martes, 10 de abril de 2012

Las creencias paranormales de Margaret Mead

No son pocos los científicos que además de las disciplinas ortodoxas que desarrollan en su campo de actividad, han coqueteado con la heterodoxia paranormal. Uno de los casos más reconocidos es el de Margaret Mead.



Inquietud por lo paranormal

Una de las mujeres más influyentes en el pensamiento contemporáneo ha sido sin duda la antropóloga Margaret Mead. No sólo popularizó esa disciplina científica, sino que con su libro Sexo y temperamento en las sociedades primitivas contribuyó a la consolidación del feminismo al afirmar que el machismo no tenía ninguna base biológica, sino que se trata de una pauta cultural. Además su inquietud por lo paranormal se tradujo en un apoyo decidido y constante a la investigación parapsicológica.

Nació en Filadelfia, Estados Unidos en 1901, de padres intelectuales. Sus primeros años de vida fueron un constante traslado de una ciudad a otra hasta el punto de que cuando cumplió 16 años había vivido en 60 casas diferentes. Cuando cumplió los once años reaccionó contra el agnosticismo de sus padres y se unió a la iglesia episcopaliana, aunque sus preocupaciones religiosas eran mucho más abiertas: “Cuando digo que soy cristiana –declaró– no quiero decir que no sea musulmana, budista o judía”.

Tres maridos

El primero de sus tres maridos, aunque fueron muy comentadas las veleidades homosexuales de la antropóloga, fue un sacerdote, y los dos siguientes, antropólogos; el último de los cuales fue Georges Bateson, con quien tuvo una hija a los 38 años. Su capacidad de trabajo era grandísima ya que pudo escribir 39 libros, elaborar 1.397 artículos y rodar 43 películas documentales, además de viajar constantemente por todo el mundo, especialmente el Pacífico, para realizar sus trabajos antropológicos.

Paranormalidad primitiva

A lo largo de toda su vida estuvo muy interesada en lo paranormal. Ella misma reconoció que dentro de su familia se dieron casos de poderes extraordinarios. De su tía bisabuela, Louisiana Priscilla Ramsay, se decía que poseía la capacidad de flotar por las habitaciones, diagnosticar enfermedades y leer en las mentes de los demás. Por sus trabajos de campo llegó a la conclusión de que los poderes parapsicológicos eran normales en las culturas primitivas, y que no existe una cultura que tenga mayor proporción de psíquicos, se diferencian sólo en cómo les tratan en cada una de las culturas: algunas los animan, mientras otras los cohiben.

En 1942 entró a formar parte del equipo gestor de la Sociedad Americana para la Investigación Psíquica, y en 1946 fue nombrada miembro de su comité de investigación. Su apasionada intervención logró que en 1969, la Sociedad Americana para el Avance de las Ciencias admitiera la Asociación Parapsicológica, fundada por J.B. Rhine, como miembro de la organización.

Creencia en los ovnis

Margaret Mead propuso el término “otros sentidos” para los conceptos “extrasensorial” y “paranormal”, ya que éstos parecían referirse a fuerzas que se encontraban más allá del alcance de las ciencias. También creía en los OVNIs. Según Mead, la actitud de sus tripulantes, si es que los hubiera, es la de espectadores de lo que ocurre en la Tierra; nos vigilan “no vaya a ser –escribió Mead– que desencadenemos una reacción en cadena que pueda repercutir mucho más allá de nuestro sistema solar”.

Murió a los 77 años, en 1978, en Nueva York a causa de un cáncer de páncreas, asistida por un curandero psíquico chileno llamado Reverendo Carmen di Barazza.

domingo, 8 de abril de 2012

Athanasius Kircher

Este jesuita y polígrafo alemán, nacido en la primavera de 1602 en Geisa, cerca de Fulda, tal vez sea el último representante intelectual del Renacimiento. Kircher perteneció a una estirpe de intelectuales, extinguida con la especialización, capaz de compaginar indudables conocimientos de astronomía con la descripción en clave pitagórica de la armonía de las esferas o la mística de un viaje angélico por los cielos con la observación de las manchas solares a través del telescopio.



