domingo, 24 de junio de 2012

Theilard de Chardin: evolucionista y católico


El jesuita Pierre Theilard de Chardin está considerado como el pensador católico que más ha contribuido al pensamiento filosófico del siglo XX, hasta el punto que se le ha denominado el nuevo santo Tomás de Aquino. Antropólogo, filósofo y teólogo francés, sus estudios le llevaron a asegurar que el hombre se encuentra en el umbral de un cambio de conciencia similar al que los seres humanos debieron de experimentar como entes primitivos cuando empezaron a pensar por primera vez.

Theilard de Chardin nació en mayo de 1881 en la localidad francesa de Saucenat. Su madre, Berta Adela de Dompierre d’Hornoy era descendiente de Voltaire y su padre, Alejandro Victor Manuel Theilard de Chardin, fue un destacado naturalista e investigador de documentos históricos, el cual descubrió la única carta manuscrita que se conoce de Juana de Arco.

A los 11 años ingresó en la Compañía de Jesús, donde se ordenó sacerdote en 1911. Junto a los estudios de teología desarrolla la vocación que ocupará toda su vida, la geología y la paleontología, esto es las piedras y el pasado del hombre, disciplinas sobre las que imparte cursos antes de ejercer la investigación de campo. Realiza excavaciones en Europa durante once años, hasta que marcha a Oriente a participar en distintas expediciones antropológicas.

En el norte de China pasa diez años, durante los cuales descubre junto con Licent pruebas de la existencia del hombre paleolítico en China. En la China meridional participa en 1929 del hallazgo del famoso hombre de Pekín o sinantropo pekinense, pieza clave en el estudio de la evolución del hombre, restos que desaparecieron durante la guerra chino-rusa en 1941, y que volvieron a estar de actualidad hace 20 años por tenerse indicios de que se encontraban en la zona de Nueva York, pero las pesquisas desde 2005 por parte del Gobierno chino no han dado frutos.


Las exploraciones de Theilard se extendieron hasta la edad de 65 años por China, Tíbet, Cachemira, Birmania y Java. Murió el 10 de abril de 1955 en Nueva York a la edad de 74 años.

Una buena parte de su obra se encuentra aún inédita, debido sobre todo a que las publicadas en vida se toparon con la censura de las autoridades eclesiásticas, hoy aún más denostado por la pujante corriente creacionista dentro del Vaticano (aún es muy recomendable la revisión de ese clásico que es Las Sandalias del Pescador tanto en cine como en novela).

Destacan El fenómeno humano, El fenómeno espiritual y El corazón de la materia, cuyo conjunto constituye una especie de autobiografía espiritual. En sus conclusiones, tras largos años de investigaciones, estableció que el origen de la Humanidad había que buscarlo en África, y, concretamente en la región de Kenya.

Consideraba a la Humanidad como una unidad biológica de amplitud planetaria, una teoría que se encuadraba en el denominado organicismo del biólogo Ludwig von Bertalanffy. El cosmos tiende siempre a la vida y toda forma de vida encuentra su expresión más alta en el hombre, el cual tiende hacia el mundo del espíritu.

Para el padre Theilard, ese espíritu opera sobre ser humano hasta realizar el paso de lo natural a lo sobrenatural. Esa espiritualización es identificada con un cambio en el estado cósmico, que exige una transformación íntegra de la materia. Toda la vida conduce al Punto Omega.

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