viernes, 6 de julio de 2012

El Teorema de Bell


¿Puede algo viajar más deprisa que la luz?¿Podría explicar la ciencia la telepatía? El teorema de Bell daría respuesta a muchos fenómenos que hoy nos resultan incompresibles, ya que propone que el universo está conectado entre sí de una forma aún desconocida por la física.

Todo comenzó en 1935, cuando Einstein y sus colegas Podolsky y Rosen trataron de rebatir la idea de que el universo está regido por el azar, tal y como proponía la mecánica cuántica. El descubridor de la teoría de la relatividad había asegurado que “Dios no juega a los dados”, dando a entender que debía existir una explicación matemática para los fenómenos de incertidumbre en las partículas.

La paradoja EPR

Con estas premisas, los tres científicos propusieron, entre otras ideas, una paradoja, que se conoce como EPR. Expusieron que, en un sistema de dos partículas gemelas, la medición de una de ellas no podría afectar a la otra que se encontrara a millones de años luz de distancia, ya que según la teoría de la relatividad nada puede viajar por encima de la velocidad lumínica. Si la mecánica cuántica tenía razón, al cambiar el spin (movimiento de rotación interna) de una partícula, simultáneamente su gemela quedaría afectada sin importar la distancia a la que se encontrase.

En 1964, el físico John Bell del CERN de Ginebra desarrolló una fórmula matemática conocida como desigualdad de Bell, que expresaba la diferencia entre la teoría cuántica y la relatividad, es decir una base teórica para que se comprobase experimentalmente la paradoja EPR. A falta de la tecnología que confirmase esta teoría, el experimento no pudo llevarse a cabo hasta 1982, cuando Alain Aspect de la Universidad de París demostró, sin lugar a dudas, que Einstein no llevaba razón.

Sin embargo, abrió una profunda reflexión filosófica: ¿es la realidad tal como la percibimos? En el universo de las partículas, que es también nuestro universo, el espacio y el tiempo son sólo convenciones sin ningún sentido ya que la información es instantánea. Falta ahora el método científico que aplique ese conocimiento a nuestra realidad, a las capacidades de nuestra mente. Cuando eso se consiga podremos comprender porqué la revista Physics Today comentó: “Todo aquel que no esté preocupado por el teorema de Bell, debe tener una piedra en lugar de cerebro”.

En la imagen:
Alain Aspect

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