Kircher: Religioso y heterodoxo

Considerado por unos padre de la geología, enciclopedista musical del primer Barroco, inventor de la linterna mágica, experto en lenguas orientales y traductor de los jeroglíficos egipcios, otros le achacan mantener creencias atávicas como la palingénesis, resurrección de plantas a partir de sus cenizas que él mismo sostenía haber realizado, la existencia de la Atlántida, la generación espontánea de los insectos o la veracidad absoluta del Antiguo Testamento, que le condujo a dedicar numerosas páginas a cuestiones como el Diluvio, la altura de la Torre de Babel o a la distribución de los animales en el Arca de Noé.

Esa misma poderosa naturaleza intelectual se refleja en su vida, especialmente en anécdotas de su juventud que escribió personalmente. Desde temprana edad se sintió señalado por Dios para algún destino especial, puesto que durante su mocedad escapó cuatro veces de la muerte de forma que consideraba milagrosa e, incluso ya ordenado sacerdote, continuaba sufriendo visiones premonitorias como la de la invasión de las tropas protestantes suecas de Gustavo Adolfo, que supusieron su salida de Alemania.

Tras breve paso por Francia, en 1633 fue llamado para suceder a Kepler como astrónomo imperial en Praga. Nunca llegó a ocupar el cargo, puesto que al llegar a Roma la Compañía le alojó en el célebre Colegio Romano, que iba a ser su hogar hasta su muerte y donde encontró las facilidades necesarias para comenzar sus investigaciones científicas y humanísticas, concentrándose en un tema diferente cada tres o cuatro años.

Jeroglíficos egipcios

Pero, la razón por la que se quedó en la Ciudad Eterna, participar en una comisión para el estudio de los jeroglíficos egipcios, se transformaría en su obra más importante, el Oedipus aegyptiacus. Publicada en 1652, contenía la idea, a todas luces errónea, de que la escritura jeroglífica egipcia sólo podía comprenderse con la ayuda del Espíritu Santo, algo muy lejos del método desarrollado en el siglo pasado por Champolion. Pero acertó a establecer la relación del copto y de la antigua lengua egipcia, y su segundo volumen encierra una profusa información sobre antiguas doctrinas, especialmente herméticas y neoplatónicas, cuyo valor es aún inestimable.

Con el tiempo, Kircher aplicó en sus escritos la terminología ocultista, aceptadas por sus superiores jesuitas que veían con buenos ojos que un miembro de la Orden se situase en primera línea del campo del hermetismo y la magia renacentistas, detentada a menudo por grupos radicales del protestantismo. Y, aunque dedicó mucho tiempo y energías a estos asuntos, antes y después abordó una prodigiosa variedad de disciplinas.

Magnetismo y vulcanismo

Realizó estudios de magnetismo y de vulcanismo; investigó las causas de la peste, que acertadamente achacó a los gérmenes; investigó sobre astronomía y óptica; recopiló información sobre China, donde quiso ser misionero, y diseñó una computadora preelectrónica para componer música, el arca musarrítmica.

En su Poligraphia nova, propuso un lenguaje universal de símbolos con vocabulario en latín, italiano, español, francés y alemán; expuso los significados del número en Arithmologia; desarrolló un sistema lógico inspirado en el Arte de Raimundo Lulio en Ars Magna Sciendi, su obra más hermética mientras que en la más popular, Mundus subterraneus, escribió sobre geología, fósiles, demonios de las profundidades, venenos, minería, pirotecnia o alquimia.

En sus últimos años sufrió los ataques de estudiosos que ya no temían la autoridad de los jesuitas. Retirado de toda actividad intelectual a partir de 1678, se dedicó a impartir ejercicios espirituales hasta su muerte, acaecida en Roma en noviembre de 1680.

El delfín como mito


En la cosmología griega sobre el delfín, éstos mamíferos marinos son humanos perversos, piratas, transformados en bondadosas criaturas por el dios Dionisos. Así adquieren su simbolismo como regeneración, ya que a partir de la conversión, los malvados se esfuerzan en salvar a los humanos náufragos.

El mito del cantor Arión, inventor de la lira, es un buen ejemplo en la mitología griega. Tras ser arrojado al mar por unos marineros para robarle, su canto atrajo un cardumen de delfines que le transportaron sano y salvo a la playa.

