sábado, 16 de junio de 2012

El Big Bang o la necesidad de creer en Dios

¿Y si realmente nunca hubo un Big Bang? A pesar de las evidencias que los astrónomos ortodoxos presentan con los resultados del satélite COBE y la radiación de fondo (expuesta por G. Smoot) o la fijación de la temperatura del universo muy cerca del cero absoluto (presentada por J. Mather hace tan sólo unas semanas), científicos como Fred Hoyle o Halton Arp han desarrollado argumentos sugerentes que plantean la hipótesis de que el universo está en continua creación, la idea de un universo estacionario, esto es no inflacionario, sin principio ni fin.

El propio Fred Hoyle, astrónomo y matemático británico aseguraba en una entrevista que las pruebas fotográficas presentadas como la demostración patente de la existencia de un Big Bang “son, simplemente, un ejercicio de propaganda de la NASA”.

Para Hoyle, la teoría convencional de la gran explosión carece de auténticos soportes racionales, que no son mas que un reflejo de la necesidad de creer en la acción de Dios. “De hecho -dice Hoyle-, entre los científicos de más calidad de los países del Este, que suscriben religiones diferentes a las europeas o americanas, la teoría del Big Bang se enfoca de manera más prudente. Eso no significa que yo niegue implícitamente la existencia de Dios”.

Pudiera ser que en nuestra necesidad racional de encontrar pruebas de la existencia de Dios hayamos aceptado demasiado alegremente una teoría científica que apoyaría ampliamente esa existencia (sólo una intervención divina podría hacer explotar un punto infinitamente pequeño en el que estaría inimaginablemente condensado todo lo que forma nuestro universo).

Los cuásares se asocian a galaxias activas

Los argumentos de Arp tienen cuatro sólidos puntos de anclaje, especialmente el que asegura que los cuásares no son los objetos más distantes del universo, como asegura la cosmología institucionalizada, sino que están asociados a galaxias cercanas y activas. Como el lector sabe, los cuásares son objetos celestes que en un principio parecían estrellas corrientes, pero que emiten radioondas con una inusitada potencia. De ahí el nombre, “radiofuentes cuasi estelares”.

Su corrimiento hacia la zona roja del espectro parece indicar que se alejan a gran velocidad y que se encuentran a una distancia muy lejana, hasta 10.00 millones de años-luz, y así es como se acepta por, prácticamente todos, los astrónomos.

Su segundo argumento asegura que el desplazamiento al rojo de los cuásares nada tiene que ver con la velocidad, ni la expansión del universo, sino que se trata de una característica propia del cursar, algo así como un distintivo por el que se reconoce. Pero no sólo los cuásares tienen anómalos desplazamientos al rojo, sino galaxias enteras, que además están relacionadas con ellos. Ésa es su tercera constatación tras muchos trabajos de observación.

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