domingo, 23 de septiembre de 2012

A vueltas con el amor

Se ha escrito mucho sobre el amor. Incluso yo, escéptico por sistema dejé en las páginas de la revista Muy Interesante allá por 1993 un montón de escritos que en Gonosiana abarcarán una quincena de entradas. Aquí os dejo la lista por si os interesa el epígrafe de alguna de aquellas reflexiones (eso sí, actualizadas).

Te quiero: Una perspectiva social sobre el concepto amor

El amor es sólo una molécula. La química del amor

La magia del flechazo y el perfume del amor

¿Cómo elegimos pareja?

Entrevista con la antropóloga Helen Fisher: biografía y bibliografía

¿El amor es para siempre? Bases biológicas de la fidelidad

Un placer llamado orgasmo

El amor como experiencia mística

El mito del amor romántico

Afrodisíacos: Las drogas del amor

El amor homosexual

Penas de amor

El lenguaje del amor no usa palabras

El mórbido fantasma de los celos

Amor: 10 pasiones heterodoxas con historia

Amor: 10 pasiones heterodoxas con historia

Diez historias que tienen en común la transgresión del orden sentimental establecido, la pérdida de los roles adjudicados por la sociedad. Las protagonizan mujeres y hombres que situaron su amor por encima de convencionalismos y prejuicios.

El amor que hace crecer: Katharine Hepburn y Spencer Tracy
"Me temo que soy un poco alta para usted, señor Tracy", dijo Katharine Hepburn. "No se preocupe, miss Hepburn, la pondré a mi altura", contestó Spencer Tracy. Con esta frase cuenta la leyenda fílmica que comenzó una de las relaciones más apasionadas del séptimo arte. La Hepburn contaba treinta y tres años y sus anteriores romances y matrimonios sólo la habían dejado un poso de amargura: "El hombre y la mujer no están hechos perfectamente el uno para el otro". Se equivocaba. Un irlandés, ultracatólico y borrachín, con un hijo sordomudo y una mujer enferma de la que no podía divorciarse a causa de sus ideas religiosas, la hizo vivir un apasionado romance que duró veinticinco años. Lo que sorprende de esta relación es su secreto, en un mundillo donde ese calificativo roza lo quimérico. Pero, paradójicamente, a la vez que guardaban celosamente su intimidad sentimental, sus amores, desavenencias, histerias y borracheras, eran vividas por millones de personas de todo el mundo en las nueve películas que hicieron juntos de vida profesional.  Y, sin embargo, ese matrimonio, que para la sociedad de la época nunca fue tal, les permitió guardar la independencia profesional y vital. Gracias al amor sus espíritus crecieron.

Un amor por decreto: La reina Isabel II de España y el general Francisco Serrano
Casada a los dieciséis con su primo Francisco de Asís, duque de Cádiz, al que el populacho llamará malévolamente "Doña Paquita" a causa de su afeminamiento, vivió apasionados romances con distintos dignatarios del reino, y otros hombres no tan encumbrados, que hacían temblar a la corte casi tanto como hoy a la corona inglesa las promiscuas imágenes de sus príncipes y princesas. Ella, impulsiva y emocional, ya sabía mucho de la vida gracias a los mayordomos y camareras que trajinaban en palacio y antes de su matrimonio eran vox populi sus relaciones amorosas con Francisco Serrano y Domínguez, el "general bonito". Es un amor sostenido por el decreto. Los favores de la reina convirtieron al general Serrano en el hombre más poderoso de España, al que nombró duque de Latorre y puso en sus manos el gobierno de la nación. En Recuerdos y Olvidos, Jacinto Benavente llegó a insinuar que el "general bonito es el padre de Alfonso XII", aunque otras maledicencias adjudican esa paternidad al guardia de corps catalán Puig Moltó. La magia de su romance acabó con aquel grito de los insurrectos en la revolución de 1868 que decían "¡Abajo la Isabelona, fondona y  golfona!".

Un incesto atormentado: Elisabeth y Friedrich Nietzsche
Nietzsche, uno de los más grandes pensadores de todos los tiempos tuvo una atormentada relación con las mujeres. El doble rechazo que sufrió por parte de la sofisticada Lou von Salomé, no hizo más que agravar la dependencia sentimental de su hermana, Elisabeth, dos años menor que él. A lo largo de la vida del filósofo, Elisabeth ejerció de colega, amiga, confidente, enfermera y amante. El escritor Fernando Savater se pregunta: ¿Quién puede comprender del todo la fascinación que Nietzsche sintió por Elisabeth, su aterrada atracción por esa Antígona a la que odiaba con desesperada dulzura, que fue para él la mujer eterna, la insoslayable realidad de lo femenino?". La ruptura del tabú incestuoso le obliga a luchar contra una culpabilidad que su razón no admitía. Su vida sexual, de no mediar sentimentalmente su hermana, hubiera sido "normal" y posiblente la genialidad de su pensamiento se hubiera visto muy resentida. Incluso cuando su hermana se casa con el odioso Förster, un terrateniente paraguayo que utilizaba esclavos en sus plantaciones, la sigue a América, aunque más tarde volverá a peregrinar insatisfecho por la Europa mediterránea. Posiblemente, los achaques que arrastra a causa de una sífilis mal curada, acaban con su vida en agosto de 1900. Por supuesto, muere en brazos de su hermana, que más tarde recopilará sus escritos y publicará algunas de las grandes obras de Nietzsche.

Cuando se aman dos mujeres: Virginia Woolf y Vita Sackville-West
El amor de Virginia Woolf por la aristócrata inglesa Vita Sackville-West respondía a la demencia propia de la escritora. Su psicosis maníaco-depresiva la obligaban a la inconstancia sentimental. Vita escribió en una carta: "También ella me ama, lo cual me halaga y me gusta (...). Me da un miedo espantoso producirle sentimientos físicos debido  a su locura (...) Por otra parte, Virginia no es de la clase de persona que uno pudiera creer. En ella hay algo incongruente, casi indecente. Me he acostado con ella un par de veces, pero eso es todo". Su amor debió estar presidido por los accesos de locura que sufría Virginia y que era incapaz de reconocer. Las voces que decía oír en su cabeza la atormentaban y la empujaban a castigarse. Antes de conseguirlo definitivamente, Virginia Woolf ya intentó acabar con su vida arrojándose al vacío y envenenándose con veronal. Consiguió su propósito suicida a la edad de 59 años hundiéndose, con piedras en los bolsillos, en las aguas de un río.

El mito de Lolita: Woody Allen y Soon-Yi
El mito de Lolita, la adolescente que enamora y trastorna a los hombres maduros, sigue vivo. El que tuvo más repercusión internacional fue el de los amores de Woody Allen cuando tenía 57 años, casado con la actriz Mia Farrow, con su hija adoptiva, la coreana Soon-Yi que entonces contaba 20, una niña que Mia Farrow había adoptado durante un anterior matrimonio. Desde que la actriz descubrió fotos de Soon-Yi desnuda en el apartamento de Allen, el escándalo fue grandiosamente aireado para la opinión pública con juicios, amenazas de muerte y acusaciones de abuso sexual de menores. Estos amores, que ya de por sí sufren una considerable presión social y psíquica, se exponen al juicio de todas las familias burguesas del mundo, que inevitablemente toman partido. Para echar leña al fuego y con la sana intención de provocar, el cineasta estrenó una película protagonizada por él mismo y Mia Farrow, en la que Allen se enamora de una jovencita de 21 años. El escándalo sigue estando servido.

Hombres y amantes: Juan Carrero y Enrique Naya (Costus)
Más conocidos como Costus, estos dos insólitos personajes fueron germen del movimiento cultural más libre y heterodoxo en España durante este último cuarto de siglo, la denominada "movida madrileña". Pintores decadentes y provocadores, su historia de amor es la de una pareja de hombres que vivieron con toda la intensidad el momento, pero que permanecieron fielmente unidos. Por su casa pasaron todos los personajes del underground nacional con Pedro Almodóvar y Alaska a la cabeza. Cuando Enrique Naya murió de SIDA en mayo de 1989, su compañero Juan Carrero fue incapaz de superarlo y puso fin a su vida ahorcándose un mes más tarde. El amor no acepta el final. Exposiciones antológicas antiguas y recientes pusieron de manifiesto la creatividad de la pareja que tuvo el valor de abandonar un día sus puestos de funcionarios para crear una historia marcada por la originalidad: "Una historia de amor -diría la cantante Alaska-, del amor entre dos personas y del amor hacia su obra".

Buscando a la madre desesperadamente: Jean-Jacques Rousseau y la señorita de Warens
Huérfano de madre desde su nacimiento, el filósofo enciclopedista Rousseau buscó en su juventud el amor de la madre perdida. Tuvo suerte. Tras escapar de la casa paterna, fue recogido por la señorita de Warens, único nombre con el que ha pasado a la posteridad, la cual le inicia tanto en la vida cultural como en la sexual. Durante siete años, de 1733 a 1740, Rousseau recibe el afecto y el apoyo creativo que le faltó con la madre a la que nunca conoció. Lee, escribe y ama junto a esta mujer a la que quedará eternamente agradecido cuando le llegue la fama. Incluso cuando vive con otras mujeres y tiene hijos no la olvida. La describe como "la más tierna de las madres, que nunca busca su placer, sino el bien de los demás". Cuando marcha a París en busca de fortuna, va con la seguridad de un hijo al que apoya una madre amantísima, "una madre joven y bonita deliciosa de acariciar".

El amor por encima de la gloria: Eduardo VIII y la señora Simpson
Fue uno de los casos que conmovieron al mundo. Un acto de amor por el que un rey renunciaba al trono ante la tesitura de abandonar a la mujer amada. En 1930 comienza la relación del entonces Príncipe Eduardo con la señora Simpson, a la sazón esposa de Ernest Simpson, uno de los pocos allegados de palacio. Anteriormente divorciada de un teniente de la marina estadounidense, la señora Simpson vuelve a divorciarse, tras dos años de relaciones sentimentales con el príncipe, el mismo año en que Eduardo es proclamado rey con el nombre de Eduardo VIII. Estamos en 1936, Europa se agita con convulsiones políticas. En España comienza una guerra civil, pero las revistas del corazón sólo tienen una imagen en su portada: los escandalosos amoríos de la corona británica. Las relaciones con la divorciada pusieron en contra del rey a todos los estamentos civiles y políticos, especialmente la iglesia anglicana. En diciembre de 1936, Eduardo se ve obligado a abdicar del trono y unos meses más tarde se casa con la señora Simpson. Un amor que sólo le costó un reino.