Entre los griegos, según Robert Graves, es muy recurrente la figura délfica, una de las apariencias de Apolo y da nombre al oráculo más famoso: Delfos, ya que allí llegó su fundador Icadio, salvado por un delfín tras naufragar. Otro delfín salvó a Énalo, cuando se arrojó al mar para salvar a su amada Fineis, quien a su vez es rescatada por un delfín hembra.

Felanto, el fundador de Tarento, fue salvado por un delfín cuando naufragó en su viaje a Italia, y por ello el mamífero marino fue adorado allí como un dios. En Corinto, un delfín domesticado representaba el Año Nuevo.

En el arte funerario de los cretenses, unos delfines conducen frecuentemente las almas de los muertos a las islas de los Bienaventurados. En ese sentido fueron deificados. Y en heráldica, dice Hans Biedermann, se representa el delfín como puerco marino con escamas, por ejemplo en el escudo del delfinado, esto es entre los sucesores al trono del rey de Francia. Por esa referencia marina en su escudo fueron llamados “delfines”.

En una época reciente, el símbolo délfico ha tenido una resonancia moral auspiciada por la iglesia católica, hasta el punto de que en los libros aptos para jóvenes se añadía la observación “ad usum delphini” (para uso del delfín).

En muchas ocasiones, la figura del delfín aparece duplicada. Cuando se hallan en la misma dirección simboliza el equilibrio de fuerzas iguales. Cuando están dispuestos en forma invertida, dice Cirlot, significa la doble corriente cósmica de la involución y la evolución.

En alquimia, delfín es el principio húmedo y frío de la Obra: el mercurio, que se coagula poco a poco al entrar en contacto con el azufre. Cyrano de Bergerac, según J. Felipe Alonso lo cita como “amigo fiel del alquimista, el que debe absorber el fuego secreto, la energía ígnea de la salamandra”.

sábado, 7 de abril de 2012

Diez razones para ser optimista en el siglo XXI

Claro que hay razones para el pesimismo, pero también para el optimismo en este siglo que nos toca vivir.
La tecnología de lo microscópico, que en en esta época está dando sus primeros resultados comerciales, pudiera representar la última esperanza científica para arreglar el medio ambiente.
  • Energías renovables
Resulta gratificante que el consumo procedente de fuentes de energías renovables aumente frente a las convencionales basadas en combustibles fósiles, como carbón y petróleo. La tendencia es todavía débil y sólo se invertirá a partir del 2050, cuando el consumo de energías limpias supere al petróleo.
  • Voluntariado
Las ONG casi multiplicaron por cuatro sus ingresos entre comienzos y finales de la década de los 90. Es una esperanza el auge del asociacionismo que indica que algo está cambiando en nuestras conciencias. 500.000 voluntarios trabajan en España para que el mundo sea mejor.
  • Salud holística
Cada vez más médicos cuando acaban la carrera dicen que ahora se van a poner a aprender medicina, y comienzan a estudiar acupuntura, psicología, homeopatía y todas las medicinas alternativas que contemplan al ser humano en toda su dimensión: física, psíquica y espiritual.
  • El trueque y la Tasa Tobin
La gran crisis provocada por el capital especulativo ha movido a numerosos economistas a reclamar un impuesto que grave las operacio nes financieras especulativas con un impuesto de solidaridad con los países menos desarrollados. Lo propuso James Tobin, Premio Nobel de Economía, por lo cual se conoce a este impuesto como tasa Tobin.

