viernes, 20 de julio de 2012

¿Cómo nació la consciencia?


Si la génesis y la forma, incluso la evolución, de los seres vivos despierta controversias y pasiones, es en el terreno de la inteligencia y la consciencia (conciencia: conocimiento que se tiene de algo; consciencia: conocimiento que se tiene de sí mismo) donde las opiniones encontradas entran en el terreno de las creencias y el fanatismo.

¿Cómo puede describirse científicamente un sueño?

Aquí no existen las teorías, sino los sentimientos, porque ¿cómo puede describirse científicamente un sueño? Tal vez un psicólogo se acerque más a la realidad del fenómeno que un neuroquímico, quien por mucho que lo disecciones en electroencefalogramas y proteínas, nunca podrá describir el tremendo potencial creativo que contienen las imágenes oníricas.

Las funciones mentales no se pueden describir mecánicamente, pero podemos aproximarnos a ellas desde distintas perspectivas. En primer lugar, tenemos que considerar el porqué de que haya aparecido la inteligencia en el hombre. Podemos partir del “soplo divino” como hipótesis de trabajo, pero esa explicación invalidaría todos los siglos de conocimiento humano, ya que todos los fenómenos podrían describirse con el mismo argumento, como en la Edad Media.

Lo psíquico nació de lo prepsíquico

Según las tesis evolucionistas, lo psíquico nació de lo prepsíquico. Como dice el paleontólogo alemán Heinrich K. Erben, “mientras la organización se complica, a medida que se asciende en la escala animal, también la conducta y las capacidades psíquicas se hacen cada vez más complejas”. Ello sería beneficioso para la adaptación al medio, para mejorar en las condiciones de la selección natural.

Esto es, que la inteligencia es, evolutivamente correcta y se ha manifestado en la naturaleza hasta llegar al hombre de la siguiente forma: percepción sensorial, que sería el registro de las sensaciones importantes para la supervivencia del organismo; el instinto que sería un mecanismo que se dispara por resortes externos o internos y que provocan un comportamiento determinado para la conservación de la vida y de la especie; la consciencia, que a diferencia del instinto, provoca un programa de comportamiento al que se le pueden incorporar experiencias individuales; y la razón, una cualidad ya específica sólo del ser humano que provoca manifestaciones como la abstracción, la actuación sistemática, el conocimiento causal y las relaciones lógicas con lo que es capaz de crear todo aquello a lo que damos el nombre genérico de “cultura”.

Según el estudio de la evolución animal el hombre podría muy bien haber seguido todo este proceso, ya que de hecho fisiológicamente ha ido acumulando un cerebro sobre otro (reptil, mamífero, primate, humano) hasta llegar al que poseemos actualmente que no se ha modificado sustancialmente en varios millones de años.

¿Qué le seguirá? Algunos científicos visionarios como Marvin Minsky o Hans Moravec ven el los ordenadores a nuestros descendientes evolutivos, pero esa es otra historia.

Genes y memes

Richard Dawkins añade fuego a la polémica y no habla de evolución cerebral, sino genética, ya que opina que la unidad de información básica de la vida, el gen, está comenzando a ser sustituida por un nuevo tipo de unidades inmortales que se transmiten de individuo a individuo llamados memes.

Esta palabra procede del griego mimeme (imitación), y si estudiamos con detenimiento su hipótesis no parece tan descabellada. Los memes más antiguos serían los relacionados con la religión o la mitología. La idea de Dios, a pesar de las mutaciones sufridas, es un buen ejemplo de meme.

Acerca del funcionamiento del cerebro y su finalidad también se han establecido muchísimas teorías, pero la que nos llama más la atención es la del pansiquismo de Theilard de Chardin, según la cual la totalidad del universo tiene una especie de consciencia.

Al respecto, escribe el físico Freeman Dyson: “Creo que nuestra consciencia no es un epifenómeno pasivo llevado a cabo por los procesos químicos de nuestro cerebro, sino un agente activo que fuerza a los complejos moleculares a que elijan un estado cuántico u otro. En otras palabras, la mente es inherente a cada uno de los electrones”. Todo está conectado con todo, y volvemos como en un gigantesco bucle a nuestro primer enigma, ¿cómo se crea la realidad?

Imagen:
El Pensador, de Auguste Rodin

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