lunes, 17 de septiembre de 2012

La magia del flechazo y el perfume del amor


Está ahí. Sabemos que la (o lo) amamos, aunque no la (o lo) hayamos visto antes. Nuestro corazón se ha acelerado, la sangre ha subido a nuestra cabeza y nos ha inundado una oleada de calor. De pronto, hemos dejado de prestar atención a cuanto nos rodea y sólo tenemos ojos para ella (o él). ¿Qué nos sucede? ¿Qué extraña magia es ésta?

El flechazo. Además de la secreción de anfetaminas cerebrales y de cambios hormonales en todo el organismo, para que una persona nos atraiga de tan irresistible manera se conjugan una serie de factores que tienen que ver con la evolución, la genética, la psicología y los olores.

Hubo una época en que se adscribían al flechazo orígenes míticos, casi religiosos. El encuentro de dos personas y las locuras de amor consiguientes, sólo podían venir de una voluntad divina.

Pero los flechazos no duran mucho tiempo. A los pocos meses de creer que hemos encontrado el príncipe azul o el hada de nuestros sueños, se revela a nuestros ojos como Fulanito o Menganita. Es más, los psicólogos advierten que el flechazo puede evolucionar hacia una pasión destructiva. Para conseguir una relación amorosa estable es conveniente acumular experiencias amorosas con la pareja elegida.

El perfume del amor

Vivimos en una sociedad que está perdiendo el primitivo sentido del olfato. La contaminación y la desmedida ocultación de los olores fuertes y desagradables por fragancias artificiales nos impiden acceder al universo olfativo que nos rodea, don que poseían nuestros antepasados evolutivos. Aún así, poseemos un maravilloso órgano del olfato que nos relaciona, aunque no seamos conscientes de ello, con nuestros semejantes.

En experimentos realizados en la universidad de Vanderbilt, que cita el zoólogo Anthony Smith, diecinueve niños de veinticuatro fueron capaces de identificar a sus hermanos por el olor y dieciséis de dieciocho padres reconocieron a sus hijos, también con el olfato. No resulta extraño pues, que en la relación de pareja, con una mayor intimidad, el olfato funcione como un potente elemento de atracción o repulsión. "Al reprimir el sentido del olfato, el hombre ha reprimido su sexualidad", dejó escrito Freud.

Lo cierto es que nuestro propio cuerpo genera el más poderoso de los afrodisíacos, el olor corporal, efluvios que se desprenden de las glándulas apócrinas que todos los humanos poseen en las axilas, alrededor de los pezones y en las ingles. Cada uno de nosotros posee además una marca odorífica, como si se tratase de una huella dactilar.

Olores personales, afrodisíacos naturales

Este carácter afrodisíaco de los olores personales es conocido desde la antigüedad, aunque hasta hace unos años no se descubrieron los agentes causantes: unas partículas que transportan los olores, conocidas como feromonas. Se conoce, relativamente bien, el funcionamiento de las feromonas en los insectos y vertebrados, pero se desconoce cómo actúan en los humanos, excepto con algunos experimentos aislados sobre la menstruación femenina.

De lo que no cabe duda es de que el olor juega un papel muy importante en los amores humanos. Como declaró la antropóloga Helen Fisher cuando la entrevisté para la revista Muy Interesante: "Si hueles a alguien y ese olor no te resulta agradable, te repele esa persona, aunque no necesariamente te atraen todos los que huelen maravillosamente. Sin embargo, una vez que te has enamorado y te has acostumbrado al olor del otro, ese olor actúa como un afrodisíaco que permite que continúe la relación amorosa. El olor de la otra persona se ha convertido en un tipo de señal especial, que recuerda esa relación".

En los años sesenta se realizaron experimentos en la Universidad Monell de Pennsylvania, que demostraron que las mujeres con escasas o nulas relaciones sexuales y con problemas de periodicidad menstrual, regularizaban su ciclo tras varias semanas con un tratamiento que consistía en situar bajo su nariz muestras de sudor axilar de hombres. Se consiguieron aislar feromonas relacionadas con tetosterona, la hormona masculina. También se sabe que durante la ovulación, la mujer tiene más sensibilidad para captar los aromas sexuales que desprenden humanos y animales.

Influencias del olor en la sexualidad femenina

Las influencias del olor en la sexualidad femenina resulta evidente a la luz de estas investigaciones, pero no se han conseguido los mismos resultados con la receptividad de los hombres a las feromonas femeninas. El bioquímico George Pretti ha establecido en sus investigaciones que a los hombres les resultan más atrayentes las mujeres antes de la ovulación, y menos durante la menstruación.

A lo largo de la evolución humana, la mujer ha perdido la época de celo, para expandir su período sexual a todos los días del año, por lo cual las feromonas actúan de forma diferente a como lo hacen otros mamíferos y primates: son ellas las atraídas por el olor que emiten los miembros masculinos de la especie, pero aún son muchas las investigaciones que deben realizarse al respecto.

La antropología contempla casos curiosos del folklore de los pueblos, como la costumbre de las muchachas inglesas del siglo XVII, de dar a oler al pretendiente una manzana pelada que previamente se había colocado un buen rato en el sobaco.

Por su parte, el escritor alemán de principios del siglo XX Luis Thoma, achacaba su éxito con las mujeres a que impregnaba el pañuelo, que sobresalía de su chaqueta, con olor de sus axilas.

Imagen
William-Adolphe Bouguereau (1825-1905) - Love on the Look Out (1890)

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