Por otra parte, cada vez se extienden más las redes de trueque como alternativa a la sociedad consumista. Este movimiento se lleva fraguando desde 1983 con el nombre de LETS o Sistema de Intercambio y Comercio Local. Como dice Paul Glover, uno de los fundadores de este sistema: “No nos podemos quedar cruzados de brazos viendo cómo las multinacionales vampirizan las economías locales y destruyen el planeta”.
  • Alimentos biológicos
La alternativa a la imposición de unos perjudiciales hábitos alimenticios impuestos por la sociedad de consumo, se encuentra en la alimentación biológica o ecológica, que ha experimentado un desarrollo impresionante en los países desarrollados.
  • Reciclaje (Las tres R. El ciudadano verde)
La conciencia ecologista se extiende a los hogares. Las normativas sobre reciclaje, los puntos verdes o el interés por la recuperación están en auge, pero aún son minoría entre los ciudadanos. Eso a pesar de que hemos visto cómo una nueva generación educada en los valores naturales está a punto de incorporarse al mundo laboral (aunque todavía no son conscientes de la precariedad de derechos que les toca).
  • Anarquía en la red
Si la red se ha planteado como el triunfo del Gran Hermano orwelliano, también ha permitido el desarrollo del anarquismo más contumaz. Los movimientos se organizan espontáneamente y cobran fuerza por días. Países del Norte de África y Oriente Medio han comprobado la fuerza de las redes sociales, así como los movimientos 15-M y similares.
  • Utopías
El milenio, además de sus zonas oscuras también es tiempo de utopías que se traduce en la ilusión de viajar a las estrellas, luchar por dar una vida digna a todos los pueblos del planeta, evitar el sufrimiento de los perseguidos por motivos políticos y religiosos, el renacimiento de ancestrales formas de espiritualidad, etc. Ahora, muchas personas han encontrado una utopía en el horizonte por la que trabajar.
  • Ecoactivismo
El ascenso de los partidos verdes es un hecho y sin duda crecerá. Pero por otro lado, para muchas personas el ideario ecologista se convierte en obsesivo y se llegan a utilizar tácticas terroristas, como el Ejército de Liberación Animal o grupos radicales estadounidenses. Para ellos, se trata de la única manera de despertar las conciencias.

Diez razones para ser pesimista en el siglo XXI

El siglo XXI será ecopesimista, aunque también existan (escasas) razones para el optimismo. El término “ecopesimismo” se lo debemos a Pedro Costa Morata, Premio Nacional de Medio Ambiente 1998, quien lo define como “la percepción, más o menos extendida socialmente, de que los elementos básicos que constituyen el medio ambiente (aire, agua, suelo y recursos naturales) se desenvuelven bajo la acción continuada de una degradación sensible como resultado de la acción humana”.

El ecopesimismo nada tiene que ver con el fatalismo y se trata, en palabras de Pedro Costa, de “una de las pocas posiciones mentales y sociales que puede generar contestación, producir erosión y anunciar alguna brecha en la fortaleza del pensamiento único y la necrofilia dominante. Y una de las pocas actitudes saludables y constructivas frente al futuro, que no es ni más ni menos que el que se construye y arranca a despecho de la crudeza del presente”.

Las nuestras son predicciones realistas, están ocurriendo ya a nuestro lado, pero son sistemáticamente rechazadas por la sociedad de consumo. A lo sumo se puede aspirar a que se quemen menos bosques, a que la gente recicle un poco mejor su basura o a que se consuma gasolina sin plomo en los coches. Pero en lo fundamental, nuestra sociedad no quiere cambiar, aunque el cambio se producirá tarde o temprano, respondiendo a la misma dinámica que todas las estructuras disipativas del universo, teorizadas por el premio Nobel de Química Ilya Prigogine.

Las estructuras disipativas son sistemas que alcanzan tal grado de complejidad, que se vuelven ineficaces por estacionarios, hasta que un suceso (entrópico e irreversible) se transforma en el punto de inflexión por el que la entidad o sociedad se organiza de otra forma más evolucionada.

A continuación exponemos diez razones estrictamente ecopesimistas
  • Este siglo fragua un mundo de monstruos y quimeras genéticas
Los genetistas e industrias farmacéuticas han conseguido de sus respectivos gobiernos que levanten la prohibición de trabajar con embriones humanos, tras el hallazgo del siglo pasado que permite clonar células humanas embrionarias, es decir, cuando aún no se han definido. Los científicos pueden extraer de un embrión estas células e imponerlas sobre un hígado adulto, por ejemplo. Pronto las células indefinidas habrán adquirido las particularidades de una célula hepática. Desgraciadamente este descubrimiento traerá consigo un terrible mercado de embriones humanos vivos, los cuales hay que destruir para obtener las células madre.