Un amor que trasciende lo físico: Salvador Dalí y Gala
¿Fabricó Gala a Dalí? Así lo aseguran alguno biógrafos. Si no lo fabricó, sí contribuyó a convertirle en el artista más excéntrico del siglo XX. Gala, nacida Gala Dianakoff, estaba casada con el escritor surrealista Paul Éluard. Cuando Salvador Dalí la conoció en 1929, ya no pudo apartarse de ella, y la convirtió en la mujer más retratada de la historia. "Nosotros no vivimos un matrimonio convencional, como los demás mortales", decía Dalí. El rostro de ella inspiraba y movilizaba la creatividad daliniana. Según algunos críticos, su rostro lo pintaba de memoria, con la forma y la expresión que había idealizado.
El pintor la idolatraba por encima de todo. "Cuando estaba ante ella, Dalí se comportaba como un niño frente a su madre", cuenta la modelo Amanda Lear. No importaban las relaciones sexuales como la de los burguesas, su amor se extendía por encima de los prejuicios.
El mismo Dalí, escribió que pensaba como Unamuno, "cuando le preguntaban qué era el amor, él respondía simplemente: 'El amor es mi esposa. Si ella siente repentinamente un dolor en la pierna izquierda, de inmediato siento el mismo dolor'. Y eso es lo que me ocurre cuando Gala sufre o está alegre".

Amor epistolar: Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós
Los dos más grandes novelistas españoles del siglo XIX, Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós, tuvieron una abrupta experiencia morosa que quedó plasmada para la posteridad en una apasionada correspondencia epistolar, sacada a la luz por la profesora Carmen Bravo Villasante en el año 1973. Los biógrafos ha demostrado que los encuentros entre ambos escritores tuvieron que ser escasos, tal vez en Madrid, aunque también realizaron un viaje juntos a las cuevas de Altamira.
Emilia Pardo Bazán fue una mujer adelantada a su tiempo, con una personalidad interesada en la ciencia y que defendía propuestas feministas en una sociedad española cerrada a estas ideas. Su matrimonio, a los quince años con un estudiante, fue un fracaso, y, que se sepa, casi siempre rehuyó nuevos compromisos amorosos. Con Pérez Galdós puso en letra sus más ardientes sentimientos que sólo pudieron hacerse efectivos en muy pocas ocasiones. Pero, en esas cartas, utiliza un tono vulgar, palabras que no ha sido tamizadas por la razón, sino escritas con el corazón. Tacos, juramentos amorosos, construcciones populares, convierten este epistolario en un monumento a la sinceridad.

El mórbido fantasma de los celos

Nadie, hombre o mujer, escapa al tormento de los celos, al miedo a la pérdida de la persona o el objeto amado y sus consecuencias. Para Freud, aquellos que aseguraban no ser celosos se estaban engañando a sí mismos, reprimiendo esos sentimientos y almacenándolos en el inconsciente. El médico psicoanalista Arnoldo Liberman dice que "todo aquel que ama, cela. Lo sustancial es hasta donde servirán de enriquecimiento en nuestros vínculos o en qué momento comenzarán a hacerse denigrantes y destructivos".

Freud dividía los celos en tres grupos: de competencia o normales, proyectados o neuróticos y delirantes o alucinatorios. Los primeros anidan en el inconsciente y el creador del psicoanálisis los relaciona con el complejo de Edipo, la afectividad infantil y la competencia con los hermanos.

Los celos proyectados se presentan cuando adjudicamos a nuestra pareja las propias fantasías de infidelidad. Acusamos al otro de lo que en realidad nosotros mismos estamos deseando inconscientemente. En los delirantes se llega a una especie de paranoia por la cual centramos el interés en el rival, no en la pareja.

¿Son los celos una prueba de amor? 

Tal vez la expresión de La Rochefoucauld, un moralista francés del siglo XVII, diga más que muchos tratados: "En los celos hay más amor propio que amor por el otro". Para el psicólogo danés Shand, "es a causa del deseo, fruto del amor a uno mismo, de poseer ciertas cosas exclusivamente que surgen principalmente los celos".

Los celos no son una expresión del amor, pero pueden ser creativos en una relación de pareja. Stendhal escribía: "En el amor, nuestro rival afortunado, o, lo que es lo mismo, nuestro enemigo es nuestro bienhechor".

En este sentido, el doctor Liberman no tiene reparos en afirmar que "si no tuviéramos rivales, deberíamos inventarlos". Su argumento es que "son los celos los que hacen que veamos al otro como una persona -un ser singular y libre- y no como un objeto de nuestra pertenencia; son los celos los que sellan la rúbrica de una pareja, porque en medio de lo aparentemente seguro instalan la sospecha del abandono y la maravilla humana de ese amor". Este mismo psicoanalista ha establecido un decálogo de autoayuda contra el morboso fantasma de los celos en su libro Los celos y el amor:

1. Hable de sus celos con sus amigos o familiares.
2. Plantee el problema no sólo desde su perspectiva, sino también la de su pareja.
3. Haga el esfuerzo de pensar en su relación, aunque le duela.
4. Impida que la culpa invada la relación.
5. Intente ser flexible.
6. Intente ver si los celos son realmente sexuales o de otra índole.
7. No se deje llevar por la cólera.
8. Intente hablar con su pareja de sus celos y de su relación como tal.
9. Cuide su autoestima. Usted es el único responsable de su conducta y de su vida. No se hunda.
10. Pida ayuda profesional, si la necesita.

El lenguaje del amor no usa palabras


En todo tipo de relaciones humanas, las palabras no importan, pues sólo ocupan un siete por ciento de nuestra comunicación. El 93 por ciento restante de lo que decimos lo hacemos a través del lenguaje corporal: los gestos, la postura y la expresión. De hecho, con las palabras podemos mentir, pero es muy difícil que el cuerpo mienta con su lenguaje silencioso. Y, en las relaciones íntimas, amorosas, utilizamos el cuerpo de forma más habitual. De hecho, nuestro cuerpo envía constantemente señales a los demás invitando o rechazando un contacto más íntimo. Nuestro cerebro analiza en fracciones de segundo los mensajes que inconscientemente nos envían los otros por su comportamiento, su vestimenta, sus gestos, su risa, su ceño, todo en conjunto y así sabemos si queremos relacionarnos o no.

Los sentidos actúan por encima de la razón: exploramos con el tacto el cuerpo del otro, con la lengua accedemos a su sabor, nuestro olfato se interesa por sus fluidos corporales, la vista se recrea en las formas excitantes de nuestro amante y escuchamos atentamente sus gemidos, su respiración entrecortada y los latidos de su corazón.

Pero no sólo en los momentos más íntimos actúa la comunicación no verbal. Conforme vamos madurando sexualmente, incrementamos las señales sexuales, desde la búsqueda de la pareja hasta la unión con ella, pasando por el estadio de elección y excitación de la misma.

El etólogo británico Desmond Morris en su libro Comportamiento íntimo, ha sistematizado la escala de intimidades, o secuencia sexual que siguen dos amantes. No siempre funciona así, porque en muchas parejas y con los nuevos comportamientos de libertad sexual, muchos pasos de los que a continuación exponemos, se obvian:

1º. Mirada al cuerpo u observación.
2º. Mirada mutua asomándose a los ojos.
3º. Intercambio de palabras y, con ellas, de datos de información personal.
4º. La mano en la mano; es el primer estadio de contacto físico, a menudo disfrazado como la ayuda más prolongada de lo normal para ponerle un abrigo, o cogerla una mano para ayudarla a cruzar una calle o una puerta.
5º. El brazo sobre los hombros; una intimidad también disfrazada bajo una forma protectora.
6º. El brazo alrededor de la cintura; una acción más íntima que acerca la mano de él a la región sexual de ella.
7º. La boca en la boca; la primera intimidad importante. Si el beso es intenso y prolongado, puede llevar a la lubricación genital femenina y a la erección masculina.
8º. La mano en la cabeza; el beso se complementa con caricias de las manos explorando el rostro y el cabello ajenos.
9º. La mano en el cuerpo; se inicia la exploración del cuerpo de la pareja, apretando y palpando. Tras esta etapa la relación ha progresado y la excitación será tan alta que puede ocurrir la cópula.
10º. La boca en el pecho; absolutamente aislados de los demás y sin ropa, la pareja empieza a explorar mutuamente con la boca sus regiones desnudas. El beso se hace más complicado especialmente en la exploración del pecho de la mujer por la boca del varón.
11º. La mano en el sexo; las manos se dirigen a los genitales que tocan y estimulan. En este momento ambos, varón y hembra, están totalmente excitados y preparados para el acto final.
12º. El sexo en el sexo. Los genitales toman contacto con los genitales. La introducción se realiza acompañada por movimientos pélvicos del varón hasta alcanzar el orgasmo.

Penas de amor

Si el amor conlleva una euforia absoluta, el desamor nos conduce al vacío más deprimente. Cuando el amor se ha establecido, mediante la pareja o el matrimonio, nace la convivencia, la más dura escuela de aprendizaje del mundo. Nuestras actitudes infantiles, orgullos y cabezonerías, la intimidad personal, nuestro yo, en definitiva sufre una erosión constante que no todas las parejas están dispuestos a soportar.

Las crisis y rupturas conyugales o de la pareja tardan años en cicatrizar y la mayor parte de las veces conllevan trastornos psicológicos que la literatura ha descrito muy bien y que conocemos como "penas de amor".

El amor es una pena de amor diferida

Según el psicoanalista francés François Roustang, "el amor es una pena de amor diferida". El amor se ha desarrollado en los amantes a costa de ellos mismos, tal como hace el bebé en la mujer embarazada o el cáncer en un enfermo. Sus argumentos no son precisamente optimistas, ya que opina que al no escogerse el enamoramiento uno de otro, el amor es un parasitismo recíproco, por lo cual es casi obligado que sobrevenga una manifestación de rechazo.

