domingo, 23 de septiembre de 2012

El mórbido fantasma de los celos

Nadie, hombre o mujer, escapa al tormento de los celos, al miedo a la pérdida de la persona o el objeto amado y sus consecuencias. Para Freud, aquellos que aseguraban no ser celosos se estaban engañando a sí mismos, reprimiendo esos sentimientos y almacenándolos en el inconsciente. El médico psicoanalista Arnoldo Liberman dice que "todo aquel que ama, cela. Lo sustancial es hasta donde servirán de enriquecimiento en nuestros vínculos o en qué momento comenzarán a hacerse denigrantes y destructivos".

Freud dividía los celos en tres grupos: de competencia o normales, proyectados o neuróticos y delirantes o alucinatorios. Los primeros anidan en el inconsciente y el creador del psicoanálisis los relaciona con el complejo de Edipo, la afectividad infantil y la competencia con los hermanos.

Los celos proyectados se presentan cuando adjudicamos a nuestra pareja las propias fantasías de infidelidad. Acusamos al otro de lo que en realidad nosotros mismos estamos deseando inconscientemente. En los delirantes se llega a una especie de paranoia por la cual centramos el interés en el rival, no en la pareja.

¿Son los celos una prueba de amor? 

Tal vez la expresión de La Rochefoucauld, un moralista francés del siglo XVII, diga más que muchos tratados: "En los celos hay más amor propio que amor por el otro". Para el psicólogo danés Shand, "es a causa del deseo, fruto del amor a uno mismo, de poseer ciertas cosas exclusivamente que surgen principalmente los celos".

Los celos no son una expresión del amor, pero pueden ser creativos en una relación de pareja. Stendhal escribía: "En el amor, nuestro rival afortunado, o, lo que es lo mismo, nuestro enemigo es nuestro bienhechor".

En este sentido, el doctor Liberman no tiene reparos en afirmar que "si no tuviéramos rivales, deberíamos inventarlos". Su argumento es que "son los celos los que hacen que veamos al otro como una persona -un ser singular y libre- y no como un objeto de nuestra pertenencia; son los celos los que sellan la rúbrica de una pareja, porque en medio de lo aparentemente seguro instalan la sospecha del abandono y la maravilla humana de ese amor". Este mismo psicoanalista ha establecido un decálogo de autoayuda contra el morboso fantasma de los celos en su libro Los celos y el amor:

1. Hable de sus celos con sus amigos o familiares.
2. Plantee el problema no sólo desde su perspectiva, sino también la de su pareja.
3. Haga el esfuerzo de pensar en su relación, aunque le duela.
4. Impida que la culpa invada la relación.
5. Intente ser flexible.
6. Intente ver si los celos son realmente sexuales o de otra índole.
7. No se deje llevar por la cólera.
8. Intente hablar con su pareja de sus celos y de su relación como tal.
9. Cuide su autoestima. Usted es el único responsable de su conducta y de su vida. No se hunda.
10. Pida ayuda profesional, si la necesita.

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