Asimismo, se pretende crear un banco de datos genético con las células clonadas de todos los recién nacidos, con el objeto de generar una biblioteca de cultivos celulares con nombres y apellidos. Por último, es posible, si nos atenemos a la breve historia de la genética que se acabe seleccionando los mejores ejemplares humanos, los cuales serán reproducidos continuamente para dar lugar a sociedades como las descritas en Un mundo feliz o en Gattaca.
  • Incremento de las catástrofes naturales a causa del calentamiento global
Si el pasado siglo fue pródigo en catástrofes naturales, los expertos auguran otra década negra. La causa estriba en el calentamiento global del planeta provocado por la actividad humana. Según la ONU, el número de afectados por cualquier tipo de cataclismo ha aumentado un 10 por ciento en el transcurso de los treinta últimos años. Y a pesar de ello, los países no se ponen de acuerdo para disminuir las emisiones de CO2 a la atmósfera, causa fundamental de los desequilibrios climáticos que sufrimos. Como las anteriores, la cumbre de Durban acabó sin acuerdos importantes y se dejaron para el año que viene las ratificaciones y tomas de decisiones. Mientras tanto, al planeta le sigue subiendo la fiebre, hasta el punto que si hoy tiene 1 grado más que hace cien años, dentro de 30, habrá llegado a 2 grados. O dicho de otra manera, si el nivel del mar ha aumentado de 10 a 20 centímetros durante el último siglo, en el 2030 estará por encima de los 50 centímetros.
  • Otra época violenta
Este año muchos chavales que nos rodean y nacieron en el 2000 cumplirán doce años. Si han consumido tres horas de televisión al día (una cifra modesta en ciudades y urbanizaciones), ya ha tenido tiempo de ver morir a 8.000 personas y aprender, con morboso detalle, cómo se cometían 100.000 actos violentos, un 73 por ciento de los cuales (según un estudio estadounidense de Mediascope) quedan impunes, ya sean personajes positivos o negativos. El departamento de psiquiatría de la universidad de Washington, en Seattle (EE.UU.), ha estimado que diez mil muertos son las víctimas del impacto que tiene la violencia televisiva en los habitantes de los Estados Unidos, es decir de la mitad de los homicidios que se producen en ese país.
  • Este siglo será de la enfermedad, no de la salud
Según el triunfalismo que predica el cuerpo médico, gracias a la medicina durante 1999 aumentará la esperanza de vida de los ciudadanos. Pero esperanza de vida, sostenida química, radiactiva, mecánica o quirúrgicamente, no es salud.

La esperanza de vida está relacionada con la higiene, la cultura, la riqueza y, como ha demostrado Amartya Sen, premio Nobel de Economía, con la democracia. El uso y abuso de fármacos, sin embargo, se relaciona con la enfermedad. Y creo que en Occidente nos llevamos la palma en cuanto a gasto farmacéutico. Este año, Estados Unidos va a perder 200.000 ciudadanos por abuso de medicamentos, lo cual supone una de las principales causas de muerte en el mundo desarrollado.

Eso por no hablar de la escasa resistencia que posee nuestro sistema inmunológico a los antibióticos, un problema cada día más preocupante porque en casi todos los países occidentales, las infecciones han progresado un 25 por ciento.
  • El siglo XXI verá un mundo cada vez más pobre
Este siglo nos hemos percatado de que el Sur no son sólo remotos países africanos o asiáticos, que está ahí a la vuelta de la esquina. Las desigualdades, incluso dentro de los propios países, se acentúan. El “estado del bienestar” sigue siendo una utopía.

2.600 millones de personas viven en la pobreza en el mundo. Los ingresos anuales de todo este montón de personas, es algo inferior al dinero que poseen las 500 personas más ricas del mundo. El hambre será sufrida este año por más de mil millones de personas de todo el mundo, a pesar de que existen suficientes alimentos para todos, pero mal distribuidos. Mientras en Europa se produce un 30 por ciento más de alimentos por cada uno de sus habitantes que a mediados de los años 60, en África se genera un 27 por ciento menos de alimentos por habitante que en 1967.
  • El siglo en que nos alimentamos peligrosamente
Nuestra falta de preocupación por saber qué le damos al cuerpo para su correcto desarrollo, sólo es equiparable a nuestra idiotez por no desear aprenderlo nunca. El 70 por ciento de los alimentos que consumiremos esta década serán de origen industrial. Los alimentos elaborados se encuentran repletos de aditivos que cada día se demuestran más implicados en enfermedades humanas. Recordemos que de los 80.000 productos químicos comercializados, sólo de un 20 por ciento se conocen algunos efectos sobre los seres humanos.

