sábado, 22 de septiembre de 2012

El mito del amor romántico

Cuando nos enamoramos, creemos que ese momento durará para siempre. Pero esa creencia no es más que un mito de nuestra cultura, el del amor romántico, que han contribuido a crear las novelas, las revistas del corazón, las películas, los cuentos de hadas que nos encantaban de pequeños, y la poesía. En estas historias, el amor es eterno. El príncipe y la princesa viven por siempre felices. Incluso, a nadie le cuesta imaginar a Drácula conservando un amor apasionado a lo largo de los siglos como el que se refleja en la película de Francis Ford Coppola sobre el mítico vampiro.

El mito del amor romántico, dice el psiquiatra M. Scott Peck, ha establecido "que para cada joven del mundo hay una joven que le está destinada y viceversa". Prácticamente predestinada por los astros. Como la unión es perfecta, santificada por los cielos, "estaremos en condiciones de satisfacer siempre y para siempre todas las necesidades de esa otra persona".

Pero eso no ocurre en la vida real, sino que surgen fricciones y dejamos de estar enamorados. No es que el amor romántico no exista, pensamos; simplemente hemos interpretado equivocadamente los astros y volvemos a caer en las redes del mito con otra persona.

La mentira del amor romántico

Como señala Scott Peck, el amor romántico "es una tremenda mentira". Pero acota: "Quizás sea una mentira necesaria por cuanto asegura la supervivencia de la especie al alentar y aparentemente validar la experiencia de enamorarnos que nos atrapa en el matrimonio. (...). Millones de personas malgastan grandes cantidades de energía en un intento fútil y desesperado de hacer que la realidad de sus vidas se ajuste a la irrealidad del mito".

La solución, para no caer en la trampa de ese amor, estriba en conseguir que todas las parejas "aprendan que aceptar verdaderamente la individualidad de cada cual y su separación es la única base sobre la cual puede fundarse un matrimonio maduro y puede crecer un verdadero amor".

El mito del amor romántico fue inventado por las mujeres siguiendo los modelos de amistad masculinos. Así lo creía el filósofo francés René Nelli. En el siglo XIII, las relaciones entre el hombre y la mujer sufrieron una mutación profunda, preparada por una lenta evolución, desde la amistad viril a la confianza en la mujer.

La mujer inventó el amor romántico

Para Nelli, el guerrero tenía necesidad de un compañero más fiel que los de su propia familia o clan. En la lucha o en la caza, su vida dependía del amigo. Por ello, en casi todos los pueblos las amistad entre hombres se ha idealizado ceremonializándose: ritos de intercambio de sangre, como hemos visto repetidamente en el cine, o ritos de comunión de algún brebaje o sustancia fumable acompañados de solemnes juramentos ante testigos. Las hermandades caballerescas, como los templarios, utilizaban fórmulas parecidas, siempre de carácter misógino. Durante la Edad Media, los hombre sólo mantenían con las mujeres una relación amo-sirvienta.

Poco a poco fue creándose, desde los estamentos cultos y nobles, ese mito amoroso a favor de la mujer. "El compañerismo caballeresco -dice Nelli- y sus antiguas magias habían mostrado a las mujeres lo que había que hacer para contraer amistad con el hombre: realizar el intercambio de los corazones o de la sangre".

La poesía y la literatura vinieron en ayuda de las mujeres. Los trovadores, que desplazaron a los cantos épicos, siempre estaban relacionados con las mujeres. Las damas cortesanas y aristócratas no otorgaban sus favores más que  a los hombres que se mostraban lo más sinceramente enamorados, "encerrando así el verdadero valor en el interior del amor y de lo imaginario.

El refinamiento del amor cortés

Para los caballeros comenzó a resultar un orgullo amar, lo cual  llegó hasta el refinamiento del amor cortés, en el que la proximidad era de mal gusto. De origen árabe, posiblemente, en el amor cortés preponderaba el espíritu y para el amante era esencial la distancia de la amada.

Por fin la mujer consiguió que el hombre le otorgará su corazón, eran dignas de su "amistad". Hoy, con la liberación femenina, se ha perdido el amor romántico, aunque las mujeres siguen soñando con él.

El amor, "esa palabra que debe ser desinfectada", como decía el místico hindú Krishnamurti, ya no es necesario ni para el placer, ni para la emancipación, ni para la seguridad de la mujer. Se ha sustituido por una diversión: el sexo.

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