Cada uno desembarca en la pareja con sus propias exigencias afectivas lo que trae como consecuencia que se abran las puertas a toda clase de malentendidos, lo mismo que sucede con la palabra amor, que lo mismo sirve para designar lo que sucedió entre Romeo y Julieta, las caritativas actitudes de la madre Teresa de Calcuta, y las relaciones entre una prostituta y su cliente.

Los únicos elementos notables de una vida son las rupturas

Esta visión pesimista del amor está presidida por la frase del filósofo rumano E.M. Cioran, "los únicos elementos notables de una vida son las rupturas". Cuando la pareja se hace trizas, lo que queda es una pena de amor, un vacío absoluto. El escritor Étienne Lévy-Lambert establece cuatro fases en las penas de amor que sobrevienen tras la ruptura. La primera fase es un repliegue sobre sí mismo que conlleva el descuido personal ("¡bah!, ¿para quién arreglarse?"), la bebida ("tengo que olvidar") y el nihilismo ("esta sociedad es una mierda").

La segunda fase es la del arrepentimiento en la que se hacen repasos de los errores y se autoinculpan de los sucesos. Se vive en el contrasentido, llegan el insomnio y la culpa.

La tercera fase supone una pérdida del estatus social. Ya no les invitan los amigos emparejados y el penitente no quiere hablar más que del antiguo amante con la vana esperanza de que alguien diga que todavía es amado por él o ella.

La cuarta y última fase viene acompañada por una caída en la salud del amante abandonado. Se envejece y se acumulan las enfermedades, como si se tratase de una pena autoimpuesta por no haber sabido mantener una relación de amor.

Seis meses para superar las penas de amor

Pero al final, las aguas vuelven a su cauce. Los psicólogos establecen un período de seis meses de media para superar las penas de amor. Si pasado ese tiempo, se continúa mirando al pasado y recreándose en su propia desgracia, la pena de amor se convierte en enfermedad mental y el caso requiere tratamiento especializado.

El desamor, el momento en que se acaba el romance y comienza la pena de amor, puede llegar de dos maneras: repentina o progresivamente. La primera forma se compara a la imagen de una tormenta en un cielo sereno, el fin abrupto de una ilusión, el globo de amor que explota.

El desamor progresivo viene con la convivencia. No se asumen las diferencias y no se quiere aceptar la ruptura definitiva. Nos engañamos a nosotros mismos y no queremos aceptar que si un día se va nuestra pareja, ésta no regresará jamás.

Para Xavier Fauche y Christiane Noetzlin, que han publicado en Francia un libro titulado Changrin d'amour ("Penas de amor"), "los hombres tienen más éxito que las mujeres para superar las penas de amor, ya que se vuelcan en su profesión. El trabajo se convierte en el sustituto de la pareja y se idiotizan con él".

Remedios para combatir el desamor

El psiquiatra español Enrique Rojas, estableció dieciséis remedios para combatir el desamor, bajo la máxima de que "es mucho más difícil mantener un amor que conquistarlo":

1. Borrón y cuenta nueva. Para empezar a arreglar una situación de pareja difícil es necesario esforzarse por asumir y digerir el pasado.
2. Esforzarse por no sacar la lista de agravios, ese inventario de pequeños y grandes errores, fallos, defectos y fracasos que se acumulan tras la convivencia.
3. El respeto mutuo en tres direcciones, ya que la consideración en el trato debe basarse en el aprecio y la dignidad de la persona.
4. Para estar con alguien hay que estar primero con uno mismo. Dicho de otra manera, aquella persona que no sabe lo que quiere tendrá siempre una vida amorosa inestable.
5. La vida en pareja tiene que ser argumental ya que el aburrimiento es uno de los grandes enemigos de las parejas modernas.
6. Evitar discusiones innecesarias.
7. Tener una vida sexual sana, positiva y centrada en la comunicación. Evitar caer en la tendencia de la sociedad actual que entiende la sexualidad como un bien de consumo.
8. Hacer repetidos esfuerzos de voluntad por mejorar y pulir las dificultades de la convivencia.
9. Echarle a la vida sentido del humor, ya que la pareja que así actúa logrará un buen nivel de higiene mental.
10. Aprender a remontar momentos, días o situaciones difíciles.
11. Saber escuchar, aprender a dialogar y adquirir habilidades en la comunicación.
12. Saber utilizar la mano izquierda, esto es, ser diplomático.
13. Conseguir establecer un día cada dos semanas en que dediquemos a nuestra pareja todo nuestro tiempo y energía para lo que él o ella desee.
14. Saber que la vida tiene aspectos positivos y negativos, aunque de todos podemos aprender.
15. Frenar la tendencia a controlar, vigilar e inspeccionar a la pareja.
16. Tratar de frenar el lenguaje interior negativo de la pareja.
Siguiendo estos consejos se pueden evitar las penas de amor.

El amor homosexual

Hasta hace pocos años, la homosexualidad era desconsiderada en los estudios publicados sobre el amor. La barrera del silencio apenas comienza a romperse. Todavía algunas brillantes mentes consideran que se trata de una enfermedad que puede curarse.

En la polémica (que no hay tal, sino un montaje mediatizado por los grupos ideológicos implicados) generada en los últimos años se ha tratado de dilucidar si esa tendencia sexual es genética o adquirida. Desde que el endocrinólogo alemán Günter Döner aseguró que el homosexual nace, se han lanzado muchas teorías, pero ninguna ha podido establecerse como paradigma. Döner afirma que cuando un embrión macho se le priva en la tripa materna de los altos niveles de tetosterona que necesita, y se le somete al estrógeno de los ovarios, el cerebro se feminiza y el niño se hace homosexual. Asimismo, si un embrión hembra es expuesto a un alto nivel de tetosterona, el cerebro se masculiniza y la niña se hace lesbiana.

Otra estúpida controversia, saltó a la opinión pública, cuando el neurólogo norteamericano Simon Leavy anunció el hallazgo de diferencias anatómicas en el cerebro de los homosexuales, lo cual confirmaría la tesis del origen genético.

Por último, el profesor Roger Gorski de la Universidad de California publicó un trabajo en el que se afirma que un hilo de células nerviosas que conectan los dos hemisferios cerebrales, el cuerpo calloso, es más grande en los homosexuales, como parece que han demostrado las estadísitcas.

Pero desde luego ninguna teoría establece una prueba definitiva en favor de que el amor a personas del mismo sexo tenga una causa biológica.

Afrodisíacos: Las drogas del amor

El sildenafilo (conocido como viagra) hundió la magia alrededor del afrodisíaco, pero no por ello deja de ser un elemento recurrente en la literatura y la imaginación.

Ya desde la más remota antigüedad, los humanos conocían el dolor espiritual al ser objeto de la indiferencia o rechazo por parte del ser amado. Para doblegar esa actitud, hombres y mujeres se proveían de plantas y productos que despertaran el interés sexual en la persona deseada: afrodisíacos y filtros de amor. Tristán e Isolda son víctimas de un brebaje de esta naturaleza y la literatura de todo el mundo recoge repetidamente esta práctica brujeril.

Además, y sobre todo, el afrodisíaco era usado para recobrar la potencia amorosa al llegar a determinada edad. Aún hoy, ciertos "brujos" indeseables preparan supuestos remedios para los males de amor y son muchas las lociones y bebedizos que se venden por doquier con el objeto de aumentar el vigor sexual en los hombres.

Se conoce como afrodisíaco, cualquier cosa que puede avivar y aumentar el deseo sexual. Actúan provocando sensaciones sexuales al aumentar el flujo sanguíneo, produciendo excitación cerebral, estimulando la zona inferior de la espina dorsal o causando irritación en la uretra.

Los remedios mágicos para el amor no existen
Pero, desengañémonos. Los remedios mágicos no existen. De hecho, en algunos países, las autoridades sanitarias no los contemplan como tales, ya que la estimulación sexual de los productos es sólo un efecto secundario de las acciones que producen las drogas en el organismo.

Han existido afrodisíacos famosos a lo largo de la historia. Los griegos y romanos se rodeaban de azafrán, a cuyos estambres conferían propiedades sexuales. La mandrágora obtuvo mucho predicamento en la Edad Media para la obtención de brebajes. Son muchas las plantas que tienen principios activos que coadyuvan a potenciar la sexualidad, como el ginseng, la verbena, la ortiga o la canela.

En cuanto a los alimentos pretendidamente afrodisíacos, al parecer no existen. En el Instituto de Investigación Sexual de la Universidad de Hamburgo se estudiaron doscientos afrodisíacos y ninguno ha mostrado contenidos en principios activos, por lo que se supone que la mayor parte de los alimentos afrodisíacos actúan de forma similar a los placebos. Es decir, la mente es la que crea esos supuestos poderes sexuales. Tan sólo las ostras pueden considerarse agentes afrodisíacos, por cuanto contienen zinc, un componente importante en la fabricación de esperma.

Los afrodisíacos químicos

En cuanto a los productos químicos (aparte viagras y cialis) que podrían actuar como afrodisíacos, sólo la yohimbina y las cantáridas contienen principios activos. La yohimbina se extrae de la corteza de un árbol africano y actúa sobre el organismo, dilatando los vasos sanguíneos y los órganos sexuales. Pero, este producto también tiene efectos secundarios si se ingiere en dosis elevadas, ya que produce excitación, aumento de la presión sanguínea e irritabilidad. Se dice que incluso puede causar la muerte con una dosis de 3.000 miligramos, diez veces más de lo aconsejable.

La cantárida es una sustancia cáustica y potencialmente peligrosa que se extrae de las alas secas y pulverizadas de un escarabajo originario de España, la Lytta vesicatoria, más conocida en todo el mundo como Spanish Fly. Su peligro consiste en que si se toma por vía interna irrita los genitales y los riñones llegando a producir heces sanguinolentas. Una sobredosis de cantaridina, el principio activo de las alas del escarabajo, puede producir la muerte.

