viernes, 21 de septiembre de 2012

¿El amor es para siempre? Bases biológicas de la fidelidad

La fidelidad tiene una base biológica, pero en términos evolutivos los machos humanos tienen tendencia a la promiscuidad y las hembras a la monogamia. Sólo la cultura de los diferentes pueblos establece una u otra tendencia.

Para los darwinistas el sentimiento de fidelidad que nos ata a nuestra pareja tiene una explicación evolutiva. Según el etólogo Richard Dawkins, la hembra ha tenido que desarrollar mecanismos corporales y sociales que impidan al macho abandonar la progenie, como la idea de mantenerse fieles a la pareja. Para Dawkins la mujer ha sido dotada por la evolución de células reproductoras más grandes y más escasas, los óvulos, mientras que el hombre posee millones de enanos espermatozoides que compiten continuamente e incapaces de alimentar a células extrañas, como hace el óvulo. La mujer, pues, se ve en la obligación de asumir en su propio cuerpo el producto de la copulación, el nuevo ser, que la incapacita para otros menesteres como proveerse de alimentos y cuidarse de los enemigos.

"La versión más simple de la estrategia de la felicidad conyugal -dice Dawkins- es la siguiente: la hembra examina a los machos y trata de descubrir signos de fidelidad y de domesticidad por adelantado. Tiende a haber variaciones en la población de machos en cuanto a su predisposición a ser maridos fieles. Si las hembras pudieran detectar tales cualidades de antemano, se podrían beneficiar evolutivamente escogiendo a aquellos machos que poseyesen tales características".

El marido fiel tiene paciencia

Para probar las cualidades del macho, la hembra no cede a los requerimientos sexuales de él durante un largo período de tiempo. Si el macho no tiene paciencia, no es buena apuesta como marido fiel. Así la hembra escoge y copula con los machos que han demostrado cualidades de fidelidad y perseverancia. Entre un gran número de animales mamíferos es frecuente que haya largos períodos de cortejo y compromiso, al igual que los novios entre los humanos.

Entre los animales, los rituales de galanteo y seducción previos a la copulación requieren de grandes inversiones energéticas por parte del macho. Por ejemplo, la hembra puede negarse a copular hasta que el macho le haya construido un nido o aprovisionado de grandes cantidades de alimentos. Dawkin lanza la idea de que las hembras obligan a los machos a invertir en sus descendientes antes de la copulación para que al macho no le compense abandonar a la hembra y copular con otras tras el nacimiento. La copulación con una hembra implica un compromiso, lo mismo para los animales como para el hombre.

"Cualquier macho que se sintiese tentado de abandonar a su compañera -sentencia Dawkins-, y de esparcir más sus genes mediante otra hembra, sería disuadido por el pensamiento de que tendría que matar otro dragón", o construir otro nido.

Cuatro años de fidelidad

Para Helen Fisher, la duración biológica del matrimonio es de cuatro años, como puede leerse en la entrevista con esa antropóloga en otro post de este blog. O dicho de otra manera, cuatro años es el tiempo de fidelidad de una pareja.

El enamoramiento de dos personas al cabo del tiempo se transforma en afecto y sólo el número de hijos y el apego mantienen la relación. En los humanos sucede "lo mismo que con los zorros, escribe Helen Fisher, los petirrojos y muchas otras especies que se aparean sólo durante una estación, los vínculos de las parejas humanas originalmente evolucionaron para sacar adelante a un único hijo durante su infancia, los primeros cuatro años, a menos de que en ese plazo un segundo hijo fuera concebido".

Las estadísticas apoyan a la antropóloga, ya que en sus estudios estadísticos sobre el divorcio en muchas culturas ha descubierto que la relación amorosa dura cuatro años, y que la pareja se rompe especialmente en los jóvenes que están en período de reproducción fértil.

Imagen:
Erastés y Erómeno, Siglo V a. C.

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