domingo, 23 de septiembre de 2012

El amor homosexual

Hasta hace pocos años, la homosexualidad era desconsiderada en los estudios publicados sobre el amor. La barrera del silencio apenas comienza a romperse. Todavía algunas brillantes mentes consideran que se trata de una enfermedad que puede curarse.

En la polémica (que no hay tal, sino un montaje mediatizado por los grupos ideológicos implicados) generada en los últimos años se ha tratado de dilucidar si esa tendencia sexual es genética o adquirida. Desde que el endocrinólogo alemán Günter Döner aseguró que el homosexual nace, se han lanzado muchas teorías, pero ninguna ha podido establecerse como paradigma. Döner afirma que cuando un embrión macho se le priva en la tripa materna de los altos niveles de tetosterona que necesita, y se le somete al estrógeno de los ovarios, el cerebro se feminiza y el niño se hace homosexual. Asimismo, si un embrión hembra es expuesto a un alto nivel de tetosterona, el cerebro se masculiniza y la niña se hace lesbiana.

Otra estúpida controversia, saltó a la opinión pública, cuando el neurólogo norteamericano Simon Leavy anunció el hallazgo de diferencias anatómicas en el cerebro de los homosexuales, lo cual confirmaría la tesis del origen genético.

Por último, el profesor Roger Gorski de la Universidad de California publicó un trabajo en el que se afirma que un hilo de células nerviosas que conectan los dos hemisferios cerebrales, el cuerpo calloso, es más grande en los homosexuales, como parece que han demostrado las estadísitcas.

Pero desde luego ninguna teoría establece una prueba definitiva en favor de que el amor a personas del mismo sexo tenga una causa biológica.

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