Los afrodisíacos más solicitados están relacionados con animales. Por ejemplo, el polvo de cuerno de rinoceronte, cuyo principio activo no se ha descubierto, puede llegar a pagarse hasta un millón de pesetas el kilo. Esta es una de las causas del exterminio sistemático al que se ha sometido este animal en peligro de desaparición.

Otros productos de animales no son menos sorprendentes, y su relación con cualidades afrodisíacas están poniendo en peligro algunas especies. Se usan, por ejemplo, pene de tigre, esperma de ballena, nidos de avispa, bilis de carpa; caballito de mar, falo de ciervo, veneno de sapo, nido de aves marinas, y huesos fosilizados de dinosaurio.

Imagen

1. Viagra: Citrato de 1-[4-etoxi-3-(6,7-dihidro-1-metil-7-oxo-3-propil-1H-pirazol[4,3-d]pirimidin-5-il)
fenilsulfonil]-4-metilpiperazina

2. Cuerno de rinoceronte considerado por los asiáticos como un afrodisíaco.

sábado, 22 de septiembre de 2012

El mito del amor romántico

Cuando nos enamoramos, creemos que ese momento durará para siempre. Pero esa creencia no es más que un mito de nuestra cultura, el del amor romántico, que han contribuido a crear las novelas, las revistas del corazón, las películas, los cuentos de hadas que nos encantaban de pequeños, y la poesía. En estas historias, el amor es eterno. El príncipe y la princesa viven por siempre felices. Incluso, a nadie le cuesta imaginar a Drácula conservando un amor apasionado a lo largo de los siglos como el que se refleja en la película de Francis Ford Coppola sobre el mítico vampiro.

El mito del amor romántico, dice el psiquiatra M. Scott Peck, ha establecido "que para cada joven del mundo hay una joven que le está destinada y viceversa". Prácticamente predestinada por los astros. Como la unión es perfecta, santificada por los cielos, "estaremos en condiciones de satisfacer siempre y para siempre todas las necesidades de esa otra persona".

Pero eso no ocurre en la vida real, sino que surgen fricciones y dejamos de estar enamorados. No es que el amor romántico no exista, pensamos; simplemente hemos interpretado equivocadamente los astros y volvemos a caer en las redes del mito con otra persona.

La mentira del amor romántico

Como señala Scott Peck, el amor romántico "es una tremenda mentira". Pero acota: "Quizás sea una mentira necesaria por cuanto asegura la supervivencia de la especie al alentar y aparentemente validar la experiencia de enamorarnos que nos atrapa en el matrimonio. (...). Millones de personas malgastan grandes cantidades de energía en un intento fútil y desesperado de hacer que la realidad de sus vidas se ajuste a la irrealidad del mito".

La solución, para no caer en la trampa de ese amor, estriba en conseguir que todas las parejas "aprendan que aceptar verdaderamente la individualidad de cada cual y su separación es la única base sobre la cual puede fundarse un matrimonio maduro y puede crecer un verdadero amor".

El mito del amor romántico fue inventado por las mujeres siguiendo los modelos de amistad masculinos. Así lo creía el filósofo francés René Nelli. En el siglo XIII, las relaciones entre el hombre y la mujer sufrieron una mutación profunda, preparada por una lenta evolución, desde la amistad viril a la confianza en la mujer.

La mujer inventó el amor romántico

Para Nelli, el guerrero tenía necesidad de un compañero más fiel que los de su propia familia o clan. En la lucha o en la caza, su vida dependía del amigo. Por ello, en casi todos los pueblos las amistad entre hombres se ha idealizado ceremonializándose: ritos de intercambio de sangre, como hemos visto repetidamente en el cine, o ritos de comunión de algún brebaje o sustancia fumable acompañados de solemnes juramentos ante testigos. Las hermandades caballerescas, como los templarios, utilizaban fórmulas parecidas, siempre de carácter misógino. Durante la Edad Media, los hombre sólo mantenían con las mujeres una relación amo-sirvienta.

Poco a poco fue creándose, desde los estamentos cultos y nobles, ese mito amoroso a favor de la mujer. "El compañerismo caballeresco -dice Nelli- y sus antiguas magias habían mostrado a las mujeres lo que había que hacer para contraer amistad con el hombre: realizar el intercambio de los corazones o de la sangre".

La poesía y la literatura vinieron en ayuda de las mujeres. Los trovadores, que desplazaron a los cantos épicos, siempre estaban relacionados con las mujeres. Las damas cortesanas y aristócratas no otorgaban sus favores más que  a los hombres que se mostraban lo más sinceramente enamorados, "encerrando así el verdadero valor en el interior del amor y de lo imaginario.

El refinamiento del amor cortés

Para los caballeros comenzó a resultar un orgullo amar, lo cual  llegó hasta el refinamiento del amor cortés, en el que la proximidad era de mal gusto. De origen árabe, posiblemente, en el amor cortés preponderaba el espíritu y para el amante era esencial la distancia de la amada.

Por fin la mujer consiguió que el hombre le otorgará su corazón, eran dignas de su "amistad". Hoy, con la liberación femenina, se ha perdido el amor romántico, aunque las mujeres siguen soñando con él.

El amor, "esa palabra que debe ser desinfectada", como decía el místico hindú Krishnamurti, ya no es necesario ni para el placer, ni para la emancipación, ni para la seguridad de la mujer. Se ha sustituido por una diversión: el sexo.

El amor como experiencia mística

La expresión "unión mística" sirve al psiquiatra norteamericano M. Scott Peck para describir la sensación de fundirse con el universo que se siente en el momento del orgasmo. En el amor verdadero, el sentimiento místico es permanente, es decir la sensación de que toda la realidad es una. El místico cree que nuestra percepción del universo no es más que una ilusión.

Las cosas que nos rodean no están separadas. "Maya" denominan los budistas a esa falsa percepción del universo. Casi todos los místicos coinciden en que la verdadera realidad se capta cuando uno ha dejado de considerarse un objeto separado y distinto del resto del universo.

En ese momento, el hombre toma conciencia del todo y adquiere la condición de iluminado o de santidad. También en la tradición occidental, el misticismo está asociado a actos de amor, aunque no carnales, sino espirituales. La poesía de San Juan de la Cruz o los arrebatos literarios de Santa Teresa de Ávila así nos lo demuestran. Las palabras del místico dominico, del siglo XIV, Eckhart, son muy elocuentes: "Si me transformo en Dios y Él me hace uno Consigo mismo, entonces, por el Dios viviente, no hay distinción alguna entre nosotros... Alguna gente cree que va a ver a Dios como si estuviera allí, y ellos aquí, pero eso no ha de ocurrir. Dios y yo somos uno. Al conocer a Dios, lo tomo en mí mismo. Al amar a Dios lo penetro".

Para los taoístas, el amor místico, la aspiración de todo hombre debe estar encaminada a "ser uno con el Tao". El escritor Aldous Huxley, muy interesado por el misticismo da un repaso a todas las tradiciones sagradas en un artículo titulado "La filosofía perenne" y extrae la conclusión de que la unicidad, el acto de amor absoluto es el estado de Iluminación, la perfección espiritual, una visión momentánea del paraíso.

Los neurofisiólogos han menoscabado la importancia de ese estado y lo han explicado como consecuencia de una sobredosis de endorfinas, las drogas endógenas que produce nuestro cerebro, a consecuencia de ayunos prolongados y meditaciones exhaustivas.

Imagen
Bernini, Éxtasis de Santa Teresa, 1651, Iglesia de Santa María de la Victoria, Roma

Un placer llamado orgasmo

El acto sexual y especialmente el orgasmo es una experiencia asociada con el derrumbe de las fronteras del yo, de tal magnitud que puede poner en marcha o solidificar la experiencia del amor, pero también es un éxtasis efímero. En el orgasmo, durante un segundo, nos olvidamos de quienes somos, salimos de la realidad, de las dimensiones cotidianas, nos arrebatamos. Una cascada de endorfinas y neurotransmisores se ha liberado en nuestro cerebro.

Los darwinistas consideran que el orgasmo es uno de los atributos con que la evolución ha dotado a los seres humanos para reproducirse mejor. Gracias a él estamos condicionados a repetir la actividad sexual.

En los estudios realizados para descubrir por qué existe el orgasmo, los investigadores se sorprenden de que éste excede en mucho el gasto de energía estrictamente necesario para pasar genes de una generación a otra. Una función tan sofisticada debe tener algún fin que nos es desconocido. Especialmente en la mujer, ya que el orgasmo empuja al hombre a repetir el apareamiento cuantas veces pueda para transmitir sus genes.

El orgasmo no es esencial para la reproducción

Sobre la función del orgasmo femenino existen dos escuelas: una mantiene que las hembras tienen orgasmos porque también los tienen los machos, aunque no es esencial para la reproducción. Si la Naturaleza considerara el orgasmo femenino importante para la procreación, la anatomía de la mujer habría evolucionado para que lo facilitara desarrollando órganos sexuales más accesibles.

La segunda escuela considera justificado el orgasmo femenino. Según Sarah Blaffer Hardy, antropóloga de la Universidad Davis de California, la hembra al tener orgasmos aumenta su posibilidad de concebir, ya que también trata de repetir el apareamiento. Una hipótesis sin demostrar aún, apoyaría a esta escuela: la contracción de la vagina y del útero aumentan la movilidad de los espermatozoides. El orgasmo podría ser una forma de capacitar a la hembra para actuar selectivamente sobre cuándo y por quién desea ser fecundada.

El orgasmo fortalece los lazos afectivos de la pareja

Según Roger Short, biólogo de la reproducción de la Universidad de Melboune, Australia, puesto que las hembras humanas, a diferencia de las de otras especies, aceptan el coito con independencia de su período fértil, la mayor parte de los apareamientos tienen motivos sociales, tales como fortalecer los lazos de la pareja y liberar la tensión sexual, para poder atender entonces cuestiones más triviales y banales de la vida.

