domingo, 23 de septiembre de 2012

Afrodisíacos: Las drogas del amor

El sildenafilo (conocido como viagra) hundió la magia alrededor del afrodisíaco, pero no por ello deja de ser un elemento recurrente en la literatura y la imaginación.

Ya desde la más remota antigüedad, los humanos conocían el dolor espiritual al ser objeto de la indiferencia o rechazo por parte del ser amado. Para doblegar esa actitud, hombres y mujeres se proveían de plantas y productos que despertaran el interés sexual en la persona deseada: afrodisíacos y filtros de amor. Tristán e Isolda son víctimas de un brebaje de esta naturaleza y la literatura de todo el mundo recoge repetidamente esta práctica brujeril.

Además, y sobre todo, el afrodisíaco era usado para recobrar la potencia amorosa al llegar a determinada edad. Aún hoy, ciertos "brujos" indeseables preparan supuestos remedios para los males de amor y son muchas las lociones y bebedizos que se venden por doquier con el objeto de aumentar el vigor sexual en los hombres.

Se conoce como afrodisíaco, cualquier cosa que puede avivar y aumentar el deseo sexual. Actúan provocando sensaciones sexuales al aumentar el flujo sanguíneo, produciendo excitación cerebral, estimulando la zona inferior de la espina dorsal o causando irritación en la uretra.

Los remedios mágicos para el amor no existen
Pero, desengañémonos. Los remedios mágicos no existen. De hecho, en algunos países, las autoridades sanitarias no los contemplan como tales, ya que la estimulación sexual de los productos es sólo un efecto secundario de las acciones que producen las drogas en el organismo.

Han existido afrodisíacos famosos a lo largo de la historia. Los griegos y romanos se rodeaban de azafrán, a cuyos estambres conferían propiedades sexuales. La mandrágora obtuvo mucho predicamento en la Edad Media para la obtención de brebajes. Son muchas las plantas que tienen principios activos que coadyuvan a potenciar la sexualidad, como el ginseng, la verbena, la ortiga o la canela.

En cuanto a los alimentos pretendidamente afrodisíacos, al parecer no existen. En el Instituto de Investigación Sexual de la Universidad de Hamburgo se estudiaron doscientos afrodisíacos y ninguno ha mostrado contenidos en principios activos, por lo que se supone que la mayor parte de los alimentos afrodisíacos actúan de forma similar a los placebos. Es decir, la mente es la que crea esos supuestos poderes sexuales. Tan sólo las ostras pueden considerarse agentes afrodisíacos, por cuanto contienen zinc, un componente importante en la fabricación de esperma.

Los afrodisíacos químicos

En cuanto a los productos químicos (aparte viagras y cialis) que podrían actuar como afrodisíacos, sólo la yohimbina y las cantáridas contienen principios activos. La yohimbina se extrae de la corteza de un árbol africano y actúa sobre el organismo, dilatando los vasos sanguíneos y los órganos sexuales. Pero, este producto también tiene efectos secundarios si se ingiere en dosis elevadas, ya que produce excitación, aumento de la presión sanguínea e irritabilidad. Se dice que incluso puede causar la muerte con una dosis de 3.000 miligramos, diez veces más de lo aconsejable.

La cantárida es una sustancia cáustica y potencialmente peligrosa que se extrae de las alas secas y pulverizadas de un escarabajo originario de España, la Lytta vesicatoria, más conocida en todo el mundo como Spanish Fly. Su peligro consiste en que si se toma por vía interna irrita los genitales y los riñones llegando a producir heces sanguinolentas. Una sobredosis de cantaridina, el principio activo de las alas del escarabajo, puede producir la muerte.

Los afrodisíacos más solicitados están relacionados con animales. Por ejemplo, el polvo de cuerno de rinoceronte, cuyo principio activo no se ha descubierto, puede llegar a pagarse hasta un millón de pesetas el kilo. Esta es una de las causas del exterminio sistemático al que se ha sometido este animal en peligro de desaparición.

Otros productos de animales no son menos sorprendentes, y su relación con cualidades afrodisíacas están poniendo en peligro algunas especies. Se usan, por ejemplo, pene de tigre, esperma de ballena, nidos de avispa, bilis de carpa; caballito de mar, falo de ciervo, veneno de sapo, nido de aves marinas, y huesos fosilizados de dinosaurio.

Imagen

1. Viagra: Citrato de 1-[4-etoxi-3-(6,7-dihidro-1-metil-7-oxo-3-propil-1H-pirazol[4,3-d]pirimidin-5-il)
fenilsulfonil]-4-metilpiperazina

2. Cuerno de rinoceronte considerado por los asiáticos como un afrodisíaco.

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