domingo, 29 de julio de 2012

El desastre de la Revolución Verde

Lo que se anunciaba como el gran arma de la humanidad contra el hambre, ha resultado ser un fiasco y un desastre de grandes dimensiones auspiciado por las grandes multinacionales.

Después de la Segunda Guerra Mundial, se desarrollaron variedades enormemente productivas de trigo y arroz en México y Filipinas, hasta el punto que la producción en ciertos países, como la India y Pakistán, se duplicó en una década. ¿Se había acabado con el hambre?

Los políticos se saludaron triunfalistas, e incluso al inventor de esta denominada Revolución Verde, el agrónomo estadounidense Norman Ernest Borlaug, se le concedió el premio Nobel de la Paz en 1970.

Pero las cosas tomaron derroteros más dramáticos de los previstos. Para mantener la potencia productora de estas variedades se requieren grandes cantidades de fertilizantes y pesticidas, de tal manera que sólo los granjeros que podían hacer frente a los altos costes de producción se vieron beneficiados.

Como dice Clive Ponting, “los pequeños agricultores (la mayoría) no tenían suficiente tierra ni capital para que mereciese la pena adoptar los nuevos tipos, y los grandes terratenientes, que sí disponían de los recursos necesarios, consiguieron acumular más riqueza, ampliar sus posesiones, comprar la tierra a los campesinos y convertirlos en jornaleros sin tierra”.

Esta situación de deterioro abarcó prácticamente todo el mundo. Hacia los años ochenta, más de cincuenta países que en los años treinta habían sido autosuficientes se habían convertido en importadores netos de alimentos.

¿Qué futuro nos aguarda?

Los optimistas consideran que de la misma forma que durante este siglo se han encontrado maneras de incrementar la producción, en un futuro también se hallarán. Pero, la solución no se vislumbra a corto plazo, especialmente cuando las condiciones climáticas parecen haber sido alteradas por el efecto invernadero.

Entre las propuestas positivas, un informe de Lester Brown, presidente del prestigioso Instituto Worldwatch contiene algunas recomendaciones para paliar este desaguisado medioambiental, aunque cuestiones políticas y comerciales conseguirán que queden sólo en pretensiones utópicas: Convertir los campos de tabaco en campos de maíz; prohibir toda construcción sobre terrenos agrícolas, aumentar el precio del agua; alentar a los ciudadanos a cultivar su jardín; gravar impositivamente la carne como se hace con las bebidas alcóholicas; y aumentar considerablemente los recursos en investigación agronómica.

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Plaguicidas para cosechas de alto rendimiento

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