La misma idea la expresa el sociobiólogo Desmond Morris en su libro El Hombre al desnudo: "Dado que el orgasmo de la mujer no es necesario para la procreación, ha sido considerado repetidas veces sólo como un intento frívolo de obtener placer, cuando, en realidad, es un perfeccionamiento que tiene la especie humana sobre otros primates y que permite, gracias a la mutua satisfacción sexual, ayudar al proceso amoroso en la formación de lazos y en su permanencia".

Imagen:
Orgasmo femenino

viernes, 21 de septiembre de 2012

¿El amor es para siempre? Bases biológicas de la fidelidad

La fidelidad tiene una base biológica, pero en términos evolutivos los machos humanos tienen tendencia a la promiscuidad y las hembras a la monogamia. Sólo la cultura de los diferentes pueblos establece una u otra tendencia.

Para los darwinistas el sentimiento de fidelidad que nos ata a nuestra pareja tiene una explicación evolutiva. Según el etólogo Richard Dawkins, la hembra ha tenido que desarrollar mecanismos corporales y sociales que impidan al macho abandonar la progenie, como la idea de mantenerse fieles a la pareja. Para Dawkins la mujer ha sido dotada por la evolución de células reproductoras más grandes y más escasas, los óvulos, mientras que el hombre posee millones de enanos espermatozoides que compiten continuamente e incapaces de alimentar a células extrañas, como hace el óvulo. La mujer, pues, se ve en la obligación de asumir en su propio cuerpo el producto de la copulación, el nuevo ser, que la incapacita para otros menesteres como proveerse de alimentos y cuidarse de los enemigos.

"La versión más simple de la estrategia de la felicidad conyugal -dice Dawkins- es la siguiente: la hembra examina a los machos y trata de descubrir signos de fidelidad y de domesticidad por adelantado. Tiende a haber variaciones en la población de machos en cuanto a su predisposición a ser maridos fieles. Si las hembras pudieran detectar tales cualidades de antemano, se podrían beneficiar evolutivamente escogiendo a aquellos machos que poseyesen tales características".

El marido fiel tiene paciencia

Para probar las cualidades del macho, la hembra no cede a los requerimientos sexuales de él durante un largo período de tiempo. Si el macho no tiene paciencia, no es buena apuesta como marido fiel. Así la hembra escoge y copula con los machos que han demostrado cualidades de fidelidad y perseverancia. Entre un gran número de animales mamíferos es frecuente que haya largos períodos de cortejo y compromiso, al igual que los novios entre los humanos.

Entre los animales, los rituales de galanteo y seducción previos a la copulación requieren de grandes inversiones energéticas por parte del macho. Por ejemplo, la hembra puede negarse a copular hasta que el macho le haya construido un nido o aprovisionado de grandes cantidades de alimentos. Dawkin lanza la idea de que las hembras obligan a los machos a invertir en sus descendientes antes de la copulación para que al macho no le compense abandonar a la hembra y copular con otras tras el nacimiento. La copulación con una hembra implica un compromiso, lo mismo para los animales como para el hombre.

"Cualquier macho que se sintiese tentado de abandonar a su compañera -sentencia Dawkins-, y de esparcir más sus genes mediante otra hembra, sería disuadido por el pensamiento de que tendría que matar otro dragón", o construir otro nido.

Cuatro años de fidelidad

Para Helen Fisher, la duración biológica del matrimonio es de cuatro años, como puede leerse en la entrevista con esa antropóloga en otro post de este blog. O dicho de otra manera, cuatro años es el tiempo de fidelidad de una pareja.

El enamoramiento de dos personas al cabo del tiempo se transforma en afecto y sólo el número de hijos y el apego mantienen la relación. En los humanos sucede "lo mismo que con los zorros, escribe Helen Fisher, los petirrojos y muchas otras especies que se aparean sólo durante una estación, los vínculos de las parejas humanas originalmente evolucionaron para sacar adelante a un único hijo durante su infancia, los primeros cuatro años, a menos de que en ese plazo un segundo hijo fuera concebido".

Las estadísticas apoyan a la antropóloga, ya que en sus estudios estadísticos sobre el divorcio en muchas culturas ha descubierto que la relación amorosa dura cuatro años, y que la pareja se rompe especialmente en los jóvenes que están en período de reproducción fértil.

Imagen:
Erastés y Erómeno, Siglo V a. C.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Entrevista con la antropóloga Helen Fisher: biografía y bibliografía

Biografía y bibliografía de Helen Fisher

Helen Fisher es doctora en antropología por la Universidad de Colorado. Ha sido divulgadora científica en prensa, radio y televisión y una conocida conferenciante. Trabajó como investigadora asociada en el Museo Americano de Historia Natural en Nueva York hasta 1994 y en la actualidad pertenece al Centro de Estudios de Evolución Humana en el departamento de Antropología de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey.
  • Su primer libro
    El Contrato sexual
     (The Sex Contract, 1984), tuvo una enorme repercusión y le valió varios premios de antropología. 
  • En
    Anatomía del amor
     (Anatomy of love, 1992), mostraba sus conclusiones sobre el amor y el divorcio y los modelos de monogamia mediante el examen de 62 sociedades. 
  • En El primer sexo (The First Sex, 2000), argumenta cómo las capacidades y aptitudes innatas de las mujeres están transformando el mundo. Sería consecuencia de un proceso evolutivo del cerebro de la mujer que la 
    capacita para desarrollar formas de pensamiento “sintético” o “en red” 
    más complejas que las del pensamiento lineal masculino.
  • En ¿Por qué amamos? (Why we love?, 2004) utiliza datos de escáneres cerebrales para consolidar su teoría del amor romántico.
  • Por último Why Him? Why Her? (2009), aún sin publicar en España, en el cual explica que existen cuatro dimensiones de la personalidad biológicas basándose en los estudios sobre 100.000 personas y también en modelos de la atracción sobre el estudio de la personalidad y datos biológicos y neuroquímicos de 28.000 individuos.
"El amor es el combustible para el juego de la reproducción"

¿Es el amor una invención de la cultura occidental, ya que según parece, en otras culturas los emparejamientos son una cuestión de intereses y conveniencias?. ¿Todos los seres humanos son capaces de sentir amor?

Sí, sin lugar a dudas. Si hubiera pensado otra cosa no habría escrito el libro Anatomía del amor. Tengo un amigo que ha investigado 166 sociedades y encontró evidencias de amor romántico en cada una de ellas y en las que no lo encontró, era porque a los antropólogos no se les había ocurrido escribir sobre ello. Cuando miras alrededor del mundo, ves que hay todo tipo de evidencias sobre el amor romántico.

En casi todas partes la gente da regalos a un ser querido, se escapan con un amante, e incluso se suicidan porque no consiguen al ser amado. Por todas partes hay evidencias de que el amor romántico es una característica del ser humano. Yo siempre he creído que el amor es una emoción muy básica y elegante y tampoco es más complicada que el enfado, el miedo, la alegría, la sorpresa o la tristeza.

¿Podría usted decirme qué es el amor?

Hay dos etapas básicas en el amor. La primera es la etapa de infatuación o atracción y todos sabemos que se siente euforia, mareo, insomnio, esperanzas, nervios. Lo que aparentemente sucede en el cerebro es que literalmente está recibiendo un baño de tres sustancias químicas que son anfetaminas naturales que te ponen a toda velocidad, pero que no dura siempre. A lo sumo dos o tres años. Puede durar más si existe una barrera en la relación; por ejemplo, si alguien está casado y nunca llega a entrar por completo en la relación de pareja. Pero, inevitablemente en más o menos tiempo la atracción disminuye.
Entonces comienza la segunda etapa, denominada pertenencia.

Se trata de un sentimiento de comodidad, seguridad y paz. De repente llegas a casa y te sientes muy cómodo con esa persona. Ese estado está asociado con otro "baño de cerebro". Diferente, de endorfinas. Las endorfinas son sustancias naturales, parecidas a la morfina,  que da un sentimiento común de seguridad. Creo que es por eso que la gente sufre tanto cuando le deja un amante. No sólo pone patas arriba su vida social, sino que deja de recibir la dosis diaria de drogas narcóticas. También en otros animales vemos elementos de atracción y pertenencia.

Por ejemplo, en la temporada de reproducción, la pareja de zorros saltarán, pasearán juntos, se lamerán la cara, e incluso se les nota eufóricos. Creo que el amor es muy primitivo; ha salido de la naturaleza animal y ha evolucionado hasta el ser humano en quienes se ha complicado. Pero, la emoción básica es una experiencia animal.

Una de las hipótesis que plantea en su  nuevo libro es que la forma de copular entre los humanos, cara a cara, tiene mucho que ver con la aparición del amor. ¿Por qué es tan importante la postura?

Porque puedes ver a tu pareja. Realmente es muy sencillo.

Sí, pero la postura de copulación de los animales es diferente y, no sé realmente qué tiene que ver con el amor.

Tiene que ver con la evolución. Entre primates, nuestros parientes cercanos, también se copula cara a cara, pero no con la regularidad que lo hacen hombres y mujeres. Para nosotros es bastante cómodo, especialmente para la mujer, ya que cuando nuestros antepasados empezaron a andar con dos patas, el canal vaginal evolucionó para torcerse hacia delante, no hacia atrás. Cuando puedes ver a la pareja, también puedes ver sus reacciones y acostumbrarte a su sonrisa, sus miradas de cariño y adoración y unirte mucho a tu pareja. Quiero decir que la gente de todo el mundo mira a la cara de los demás y en ningún momento es tan poderosa la mirada como cuando estás haciendo el amor. Así que creo que esa postura nos hizo evolucionar y estimular el proceso de unión entre el hombre y la mujer.

Según la interpretación neodarwinista el amor es un mecanismo de evolución para mejorar los genes. ¿Está de acuerdo?

Yo diría que la supervivencia de los más aptos es la clave de muchos comportamientos, así que mi respuesta es sí. El amor es parte de un proceso fundamental para la supervivencia, el combustible para el juego de la reproducción, y ese juego es el más importante al que podemos jugar tú o yo. No me sorprende que el amor sea tan poderoso. En América más del 90 por ciento de la gente que va a un psiquiatra lo hacen por problemas en su vida amorosa, no por problemas en la oficina o con los niños.

