domingo, 16 de septiembre de 2012

La química del amor: Sólo es una molécula


Uno de los descubrimientos más fascinantes sobre el amor tuvo lugar hace veinte años con el hallazgo de una molécula química, la feniletilamina, generada por nuestro cerebro. Entonces se creyó encontrar la explicación a la locura de amor y otros desórdenes afectivos. Pero no fue más que un espejismo.

La química del amor que han puesto de moda varios libros publicados en Estados Unidos, fue ya un concepto manoseado por los medios de comunicación desde hace décadas. El responsable de esa divulgación fue el doctor Michael Leibowitz, a la sazón director de la clínica de desórdenes de la ansiedad en el Instituto Psiquiátrico de Nueva York, con un libro titulado La Química del Amor.

Según ya planteó este psiquiatra neoyorkino, el amor es una emoción muy compleja en la que intervienen numerosos tipos de moléculas, las necesarias para producir los arrebatos sentimentales que la caracterizan. Pero de entre todas destaca una que actuaría como directora en todos los procesos amorosos, la feniletilamina, más conocida como FEA o PEA.

La química del amor divide el proceso en dos fases sucesivas, cada una con su propia neuro-química: la fase de la atracción y la fase del afecto. La primera se caracteriza porque la FEA orquesta la secreción de sustancias, como dopamina o norepinefrina, que poseen una estructura química parecida a las drogas anfetamínicas. Al igual que sucede con las propias anfetaminas, la euforia del amor es espléndida, pero la bajada, la pérdida de ese estado, produce una gran depresión y desasosiego.

No sólo puede producirse el vacío, también existe la posibilidad de que en el transcurso del tiempo, el amor haga funcionar otro tipo de neuroquímica: las endorfinas y encefalinas, sustancias químicas similares a la morfina. Entonces se entra en la segunda fase de la química amorosa. Las parejas se casan o viven juntos y  cada día generan una ración de endorfinas que les confiere gran seguridad, paz y calma. Las delicias de la vida matrimonial. Los afectados no lo saben, pero cuando un día se les acaba la ración de droga cerebral, por la separación o la muerte de uno de los amantes, llegan las depresiones, las angustias, e incluso la paranoia. Los síntomas no difieren mucho del "mono", o síndrome de abstinencia, de los drogadictos.

Ya se ha especulado con las posibilidades comerciales de estos conocimientos químicos: ¿por qué no manipular la producción de FEA para prolongar los estados amorosos? ¿Por qué no desarrollar un filtro de amor? Afortunadamente, las investigaciones no están tan avanzadas como para que lo logren.

Leibowitz investigaba él mismo, pero una buena parte de sus descubrimientos se los debía al doctor Héctor C. Sabelli, de origen argentino, que trabajaba en Chicago en los años setenta. De hecho, existe una cierta rivalidad para saber quien es el verdadero descubridor de la moléculas del amor.

Los primeros descubrimientos sobre la FEA tuvieron que ver con los deprimidos, antes que con los amantes. Se trataba de medir las tasas de FEA en la orina de un grupo de control "normal", y en la de un grupo de depresivos crónicos. La FEA se detectaba bien en los normales, pero en los deprimidos no se encontraba ni rastro.

Se barajaron dos hipótesis: o bien el cerebro de los depresivos no producía FEA, o bien, producía una sustancia que anulaba las características anfetamínicas de la FEA, por ejemplo la monoamina oxidasa, más conocida como MAO.

Héctor Sabelli aplicó los conocimientos sobre los depresivos, para la búsqueda de soluciones a la enfermedad y descubrió que la presencia de una cantidad mayor a lo normal de FEA estaba ligada a comportamientos afectivos y provocaban euforia.

Estudios de Sabelli demuestran que la producción de FEA no se limita a los estados amorosos. En los análisis efectuados a paracaidistas en el momento del salto se descubrió que se generaba una gran cantidad de FEA. Enamorarse es como saltar al vacío.

También observó que en los momentos de divorcio, cuando se acaba el amor, se producía una gran cantidad de FEA. Para Sabelli, todas las situaciones que abran la posibilidad de un futuro incierto desatan la acción de las anfetaminas cerebrales.

Leibowitz, por su parte, no está satisfecho con el modelo FEA, al que considera incompleto, y propone la búsqueda de otra molécula, la causante de lo que él llama "estado romántico especial". Asegura que "ciertos aspectos de la interacción romántica pueden ser descritos como místicos desde un punto de vista neuroquímico". Se trataría de una variante neuroquímica de la FEA, la verdadera molécula del amor. Como escribe el periodista francés Ron Rosenbaum, "un amor que eleva más allá de la experiencia terrestre ordinaria, hacia una dimensión celeste, casi religiosa".

Imagen
Diagrama simplificado de las bases químicas del es:amor. Las fuentes están en el artículo: Wikipedia:Love. Modelo: Mikael Häggström. Para discutir sobre la imagen, véase Template_talk:Häggström diagrams

1 comentario:

  1. Ciertamente, yo sostengo que el "amor" en la fase primaria, va al mismo lugar del cerebro que las drogas; crea euforia en escalada, y luego "baja", deprime y se vive el duelo en pleno síndrome de abstinencia.
    Eso en cuanto al amor romántico-sexual; el amor hacia los hijos es otro cantar.
    No es de sorprenderse que el ser humano haya creado "afuera" de sí, un Dios-Amor-Incondicional, ya que en la Tierra no se puede sostener; por tanto, el amor vive en la imaginación, como Dios.

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