domingo, 3 de junio de 2012

Pulpos de pared


Si pasamos junto a una pared húmeda camino de la sala, podemos observar otro habitante invisible y hogareño que ha llegado por el aire en forma de espora y se ha adherido al muro. Son los hongos. Si la pared está seca, la espora rebota, pero si el clima es húmedo resulta de lo más acogedor e inmediatamente empieza a crecer como un pulpo mutante con un gran número de brazos o hifas, que le servirán para atrapar los alimentos tales como granos de azufre, cola del papel pintado si lo hay o los metales disueltos en la pintura. De hecho, cuando se pasa cerca de una pared húmeda no advertiremos su presencia, pero sí el olor a moho que producen y que procede de la expulsión de gases del exceso de alimentos.

También es habitual en nuestros hogares otra conocida criatura bacteriana. Se trata de las pseudomonas, las cuales portamos en todos lados y cualquier lugar es bueno para que se reproduzcan. La vista más aguda y penetrante no vería siquiera cien mil pseudomonas juntas. Se impulsan mediante una cola que utilizan como hélice y su velocidad de crucero es -0,0001609 kilómetros por hora, la cual resulta una velocidad increíblemente rápida para su tamaño, según los microbiólogos.

Su lugar preferido de residencia, al igual que el de muchas otras bacterias, es el trapo de la cocina con el que secamos los platos y las superficies húmedas. Como señala el escritor David Bodanis: “Los horrores que contiene este simple tejido no son algo que pueda contemplar sin estremecerse una persona de escasos arrestos”. Con el tamaño imaginario que tenemos, bien podríamos ir a parar a este ilustre trapo. Y sería terrible: cada migaja de pan, cada residuo de comida, cada gota de aceite dará lugar a la aparición de especies distintas de microbios especializados. Los epidemiólogos no dejan de advertir sobre los peligros que representa el trapo de cocina para propagar las poblaciones bacterianas dentro del hogar.

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