El amor es un poco como el miedo. El miedo evolucionó con los seres humanos. Cuando nuestros antepasados cazaban en África tuvieron que desarrollar ese sentimiento para huir de los peligros. El amor evolucionó como un proceso para emparejar a dos individuos y criar a sus hijos. El ser humano no tiene nada más importante que hacer que amar y emparejarse. Así que no tengo dudas de que es fundamental para el proceso de la supervivencia de los más aptos y la evolución de la Humanidad.

Usted ha escrito que el amor humano está condicionado por la naturaleza para que las parejas duren solamente cuatro años. ¿Por qué?

Yo misma me pregunto el motivo de que sea así. Lo que hice fue estudiar el divorcio en 62 sociedades de todo el mundo. Todavía tengo que mirar los de España, recuérdamelo cuando terminemos la entrevista. Lo que comprobé fue que en muchas culturas humanas la gente tiende a divorciarse durante el cuarto año de matrimonio, lo cual me sorprendió. No esperaba encontrar ninguna tendencia común. En teoría no tendría porque existir ningún patrón en común, pero existía. Por supuesto que todos conocemos a matrimonios que no se divorcian a los cuatro años, pero eso no impide que exista lo que he denominado the four year itch, "el trauma del cuarto años". Y no sabía el porqué. Estudié entonces emparejamientos entre pájaros y mamíferos para ver si podía encontrar alguna tendencia para relacionar con este hecho, y la encontré. Es la tesis central de mi libro Anatomía del amor.

Los árboles estaban desapareciendo hace cuatro o cinco millones de años. Nuestras antepasadas se vieron en la necesidad de bajar al suelo. Empezaron a ponerse de pie sobre dos patas en lugar de cuatro, para poder caminar de un grupo de árboles a otro y transportar palos y piedras para protegerse de los depredadores. Las mujeres tenían que llevar los niños en brazos en lugar de la espalda. Debían transportar un peso de 10 a 20 kilos durante cuatro años, hasta que el bebé pudiera valerse por sí mismo.

Si tú tuvieras que hacer eso, también  buscarías un hombre que te ayudara a criar al bebé. Y creo que eso es lo que ocurrió hace millones de años en África. Esas mujeres necesitaban la pareja para que les ayudara a criar a los hijos y como esa fórmula tenía éxito en la evolución, nació la necesidad humana del amor y de la pareja. Esta es la clave, permanecer unidos por lo menos el tiempo suficiente de criar a un niño durante los aproximadamente cuatro años de la infancia. La naturaleza ha dejado un punto débil en nuestras relaciones amorosas.

¿Es necesario el matrimonio o realmente es un invento social sin sentido en la evolución?

Yo creo que eso es un juicio moral. Tenemos el instinto de emparejarnos y también el de tener otras relaciones aparte. El ser humano tiene lo que yo llamo una "etapa mezclada de reproducción". Tenemos este instinto increíble de enamorarnos, emparejarnos y casarnos: un 93 por ciento de hombres y un 92 por ciento de las mujeres de todo el mundo se casa antes de los 49 años. Eso es como un mecanismo simbólico y social muy útil para definir quién es el responsable de los niños. Seguro que el matrimonio tiene una utilidad importante para criar a los jóvenes.

Dijo usted antes que buscaría datos sobre España

Sí, aquí en mi armario. No me importaría hacer unas predicciones sobre la evolución del matrimonio en España. Pero...no tengo datos sobre España.

Bueno... hay un problema. El divorcio no fue permitido hasta principios de los años ochenta.

Ah, claro, por eso. ¿Ahora si que está permitido?

Sí.

Pues he descubierto que el divorcio es para los jóvenes. La posibilidad de divorcio se incrementa cuando estás entre los veinte y los treinta años. Si en España hubo un boom de nacimientos a lo largo de los años sesenta y setenta te pronostico que en los próximos decenios se incrementará el número de divorcios, como ocurrió en Estados Unidos en los años ochenta.

¿Cómo elegimos pareja?


¿Estamos predestinados a una determinada pareja? ¿Existe realmente nuestra media naranja? No, pero en nuestros genes portamos toda la información precisa para que sintamos predilección por un determinado espécimen del sexo contrario.

Todos tenemos una imagen mental de las personas, y especialmente del chico o chica con el que nos gustaría emparejarnos. A esa pareja ideal que se forma en la nebulosa de nuestros pensamientos la denominan los psicólogos, "el modelo interno". Como casi todo en los comportamientos sociales, la elección de la pareja ha sido estudiada por los psicólogos que han trabajado con multitud de parejas casadas para saber quién eligió a quién, y, la conclusión es que, por regla general, los miembros de cada pareja se parecen el uno al otro, aunque sólo sea ligeramente, en casi todos sus rasgos físicos.

La medida de nuestra pareja

Grupos de trabajo de lugares tan dispares como Polonia, Estados Unidos o Chad, han medido en las parejas de sus pueblos parámetros tan sutiles como el ancho de la nariz, la longitud del dedo medio, la distancia entre los ojos o el largo del lóbulo de la oreja, entre otros muchos.

Resultado: nos casamos con alguien parecido a nosotros, o mejor dicho a nuestros padres. En este sentido, la mejor pareja sería nuestro hermano o hermana o algún familiar muy cercano. Para conseguir que los genes se diversifiquen y no queden reducidos a una sola familia, la evolución y la cultura nos han dotado del tabú del incesto, que no sólo se encuentra entre los humanos, sino en muchos otros animales. La endogamia es común entre muchas especies, ya que los genes tienen más probabilidades de promover individuos más capaces cuando los genes de un grupo familiar, tribal o étnico, se mezclan con los de otro, según las teorías neodarwinistas.

Afinidad ideológica y personalidad importan para elegir pareja

Nuestra actitud de adultos hacia el otro sexo viene condicionada desde muy pequeños, cuando el mundo de relaciones satisfactorias que nos rodea se reduce al núcleo familiar. Es decir, que de mayores nos fijamos en personas que se parecen a las que nos cuidaban y amaban cuando niños. No es que todos actuemos así, pero esas circunstancias se dan en un buen número de casos. De hecho, los estudios parecen demostrar que para elegir pareja pesa más la afinidad ideológica y la personalidad, que los rasgos físicos.

Según los psicobiólogos, que han bautizado esta teoría como de "la pelirroja rolliza", la elección de la pareja se realiza, teóricamente, de la siguiente manera: si somos varones y nuestra madre y hermana son pelirrojas y rollizas, creceremos con la certeza de que las mujeres más excitantes son las pelirrojas rollizas.

Como se trata de un modelo físico difícil de encontrar, nuestra elección dependerá de otros rasgos físicos y psicológicos: sus opiniones sobre política, los niños, la religión o el valor que concede al dinero. Unos pocos se emparejarán con rollizas y muchos menos con pelirrojas, pero la gran mayoría acabaremos con parejas que no reúnen ninguno de estos dos rasgos.

La cuestión que se intenta dilucidar ahora es si el "modelo interno" se hereda o se aprende. Los experimentos realizados con animales, en este caso codornices japonesas, parecen indicar que el macho prefiere a las codornices hembra con un plumaje del mismo color que las que se criaron con él, aunque, curiosamente, suelen rechazar a las hermanas. En este caso parece que la herencia genética actúa de algún modo.

Importancia de la herencia genética para elegir pareja

Entre ratas y ratones de laboratorio a los que se perfumaba, ocurría algo parecido. Los descendientes de las ratas perfumadas preferían a las hembras perfumadas con las que copulaban con más frecuencia y eyaculaban más rápido. Según el escritor Jared Diamond, en la revista estadounidense Discover, "los machos habían aprendido a excitarse sexualmente con el olor de mamá, no habían heredado ese conocimiento".

Así pues, la discusión sigue abierta. Sobre lo que no parece existir duda es que nacemos predispuestos contra el incesto, aunque reforzamos ese instinto con el aprendizaje. Un estudio que realizaron psicólogos israelitas sobre 2.796 personas criadas en un kibbutz, granjas israelitas que son a la vez escuela y vivienda para muchos niños judíos, mostraron que no se casaban ni mantenían relaciones sexuales entre ellos. Lo mismo suele suceder con hijos adoptivos que se han criado juntos. La conclusión parece clara, aunque con matices: el tabú del incesto no sólo se aplica a hermanos, sino a todos aquellos con los que nos hemos criado, aunque no tengamos la misma sangre.

Imagen
Pareja junto al mar

La magia del flechazo y el perfume del amor


Está ahí. Sabemos que la (o lo) amamos, aunque no la (o lo) hayamos visto antes. Nuestro corazón se ha acelerado, la sangre ha subido a nuestra cabeza y nos ha inundado una oleada de calor. De pronto, hemos dejado de prestar atención a cuanto nos rodea y sólo tenemos ojos para ella (o él). ¿Qué nos sucede? ¿Qué extraña magia es ésta?

El flechazo. Además de la secreción de anfetaminas cerebrales y de cambios hormonales en todo el organismo, para que una persona nos atraiga de tan irresistible manera se conjugan una serie de factores que tienen que ver con la evolución, la genética, la psicología y los olores.

Hubo una época en que se adscribían al flechazo orígenes míticos, casi religiosos. El encuentro de dos personas y las locuras de amor consiguientes, sólo podían venir de una voluntad divina.

Pero los flechazos no duran mucho tiempo. A los pocos meses de creer que hemos encontrado el príncipe azul o el hada de nuestros sueños, se revela a nuestros ojos como Fulanito o Menganita. Es más, los psicólogos advierten que el flechazo puede evolucionar hacia una pasión destructiva. Para conseguir una relación amorosa estable es conveniente acumular experiencias amorosas con la pareja elegida.

El perfume del amor

Vivimos en una sociedad que está perdiendo el primitivo sentido del olfato. La contaminación y la desmedida ocultación de los olores fuertes y desagradables por fragancias artificiales nos impiden acceder al universo olfativo que nos rodea, don que poseían nuestros antepasados evolutivos. Aún así, poseemos un maravilloso órgano del olfato que nos relaciona, aunque no seamos conscientes de ello, con nuestros semejantes.