La biotecnología y la clonación, por ejemplo, nos prometen espeluznantes quimeras en la ganadería, fantásticos peces de granjas marinas y extrañas hortalizas en agricultura, pero no menos importante se presentan la reconstrucción de alimentos, la recuperación de legumbres y hortalizas perdidas, las técnicas de presurización, los embalajes de alucine o la brillante irrupción de las proteínas vegetales.

Por último, el peligro para los carnívoros es evidente: vacas y ovejas locas, gripe del pollo, peste porcina, clembuterol en la carne de vaca, turalemia de las liebres. Todas ellas enfermedades que los animales ya transmiten al hombre de un modo directo o indirecto.
  • El camino hacia el fin de la reproducción tal y como la conocemos
No se trata de que a partir de ahora todos los niños se reproduzcan in vitro porque sea la moda, es que la fertilidad masculina está amenazada hasta límites que aún no queremos escuchar. De hecho, se trata de un tema silenciado por la industria y los gobiernos. Culpables de la situación: los plásticos.

Cuando hace una década se dieron a conocer los resultados de la universidad de Copenhague sobre la pérdida de fertilidad masculina, apenas se concedió importancia pública en los medios de comunicación y, por supuesto, muchas instituciones de la salud de todo el mundo hicieron oídos sordos. Si en 1940, una eyaculación contenía 113 millones de espermatozoides por mililitro, en los años 90 del siglo XX, apenas se alcanzaban los 66 millones. ¿La causa? Los productos químicos que nos rodean, que actúan como el estrógeno, una de las hormonas femeninas que intervienen en los procesos sexuales y la reproducción. Cuando se incrementan los estrógenos en la sangre de un feto macho que se encuentra en proceso de formación, puede ocurrir que éste adquiere rasgos femeninos, como hipertrofia de los genitales, aumento del volumen de las mamas y pérdida de vello corporal.

Los autores del informe Nuestro Futuro Robado, han relacionado el aumento de la homosexualidad, tanto masculina como femenina, con los pseudoestrógenos ambientales. Esa relación ya se ha demostrado en animales desde los años 70, aunque falta un estudio riguroso en humanos.
  • Infoanalfabetos e infoproletarios, las nuevas clases desfavorecidas este siglo
Aquellos que no se encuentren conectados a las redes son los nuevos analfabetos y pertenecen a las clases sociales más desfavorecidas. Así lo pensaba hace ya 20 años Nicolás Negoponte, el guru de la era telemática. Vivimos en la era de la información y quien no sepa acceder a ella en cualquier rincón del globo está desenganchado del futuro. Jacques Attali hablaba de nuevos nómadas que sólo poseen lo que llevan encima: una tarjeta de crédito inteligente y un ordenador conectado a Internet. Aunque sólo posean esos objetos, serán los dueños del mundo. La otra cara de la moneda son los netalcohólicos, borrachos de información, adictos al ordenador, incapaces de vivir fuera de la red y para los que se han creado singulares servicios terapéuticos, pero eso sí, siempre dentro de Internet.
  • El nuevo siglo verá florecer tanto fanatismos como malas noticias
El futuro no es más que una incertidumbre que produce angustia y “dicha angustia es terreno propicio para comprar ideología barata, incorporarse a una secta, adherirse a movimientos caducos, religiosos, fascistas”, dice el prospectivista Hugues de Jouvenel.
Cada vez que leemos sobre un nuevo suicidio colectivo o el resurgir del integrismo islámico, poseemos una pieza más del puzzle futurista. El miedo empuja a la sociedad a buscar respuestas metafísicas, ya que la ciencia sólo genera nuevas incertidumbres, mientras que la religión ofrece la seguridad de la fe. La religión mormona, por ejemplo, se incrementa cada año en 200.000 nuevos acólitos y más del cinco por ciento de los estadounidenses se considera new agers, esto es, se sienten partícipes del movimiento espiritual de la Nueva Era.
  • Millones de especies desaparecerán en este siglo
La pérdida de la biodiversidad es otra de las grandes tragedias de nuestro nuevo siglo. 34.000 especies se encuentran en la lista de especies en peligro elaborada por la Unión Internacional para la conservación de la Naturaleza (UICN), amenazadas por las industrias alimentarias, peleteras, farmacéuticas y madereras. Se conocen 1,75 millones de especies vegetales, mientras que su número se estima en 13 millones. La mayoría no llegaremos a conocerlas porque se pierden definitivamente con la selva que las cobija. Se calcula que en la zona tropical, desaparecen de media cinco especies al día.

