domingo, 23 de septiembre de 2012

El lenguaje del amor no usa palabras


En todo tipo de relaciones humanas, las palabras no importan, pues sólo ocupan un siete por ciento de nuestra comunicación. El 93 por ciento restante de lo que decimos lo hacemos a través del lenguaje corporal: los gestos, la postura y la expresión. De hecho, con las palabras podemos mentir, pero es muy difícil que el cuerpo mienta con su lenguaje silencioso. Y, en las relaciones íntimas, amorosas, utilizamos el cuerpo de forma más habitual. De hecho, nuestro cuerpo envía constantemente señales a los demás invitando o rechazando un contacto más íntimo. Nuestro cerebro analiza en fracciones de segundo los mensajes que inconscientemente nos envían los otros por su comportamiento, su vestimenta, sus gestos, su risa, su ceño, todo en conjunto y así sabemos si queremos relacionarnos o no.

Los sentidos actúan por encima de la razón: exploramos con el tacto el cuerpo del otro, con la lengua accedemos a su sabor, nuestro olfato se interesa por sus fluidos corporales, la vista se recrea en las formas excitantes de nuestro amante y escuchamos atentamente sus gemidos, su respiración entrecortada y los latidos de su corazón.

Pero no sólo en los momentos más íntimos actúa la comunicación no verbal. Conforme vamos madurando sexualmente, incrementamos las señales sexuales, desde la búsqueda de la pareja hasta la unión con ella, pasando por el estadio de elección y excitación de la misma.

El etólogo británico Desmond Morris en su libro Comportamiento íntimo, ha sistematizado la escala de intimidades, o secuencia sexual que siguen dos amantes. No siempre funciona así, porque en muchas parejas y con los nuevos comportamientos de libertad sexual, muchos pasos de los que a continuación exponemos, se obvian:

1º. Mirada al cuerpo u observación.
2º. Mirada mutua asomándose a los ojos.
3º. Intercambio de palabras y, con ellas, de datos de información personal.
4º. La mano en la mano; es el primer estadio de contacto físico, a menudo disfrazado como la ayuda más prolongada de lo normal para ponerle un abrigo, o cogerla una mano para ayudarla a cruzar una calle o una puerta.
5º. El brazo sobre los hombros; una intimidad también disfrazada bajo una forma protectora.
6º. El brazo alrededor de la cintura; una acción más íntima que acerca la mano de él a la región sexual de ella.
7º. La boca en la boca; la primera intimidad importante. Si el beso es intenso y prolongado, puede llevar a la lubricación genital femenina y a la erección masculina.
8º. La mano en la cabeza; el beso se complementa con caricias de las manos explorando el rostro y el cabello ajenos.
9º. La mano en el cuerpo; se inicia la exploración del cuerpo de la pareja, apretando y palpando. Tras esta etapa la relación ha progresado y la excitación será tan alta que puede ocurrir la cópula.
10º. La boca en el pecho; absolutamente aislados de los demás y sin ropa, la pareja empieza a explorar mutuamente con la boca sus regiones desnudas. El beso se hace más complicado especialmente en la exploración del pecho de la mujer por la boca del varón.
11º. La mano en el sexo; las manos se dirigen a los genitales que tocan y estimulan. En este momento ambos, varón y hembra, están totalmente excitados y preparados para el acto final.
12º. El sexo en el sexo. Los genitales toman contacto con los genitales. La introducción se realiza acompañada por movimientos pélvicos del varón hasta alcanzar el orgasmo.

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