viernes, 20 de julio de 2012

Grandes enigmas de la existencia


Gonosiana recoge sobre todo mis inquietudes sobre la consistencia de la realidad. Sobre todo los "tenues y eternos intersticios de sinrazón" de su arquitectura, parafraseando a Borges.

Desde el más ínfimo nivel de materia del que tenemos conocimiento, hasta la que consideramos más alto nivel de pensamiento, la inteligencia humana, los científicos tratan de encontrar respuesta para todos los enigmas que tachonan el camino.

Presento en Gonosiana siete preguntas básicas que, que además de producirme una desasosegante inquietud, pueden dar pistas sobre el sentido de la vida y algunas de las respuestas que a lo largo de los siglos ha tratado de dar el ser humano.

Todo el Universo en su conjunto es un enorme enigma si partimos de la base de que sólo percibimos la realidad a través de nuestros sentidos, pero esos mismos sentidos, gracias a los experimentos científicos que se realizan en los laboratorios, sabemos que nos engañan y que nos ofrecen una visión sesgada del mundo. Lo observado está condicionado al observador. He aquí donde radica el gran hallazgo del Siglo XX (¿cuál será el del XXI?).

¿Cuál es realmente la realidad? ¿Existe la realidad tal como la concebimos o se trata de tan sólo de un convencionalismo mental, sensorial e incluso social?

A partir de esta pregunta básica, debemos plantearnos sobre lo que sustenta nuestra idea de realidad, esto es la materia. Pero por más que los científicos buscan el último peldaño, el ladrillo primordial de todo cuanto existe más sorprendidos se quedan: la materia es una vibración, tan sólo una energía en movimiento.

Así que la segunda pregunta que me provoca cavilaciones es ¿de qué está hecha la materia? ¿Hasta dónde han llegado los científicos (reciente descubrimiento del bosón de Higgs) en sus investigaciones para encontrar el último residuo de materia? ¿Qué falta por descubrir? ¿Por qué se organiza la materia como se organiza (Sinergética, la doctrina de la acción en conjunto)?

Planteado este enigma, el siguiente eslabón en mi curiosidad, una sed siempre insatisfecha, es sobre el origen de la vida, cómo se desarrolló una conciencia a partir de unos átomos de materia supuestamente inanimada.

Pero, los científicos se interrogan, como un gran misterio, sobre el origen de lo que denominamos vida orgánica. ¿Cómo se formó la vida? ¿Vino del espacio (¿Panespermia o sopa primordial?)?

En sí, parece que es un misterio que tal vez nunca se resuelva a no ser que algún día nos topemos con otras criaturas cósmicas que conozcan ese secreto, o bien podamos conocer un planeta donde se den condiciones similares a las terrestres en sus primeros milenios de formación.

¿Tiene algún sentido la existencia?

Este enigma encuentra su continuidad y colofón en una serie de interrogantes que además de en mi curiosidad desatan vivas polémicas entre los científicos: ¿Cómo se organizan las moléculas? El enigma de las células: ¿qué hace que las células se dividan? ¿Cómo forma la célula un organismo?

Y, ya pasamos a una de las controversias que lindan el ámbito de lo religioso: ¿Qué es un gen? ¿Cómo saben los genes cuándo conectarse y desconectarse durante su desarrollo? ¿Somos los seres vivos algo más que robots en manos de los genes?

Si nos detenemos en el ámbito de lo humano, tenemos que preguntarnos por los eslabones perdidos y por el origen de la inteligencia: ¿Cómo nació la consciencia? ¿Cuáles fueron nuestros antepasados en la creación? ¿Darwinismo o lamarckismo? ¿Quiénes serán nuestros sucesores evolutivos (inteligencia artificial o memes)?

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