido una mejora evidente con respecto a los casos testigo tratados con placebo.

Por último, trascendió que la publicación del artículo fue consecuencia de la presión ejercida por la King's Fund, la fundación tras la que se encuentra la casa real inglesa, cuyos componentes, empezando por la reina madre son partidarios de la homeopatía, especialmente el príncipe Carlos.

Una de las causas más frecuentes de error en los trabajos científicos tiene que ver con el denominado “efecto experimentador”, que se define como “el grado al cual se desvían del ‘valor correcto’ los datos que obtiene el experimentador”. Se trataría de una consecuencia de que el investigador interprete opiniones imprecisas como respuestas favorables. El investigador N.S. Hetherington asegura que el efecto experimentador se produce cuando “se han obtenido resultados previstos, anticipados, o incluso deseados, por parte de investigadores apegados a los métodos científicos aceptados generalmente”.

¿Es lícito manipular los datos para llegar a la solución correcta?

Newton que puede considerarse como uno de los padres de la ciencia se inventó datos para que las fórmulas se ajustaran a su teoría de que el sonido se transmite a 331 metros por segundo. Midió la longitud de una onda en el agua, entre cresta y cresta, y la velocidad de propagación y trató de extrapolar los datos al comportamiento en la atmósfera como si se tratase de una onda acuática. Pero para ello, necesitaba conocer la relación entre las densidades del agua y del aire, desconocidas en esa época.

Con mucho atrevimiento científico se lanzó a suponer que el aire contenía vapor de agua en una proporción de 1 a 10 y que el aire estaba formado por partículas, aunque teóricamente nada se sabía sobre ellas. Ajustando los valores, le coincidieron los resultados, así que nadie se preocupó de darle importancia al asunto, porque la solución resultaba correcta y brillante. Hasta que R.R. Westfall escribió en 1973 un artículo en Science donde aseguraba que este comportamiento heterodoxo podía considerarse “nada menos que fraude deliberado”.

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