domingo, 23 de septiembre de 2012

Penas de amor

Si el amor conlleva una euforia absoluta, el desamor nos conduce al vacío más deprimente. Cuando el amor se ha establecido, mediante la pareja o el matrimonio, nace la convivencia, la más dura escuela de aprendizaje del mundo. Nuestras actitudes infantiles, orgullos y cabezonerías, la intimidad personal, nuestro yo, en definitiva sufre una erosión constante que no todas las parejas están dispuestos a soportar.

Las crisis y rupturas conyugales o de la pareja tardan años en cicatrizar y la mayor parte de las veces conllevan trastornos psicológicos que la literatura ha descrito muy bien y que conocemos como "penas de amor".

El amor es una pena de amor diferida

Según el psicoanalista francés François Roustang, "el amor es una pena de amor diferida". El amor se ha desarrollado en los amantes a costa de ellos mismos, tal como hace el bebé en la mujer embarazada o el cáncer en un enfermo. Sus argumentos no son precisamente optimistas, ya que opina que al no escogerse el enamoramiento uno de otro, el amor es un parasitismo recíproco, por lo cual es casi obligado que sobrevenga una manifestación de rechazo.

Cada uno desembarca en la pareja con sus propias exigencias afectivas lo que trae como consecuencia que se abran las puertas a toda clase de malentendidos, lo mismo que sucede con la palabra amor, que lo mismo sirve para designar lo que sucedió entre Romeo y Julieta, las caritativas actitudes de la madre Teresa de Calcuta, y las relaciones entre una prostituta y su cliente.

Los únicos elementos notables de una vida son las rupturas

Esta visión pesimista del amor está presidida por la frase del filósofo rumano E.M. Cioran, "los únicos elementos notables de una vida son las rupturas". Cuando la pareja se hace trizas, lo que queda es una pena de amor, un vacío absoluto. El escritor Étienne Lévy-Lambert establece cuatro fases en las penas de amor que sobrevienen tras la ruptura. La primera fase es un repliegue sobre sí mismo que conlleva el descuido personal ("¡bah!, ¿para quién arreglarse?"), la bebida ("tengo que olvidar") y el nihilismo ("esta sociedad es una mierda").

La segunda fase es la del arrepentimiento en la que se hacen repasos de los errores y se autoinculpan de los sucesos. Se vive en el contrasentido, llegan el insomnio y la culpa.

La tercera fase supone una pérdida del estatus social. Ya no les invitan los amigos emparejados y el penitente no quiere hablar más que del antiguo amante con la vana esperanza de que alguien diga que todavía es amado por él o ella.

La cuarta y última fase viene acompañada por una caída en la salud del amante abandonado. Se envejece y se acumulan las enfermedades, como si se tratase de una pena autoimpuesta por no haber sabido mantener una relación de amor.

Seis meses para superar las penas de amor

Pero al final, las aguas vuelven a su cauce. Los psicólogos establecen un período de seis meses de media para superar las penas de amor. Si pasado ese tiempo, se continúa mirando al pasado y recreándose en su propia desgracia, la pena de amor se convierte en enfermedad mental y el caso requiere tratamiento especializado.

El desamor, el momento en que se acaba el romance y comienza la pena de amor, puede llegar de dos maneras: repentina o progresivamente. La primera forma se compara a la imagen de una tormenta en un cielo sereno, el fin abrupto de una ilusión, el globo de amor que explota.

El desamor progresivo viene con la convivencia. No se asumen las diferencias y no se quiere aceptar la ruptura definitiva. Nos engañamos a nosotros mismos y no queremos aceptar que si un día se va nuestra pareja, ésta no regresará jamás.

Para Xavier Fauche y Christiane Noetzlin, que han publicado en Francia un libro titulado Changrin d'amour ("Penas de amor"), "los hombres tienen más éxito que las mujeres para superar las penas de amor, ya que se vuelcan en su profesión. El trabajo se convierte en el sustituto de la pareja y se idiotizan con él".

Remedios para combatir el desamor

El psiquiatra español Enrique Rojas, estableció dieciséis remedios para combatir el desamor, bajo la máxima de que "es mucho más difícil mantener un amor que conquistarlo":

1. Borrón y cuenta nueva. Para empezar a arreglar una situación de pareja difícil es necesario esforzarse por asumir y digerir el pasado.
2. Esforzarse por no sacar la lista de agravios, ese inventario de pequeños y grandes errores, fallos, defectos y fracasos que se acumulan tras la convivencia.
3. El respeto mutuo en tres direcciones, ya que la consideración en el trato debe basarse en el aprecio y la dignidad de la persona.
4. Para estar con alguien hay que estar primero con uno mismo. Dicho de otra manera, aquella persona que no sabe lo que quiere tendrá siempre una vida amorosa inestable.
5. La vida en pareja tiene que ser argumental ya que el aburrimiento es uno de los grandes enemigos de las parejas modernas.
6. Evitar discusiones innecesarias.
7. Tener una vida sexual sana, positiva y centrada en la comunicación. Evitar caer en la tendencia de la sociedad actual que entiende la sexualidad como un bien de consumo.
8. Hacer repetidos esfuerzos de voluntad por mejorar y pulir las dificultades de la convivencia.
9. Echarle a la vida sentido del humor, ya que la pareja que así actúa logrará un buen nivel de higiene mental.
10. Aprender a remontar momentos, días o situaciones difíciles.
11. Saber escuchar, aprender a dialogar y adquirir habilidades en la comunicación.
12. Saber utilizar la mano izquierda, esto es, ser diplomático.
13. Conseguir establecer un día cada dos semanas en que dediquemos a nuestra pareja todo nuestro tiempo y energía para lo que él o ella desee.
14. Saber que la vida tiene aspectos positivos y negativos, aunque de todos podemos aprender.
15. Frenar la tendencia a controlar, vigilar e inspeccionar a la pareja.
16. Tratar de frenar el lenguaje interior negativo de la pareja.
Siguiendo estos consejos se pueden evitar las penas de amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario