domingo, 29 de julio de 2012

Los alimentos más destructivos del medio ambiente


Vainilla. Ya es posible fabricar vainilla sintética, con lo cual peligran la industria básica de Madagascar, isla del Índico de donde procede el 70 por ciento de toda la vainilla del mundo. 70.000 pequeños productores malgaches están asistiendo impotentes al agotamiento de su principal fuente de ingresos.

Pollo/Huevos. No sólo son catastróficos los métodos de producción industrial avícola, sino los problemas ecológicos que causan. En Indonesia se destruyen anualmente 600.000 hectáreas de bosque para cultivar soja destinada a la alimentación de pollos.

Arroz basmati. El aumento del consumo en arroces de alto rendimiento está contribuyendo a la pérdida de variedades genéticas más resistentes a las plagas. Ello conlleva una mayor utilización de fertilizantes y plaguicidas que contaminan y erosionan el suelo hasta dejarlo improductivo.

Pimienta. Es la reina de las especias, objeto de tráfico comercial desde hace 3.000 años. El escritor francés Jacques Attali asegura que contribuyó a la creación de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, que a su vez generó el capitalismo moderno.

Café. La economía de muchos países en desarrollo depende de este producto. Tanto es así que, tras el petróleo, es el producto de exportación legal que mayor valor origina. Eso pone a estas naciones a merced de los vaivenes del mercado. Por otra parte, los productores sólo reciben una pequeña cantidad por parte de las grandes compañías cafeteras multinacionales, por lo que se ha creado la fórmula de “comercio justo” que pone el producto directamente en el consumidor occidental sin que los beneficios se pierdan en esas empresas.

Azúcar. Su cultivo supuso arrasar los bosques de Canarias y Madeira, exterminar y esclavizar a los guanches e introducir el esclavismo en América. Miles de hectáreas de bosque son cada año expoliadas en favor de la preciosa caña de azúcar.

Tabaco. El tabaco necesita once veces más nitrógeno y 36 veces más fósforo que una cosecha alimentaria, por lo cual los nutrientes del suelo se agotan muy rápidamente.

Hamburguesas. Cada vez que consumimos una hamburguesa se recortan seis metros cuadrados de selva tropical que se sustituye por una hierba de alto rendimiento que pronto agota el suelo. Millones de hectáreas se pierden en América Central y Brasil por esta causa.

Atún. Entre los bancos de atún se encuentran numerosos delfines que son arrastrados por las redes y muertos, a pesar de encontrarse protegidos. Algunas compañías conserveras no tienen reparo en mezclar las carnes del pez y del mamífero en sus latas.

Pescado. Por el agotamiento de los caladeros, las capturas se reducen cada año más. Según la FAO, el 75 por ciento de las reservas mundiales de pescado se encuentran agotadas o a punto de desaparecer. En 1955, un pescador conseguía unas 8 toneladas de pescado al año; hoy, multiplica por cinco esa producción.

Piña. En Costa de Marfil se han suprimido mies de hectáreas de cultivos de subsistencia para plantar piña que se dedica exclusivamente a la exportación, con lo cual los agricultores marfileños quedan a expensas de las fluctuaciones de los precios en el mercado mundial.

Maíz. Para producir una sola lata de maíz, que contiene 270 calorías, el agricultor gasta 2.790 calorías. Es decir, cada caloría producida cuesta 10 calorías de energía. ¿Dónde ha ido a para la energía disipada? Una gran parte habrá contaminado el entorno, especialmente los suelos y las aguas.

Imagen
Granja de pollos en China

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