martes, 10 de julio de 2012

Robots contra seres humanos


En realidad, como dice Joseph Engelberger, fundador de Unimation, el primer fabricante de robots: "la única justificación de la existencia de los robots es estrictamente económica". Un robot siempre será más barato que un trabajador, y los que han impuesto este criterio economicista han sido los japoneses.

Fueron ellos hace 20 años con la doctrina MUM quienes destaparon la Caja de Pandora de la revolución robótica. MUM es el acróstico de Metodología de fabricación automática, tal como define el Ministerio japonés de Comercio Internacional e Industria al utópico objetivo de conseguir que los trabajadores se dediquen únicamente a trabajos inteligentes. La forma más característica de la doctrina MUM sería sustituir por robots a todas las personas que realicen trabajos repetitivos.

Sin embargo, el fin de siglo (su meta) ya pasó y los objetivos no solamente están lejos de cumplirse, sino que los problemas sociales por la sustitución de los trabajadores por automatismos se agudiza cada día más. Para el especialista en prospectiva tecnológica Robert Ayres, de la Universidad Carnegie-Mellon, hacia el año 2035, la automatización eliminará hasta el 90 por ciento de los puestos de trabajo en las industrias de fabricación.

Destejiendo la urdimbre social

El impacto que este hecho va a tener sobre el tejido social será importante. Ayres prevé la constitución de una élite definida por las oportunidades educativas a largo plazo, pero considera que los robots no están preparados para asumir todos los trabajos, ni siquiera una gran parte de ellos, por lo tanto no se plantea la posibilidad de que las personas se conviertan en parásitos o que vivan a costa de los esfuerzos de hordas de esclavos robóticos. Los robots jugarán un papel secundario en la economía del siglo XXI.

Para los empresarios y defensores de los robots, decir que el automatismo destruirá empleo es como decir que la industria acabó con muchos empleos agrícolas, o que la industria del automóvil acabó con los herreros, cuando lo cierto es que ayudaron a crear millones de trabajos, pero de otro tipo.

Pero no hay mucho donde elegir debido a que la globalización de la economía imposibilita que un país desarrollado permanezca sin robotizar en un mundo lleno de robots. Como dice Karen A. Frenkel en su libro Robots, escrito en colaboración con Isaac Asimov: "Los sindicatos se enfrentan con la alternativa de perder empleos en beneficio de los robots, o bien perder aún más empleos al disminuir las industrias".

Imagen: Film Yo robot de Alex Proyas

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