En experimentos realizados en la universidad de Vanderbilt, que cita el zoólogo Anthony Smith, diecinueve niños de veinticuatro fueron capaces de identificar a sus hermanos por el olor y dieciséis de dieciocho padres reconocieron a sus hijos, también con el olfato. No resulta extraño pues, que en la relación de pareja, con una mayor intimidad, el olfato funcione como un potente elemento de atracción o repulsión. "Al reprimir el sentido del olfato, el hombre ha reprimido su sexualidad", dejó escrito Freud.

Lo cierto es que nuestro propio cuerpo genera el más poderoso de los afrodisíacos, el olor corporal, efluvios que se desprenden de las glándulas apócrinas que todos los humanos poseen en las axilas, alrededor de los pezones y en las ingles. Cada uno de nosotros posee además una marca odorífica, como si se tratase de una huella dactilar.

Olores personales, afrodisíacos naturales

Este carácter afrodisíaco de los olores personales es conocido desde la antigüedad, aunque hasta hace unos años no se descubrieron los agentes causantes: unas partículas que transportan los olores, conocidas como feromonas. Se conoce, relativamente bien, el funcionamiento de las feromonas en los insectos y vertebrados, pero se desconoce cómo actúan en los humanos, excepto con algunos experimentos aislados sobre la menstruación femenina.

De lo que no cabe duda es de que el olor juega un papel muy importante en los amores humanos. Como declaró la antropóloga Helen Fisher cuando la entrevisté para la revista Muy Interesante: "Si hueles a alguien y ese olor no te resulta agradable, te repele esa persona, aunque no necesariamente te atraen todos los que huelen maravillosamente. Sin embargo, una vez que te has enamorado y te has acostumbrado al olor del otro, ese olor actúa como un afrodisíaco que permite que continúe la relación amorosa. El olor de la otra persona se ha convertido en un tipo de señal especial, que recuerda esa relación".

En los años sesenta se realizaron experimentos en la Universidad Monell de Pennsylvania, que demostraron que las mujeres con escasas o nulas relaciones sexuales y con problemas de periodicidad menstrual, regularizaban su ciclo tras varias semanas con un tratamiento que consistía en situar bajo su nariz muestras de sudor axilar de hombres. Se consiguieron aislar feromonas relacionadas con tetosterona, la hormona masculina. También se sabe que durante la ovulación, la mujer tiene más sensibilidad para captar los aromas sexuales que desprenden humanos y animales.

Influencias del olor en la sexualidad femenina

Las influencias del olor en la sexualidad femenina resulta evidente a la luz de estas investigaciones, pero no se han conseguido los mismos resultados con la receptividad de los hombres a las feromonas femeninas. El bioquímico George Pretti ha establecido en sus investigaciones que a los hombres les resultan más atrayentes las mujeres antes de la ovulación, y menos durante la menstruación.

A lo largo de la evolución humana, la mujer ha perdido la época de celo, para expandir su período sexual a todos los días del año, por lo cual las feromonas actúan de forma diferente a como lo hacen otros mamíferos y primates: son ellas las atraídas por el olor que emiten los miembros masculinos de la especie, pero aún son muchas las investigaciones que deben realizarse al respecto.

La antropología contempla casos curiosos del folklore de los pueblos, como la costumbre de las muchachas inglesas del siglo XVII, de dar a oler al pretendiente una manzana pelada que previamente se había colocado un buen rato en el sobaco.

Por su parte, el escritor alemán de principios del siglo XX Luis Thoma, achacaba su éxito con las mujeres a que impregnaba el pañuelo, que sobresalía de su chaqueta, con olor de sus axilas.

Imagen
William-Adolphe Bouguereau (1825-1905) - Love on the Look Out (1890)

domingo, 16 de septiembre de 2012

La química del amor: Sólo es una molécula


Uno de los descubrimientos más fascinantes sobre el amor tuvo lugar hace veinte años con el hallazgo de una molécula química, la feniletilamina, generada por nuestro cerebro. Entonces se creyó encontrar la explicación a la locura de amor y otros desórdenes afectivos. Pero no fue más que un espejismo.

La química del amor que han puesto de moda varios libros publicados en Estados Unidos, fue ya un concepto manoseado por los medios de comunicación desde hace décadas. El responsable de esa divulgación fue el doctor Michael Leibowitz, a la sazón director de la clínica de desórdenes de la ansiedad en el Instituto Psiquiátrico de Nueva York, con un libro titulado La Química del Amor.

Según ya planteó este psiquiatra neoyorkino, el amor es una emoción muy compleja en la que intervienen numerosos tipos de moléculas, las necesarias para producir los arrebatos sentimentales que la caracterizan. Pero de entre todas destaca una que actuaría como directora en todos los procesos amorosos, la feniletilamina, más conocida como FEA o PEA.

La química del amor divide el proceso en dos fases sucesivas, cada una con su propia neuro-química: la fase de la atracción y la fase del afecto. La primera se caracteriza porque la FEA orquesta la secreción de sustancias, como dopamina o norepinefrina, que poseen una estructura química parecida a las drogas anfetamínicas. Al igual que sucede con las propias anfetaminas, la euforia del amor es espléndida, pero la bajada, la pérdida de ese estado, produce una gran depresión y desasosiego.

No sólo puede producirse el vacío, también existe la posibilidad de que en el transcurso del tiempo, el amor haga funcionar otro tipo de neuroquímica: las endorfinas y encefalinas, sustancias químicas similares a la morfina. Entonces se entra en la segunda fase de la química amorosa. Las parejas se casan o viven juntos y  cada día generan una ración de endorfinas que les confiere gran seguridad, paz y calma. Las delicias de la vida matrimonial. Los afectados no lo saben, pero cuando un día se les acaba la ración de droga cerebral, por la separación o la muerte de uno de los amantes, llegan las depresiones, las angustias, e incluso la paranoia. Los síntomas no difieren mucho del "mono", o síndrome de abstinencia, de los drogadictos.

Ya se ha especulado con las posibilidades comerciales de estos conocimientos químicos: ¿por qué no manipular la producción de FEA para prolongar los estados amorosos? ¿Por qué no desarrollar un filtro de amor? Afortunadamente, las investigaciones no están tan avanzadas como para que lo logren.

Leibowitz investigaba él mismo, pero una buena parte de sus descubrimientos se los debía al doctor Héctor C. Sabelli, de origen argentino, que trabajaba en Chicago en los años setenta. De hecho, existe una cierta rivalidad para saber quien es el verdadero descubridor de la moléculas del amor.

Los primeros descubrimientos sobre la FEA tuvieron que ver con los deprimidos, antes que con los amantes. Se trataba de medir las tasas de FEA en la orina de un grupo de control "normal", y en la de un grupo de depresivos crónicos. La FEA se detectaba bien en los normales, pero en los deprimidos no se encontraba ni rastro.

Se barajaron dos hipótesis: o bien el cerebro de los depresivos no producía FEA, o bien, producía una sustancia que anulaba las características anfetamínicas de la FEA, por ejemplo la monoamina oxidasa, más conocida como MAO.

Héctor Sabelli aplicó los conocimientos sobre los depresivos, para la búsqueda de soluciones a la enfermedad y descubrió que la presencia de una cantidad mayor a lo normal de FEA estaba ligada a comportamientos afectivos y provocaban euforia.

Estudios de Sabelli demuestran que la producción de FEA no se limita a los estados amorosos. En los análisis efectuados a paracaidistas en el momento del salto se descubrió que se generaba una gran cantidad de FEA. Enamorarse es como saltar al vacío.

También observó que en los momentos de divorcio, cuando se acaba el amor, se producía una gran cantidad de FEA. Para Sabelli, todas las situaciones que abran la posibilidad de un futuro incierto desatan la acción de las anfetaminas cerebrales.

Leibowitz, por su parte, no está satisfecho con el modelo FEA, al que considera incompleto, y propone la búsqueda de otra molécula, la causante de lo que él llama "estado romántico especial". Asegura que "ciertos aspectos de la interacción romántica pueden ser descritos como místicos desde un punto de vista neuroquímico". Se trataría de una variante neuroquímica de la FEA, la verdadera molécula del amor. Como escribe el periodista francés Ron Rosenbaum, "un amor que eleva más allá de la experiencia terrestre ordinaria, hacia una dimensión celeste, casi religiosa".

Imagen
Diagrama simplificado de las bases químicas del es:amor. Las fuentes están en el artículo: Wikipedia:Love. Modelo: Mikael Häggström. Para discutir sobre la imagen, véase Template_talk:Häggström diagrams

sábado, 15 de septiembre de 2012

Te quiero: Una perspectiva social sobre el concepto amor

Todos hablan de amor, pero nadie se pone de acuerdo con las definiciones. Otra cosa es el enamoramiento, una experiencia que siempre está ligada al sexo y que, según los biólogos y antropólogos, está genéticamente determinada por la conducta de apareamiento.

¿Quién puede definir el amor, cuando se trata del sentimiento paradójico por excelencia; según los poetas a la vez que éxtasis es tormento y a la vez que proporciona libertad da esclavitud?

Filósofos y trovadores no han dejado de generar escritos tratando de acotarlo en palabras. Pero es imposible. Ese aluvión de literatura ha generado por rechazo una potente corriente de opinión que considera el amor tan solo una actitud cultural, una actividad apoyada socialmente y gestada por los escritores desde hace mil años con la literatura árabe y la sublimación poética de los trovadores.

Lo cierto es que hasta hace pocos años los científicos no habían concedido importancia a ese sentimiento y lo habían despreciado como materia de estudio. Incluso se ha tratado de explicar la universalidad del amor como un proceso de alucinación colectiva. A lo sumo, un atavismo cultural que podría explicar la antropología.

En todas las culturas del mundo existen relaciones amorosas

Esa idea es la que sostienen psicólogos como Leo F. Buscaglia (fallecido en 1998) que impartía cursos sobre el amor, ya que lo consideraba una "emoción o respuesta aprendida" y por lo tanto el hombre necesita aprender a amar, "en relación directa con su habilidad para aprender en general, y con aquellos de su ambiente que le enseñan, así como con el tipo, extensión y sofisticación de su cultura. Estructuras familiares, prácticas de cotejar, leyes matrimoniales, tabúes sexuales, por ejemplo, varían según el lugar en que uno vive". En definitiva, "la forma en que cada uno aprende lo que es amor, será determinada , de alguna manera, por la cultura en la que se eduque".

Pero, el trabajo del antropólogo estadounidense Edward Fischer, profesor de Antropología y Director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Vanderbilt, demostraron que en 147 de las 166 culturas de todo el mundo estudiadas por diferentes equipos de investigación existen relaciones amorosas del mismo tipo que en Occidente y, los resultados negativos de las restantes tienen que ver más con una falta de información por parte de los antropólogos que con la ausencia de euforia amorosa en sus habitantes. Si se trata de un fenómeno tan universal, al margen de la educación, el fenómeno amoroso debe tener una base biológica.

Desde hace aproximadamente treinta años, los biólogos, químicos, psiquiatras y antropólogos se han lanzado a desentrañar los comportamientos y reacciones cerebrales que se desencadenan cuando surge el amor. Y, la respuesta ha sido sorprendente. Libros que se venden por cientos de miles, artículos de portada en revistas internacionales, congresos específicos sobre el tema y un interés del público como nunca se había conocido.

Amor y química cerebral

Las conclusiones de los científicos en su mayor parte han partido, sostenido y confirmado las tesis evolucionistas. Existe una tendencia genética hacia el amor. Estamos programados por nuestros genes para amar; y para despertar en los humanos esa compulsión, utilizan la química cerebral.

Para muchos psicólogos la definición de amor debe abarcar otro tipo de experiencias que no sean las propias del enamoramiento entre dos personas, sin excluir ésta. Como dice uno de los grandes teóricos del amor, Erich Fromm (fallecido en 1980), que recoge y sintetiza el pensamiento de otros filósofos y psicólogos, "para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar".

Para Fromm, "el amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos", por lo tanto, el ser humano requiere una actividad continua que haga florecer el amor, lo cual le impide circunscribir ese sentimiento sobre un sólo objeto, hombre o mujer.

Con la palabra amor designamos numerosas formas de relacionarnos con los demás

Fromm, además del "amor erótico", que otros llamarán enamoramiento, esto es, una relación vinculada con el sexo, distingue el "amor fraternal", que considera la forma más básica de amor, por el que se entiende el sentido de responsabilidad, cuidado, respeto y conocimiento hacia otro ser humano, regido por el mandamiento de "Amarás al prójimo como a ti mismo". Se trata de una experiencia de solidaridad y de unión con otros miembros de tu especie, especialmente los más allegados.

En otro nivel funciona el "amor materno", que no es sólo un acto de responsabilidad para conservar la vida del niño, sino algo más importante para Fromm, la inculcación en su hijo del amor a la vida. También es necesario contemplar el "amor a sí mismo", que nada tiene que ver con el egoísmo o la vanidad.

Según Fromm, "las personas egoístas son incapaces de amar a las demás, pero tampoco pueden amarse a sí mismas". Se trata de asumir el concepto de unicidad con todas las cosas y de un trabajo de autoaceptación que hoy en día está en la base de muchas terapias psicológicas. Sondra Ray, divulgadora del rebirthing o "renacimiento", una de estas nuevas terapias, dice que "si te amas a ti mismo, automáticamente les das a los demás la oportunidad de que te quieran. Si te odias, no permites que los demás te quieran. Si tienes poco amor propio y una persona te quiere y te acepta, la rechazas, intentas que cambie o piensas que te miente".

¿El amor a dios es amor?

Por último, Fromm contempla el "amor a Dios", que para entenderlo es necesario conocer el concepto de "separatividad" en el que este psicólogo hace hincapié. El ser humano necesita amor porque tiene conciencia de sí mismo como una entidad separada, que ha de vivir y morir en soledad. A causa de esa separatividad, que considera una prisión y que le produce una intensa angustia, toda su vida es una constante búsqueda de experiencia de la unión, especialmente con personas del sexo contrario.

La forma religiosa del amor, el denominado "amor a Dios" es muy parecido, aunque de índole estrictamente mental. En Dios se resuelve el conflicto de la separatividad, uno se hace uno con el todo, alcanza la trascendencia.

Otros autores, amplían este esquema con el "amor a cosas u objetos inanimados", "amor a los animales", "amor a la belleza", "amor a la Naturaleza", "amor a ideales" y "amor a actividades o formas de vida".

Evidentemente se pueden consignar un buen montón más, pero la forma que más interesa a todo el mundo, es el amor a los demás, especialmente a las personas de sexo contrario. Y al conocimiento sistemático de esa forma de amor es a la que se han lanzado los científicos.

El nacimiento del amor fue fundamental para la evolución del ser humano

Por un lado, las tesis neodarwinistas, impulsadas por la sociobiología, que conceden al amor un papel muy importante en la evolución de las especies, incluida la humana. El doctor Julian Boon, por ejemplo, profesor en la universidad británica de Leicester, está convencido de que la base del amor reside en la genética. Argumenta que si la gente no hubiera descubierto el amor y el atractivo sexual, la raza humana no habría sobrevivido. Según esta teoría este comportamiento sexual está controlado por nuestros genes: "Aquella gente para quienes el amor ha generado extrañas y placenteras emociones sería quienes han hecho el amor y han tenido hijos".

La evolución ha dotado así a la mujer de atractivos sexuales que predisponen al hombre hacia una acción amorosa con el objeto de reproducirse. El amor sirve pues "para aumentar las probabilidades de apareamiento sexual y afianzar así la supervivencia de la especie", en palabras del psiquiatra estadounidense Scott Peck, fallecido en 2005. O para expresarlo de una manera más cruda, "el enamorarse es un ardid que nuestros genes usan con nosotros para nublar nuestro espíritu, que de otra manera sería perceptivo, y engatusarnos y hacernos caer en la trampa del matrimonio".

Esa es la tesis que ha divulgado con notable éxito Richard Dawkins, autor de El gen egoísta, en el cual trataba de explicar las bases biológicas de nuestra conducta, entre ellas la amorosa; y de Helen Fisher, autora de El contrato sexual y Anatomía del amor, que partiendo de los protohomínidos, disecciona con minuciosidad los procesos sexuales y de enamoramiento. En otra entrada puedes leer una entrevista que realicé a la famosa doctora en 1993.

El amor da beneficios genéticos

Para esta antropóloga estadounidense, hace unos ocho millones de años, las hembras más amorosas y más activas sexualmente, lograron enormes beneficios genéticos. Su capacidad maternal era mayor que la de las demás hembras, su período de gestación era menor y al tener períodos de celo con más frecuencia, recibían mayores atenciones de un cortejo de pretendientes. Consiguió mayores probabilidades de supervivencia para su prole la hembra que logró que un macho copulase sólo con ella, o especialmente con ella, ya que la defendía y alimentaba.

También se desarrollaron rasgos anatómicos destinados a atraer a los machos, como señala el antropólogo británico Desmond Morris en El mono desnudo, la mayor parte en la zona frontal del cuerpo. Esos rasgos coinciden con zonas erógenas: lóbulos carnosos en las orejas, narices protuberantes, labios rojos hacia afuera, como remedo de los genitales, y pechos voluminosos; "señales sexuales que invitaban a la cópula frontal", dice la doctora Fisher.

En el hombre también se desarrollaron atractivos sexuales como el pene, ya que tiene el pene más largo de todos los primates, incluso los gorilas. Pero los antropólogos no encuentran más explicación para ese poco práctico tamaño que el del goce sexual. "Es evidente -dice Helen Fisher- que su tamaño evolucionó hace mucho tiempo porque a las mujeres les gustaban los hombres con penes grandes".

El apareamiento frontal dio lugar al amor

Todo ello hizo del apareamiento frontal la práctica sexual preferida por los humanos, a diferencia del resto de sus antepasados homínidos. La mirada, los gestos, los atractivos físicos, la intimidad del acto y otras circunstancias que desconocemos, fueron fraguando una pócima interna de sustancias químicas y secreciones hormonales que dieron lugar a conductas, expresiones, actividades que conocemos con el nombre de amor.

Todos los procesos amorosos son cuestión de química cerebral. Es una tesis atrevida y que sufre una gran contestación por parte de los sectores científicos más conservadores y religiosos. Ellos ven que este tipo de teorías conducen a identificar el sexo  con el amor y a convertir el atractivo sexual y la copulación en un fin en sí mismos, sin el sentimiento de trascendencia que debe poseer todo acto amoroso. Para ellos, el amor es un sentimiento espiritual que trasciende el sexo y la relación de pareja.

El contenido espiritual y romántico que poseía el amor se perdió con Freud, para el cual, ese sentimiento es básicamente un fenómeno sexual, casi irracional. Suponía, como Darwin, que el hombre está movido por un insaciable deseo de conquista sexual de todas las mujeres, y que sólo la presión social le impide obrar como realmente desea. Las consecuencias de esta represión son los celos de los hombres y la competencia.

La búsqueda de la satisfacción sexual como sucedáneo del amor y como refugio de la soledad

La realidad es que uno de los males de nuestra sociedad es la búsqueda de la satisfacción sexual como sucedáneo del amor y como refugio de la soledad. El amor va más allá del placer, lo cual parece no haber calado en nuestra sociedad que quiere resultados inmediatos y cuantificables de cualquier actividad o sentimiento. El acto sexual es una experiencia transitoria que puede darse a la vez que el amor, pero que no dejan de ser fenómenos separados.

Para el psiquiatra M. Scott Peck, el amor es "la voluntad de extender el sí mismo de uno con el fin de promover el crecimiento espiritual propio o de otra persona". Según Scott, todas las parejas deberían aprender a aceptar la individualidad de cada cual y su separación como única base sobre la que puede fundarse un matrimonio maduro y hacer crecer un verdadero amor. Para lograr esa experiencia de amor verdadero hay que derribar las fronteras del yo, los límites de uno mismo, extendiéndolos hacia el objeto amado cuyo crecimiento deseamos promover.

Imagen:

Pierre Auguste Cot (1837–1883). Le Printemps. 1873. Appleton Museum of Art. Ocala, Florida