También las plantas cultivadas y los animales domésticos se encuentran en retroceso. Según la FAO (el organismo de la ONU para la alimentación y la agricultura), en los últimos 50 años se ha perdido el 75 por ciento de la diversidad genética de las plantas cultivadas. Pero la culpa la tenemos porque hemos reducido nuestra variedad alimenticia. De las 10.000 a 50.000 plantas comestibles que se calcula existen, tan sólo utilizamos de 150 a 200 para nutrirnos.

Una farmacia en el fondo del mar


Entre las innumerables sorpresas que las profundidades marinas nos reservan, tal vez la más importante y, al mismo tiempo, más desconocida sea la formidable fuente de nuevos remedios de origen biológico que albergan. Si dejamos a un lado sus peculiares formas de vida, su fauna extravagante en ocasiones más cercana a la mitología que a la ciencia, nos encontramos con algo tan cotidiano como insospechado: nuestros fondos marinos atesoran una inmensa farmacia eternamente de guardia.

Entre sus más de quinientas mil especies vivientes, las investigaciones se centran, no sin pagar un elevado coste de explotación, en sustancias extraídas de los microorganismos que habitan entre los corales y las esponjas marinas. A partir de tales sustancias se pueden elaborar desde antibióticos hasta inhibidores de la actividad enzimática.

Fue en 1988 cuando, gracias a los fondos reunidos por veinticuatro industriales japoneses y a los equipos investigadores que sus empresas proporcionaron, se creó el Marine Biotechnology Institute (Instituto Biotecnológico Marino) con sus dos laboratorios pioneros de Shimizu y Kamaishi, que abrieron una importante brecha en la investigación de las riquezas submarinas. Como resultado de los hallazgos realizados, decenas de patentes se encuentran ya en depósito.

Pero no vayamos a pensar que todo es tan sencillo. El National Cancer Institute (NCI) dedica entre tres y cuatro millones de dólares anuales para el desarrollo de las biotecnologías marinas sólo en Estados Unidos. su principal meta, además de la búsqueda de sustancias antitumorales, se centra básicamente en las moléculas activas contra el SIDA.

Casi el total de los experimentos se llevan a cabo en Japón y Estados Unidos, países a los que se ha unido Francia, que ya en la década de los años setenta desarrolló el primer proyecto de estudio sistemático del mundo marino. El programa, bautizado con el nombre de SMIB, por sustancias marinas de interés biológico, se encuentra actualmente en proceso de renovación, con prioridad a los adelantos en biotecnología. El primer microorganismo a estudiar será un prochloron, organismo en forma de saco, del que los investigadores esperan extraer un antitumoral especialmente activo.

martes, 3 de abril de 2012

Ese peaso ritmo que no se pué aguantar


Todo el universo sigue un compás, un ritmo que no podemos comprender por nuestra limitada vida y por nuestras incapacidades sensoriales. Por ejemplo, existe un ritmo grandioso que transcurre nada menos que cada doscientos millones de años, lo que se llama un año galáctico. Es lo que tarda el Sol en girar alrededor del centro de la Vía Láctea, lo cual, según algunos científicos, puede afectar a los ritmos de actividad de la superficie terrestre con grandes transformaciones climáticas y orogénicas.

Órbitas

También se especula con un período más corto de cien mil años, tiempo que tarda nuestro planeta en cambiar la forma de la órbita alrededor del Sol, lo cual se supone que provoca, cada vez que se produce, importantes cambios en el clima. Asimismo, cada 42.000 y 21.000 años se producen variaciones en la rotación del eje terrestre, que, según las teorías del yugoslavo Milankovic, tiene como consecuencia épocas glaciales e interglaciales.

Ciertas hipótesis apuntan que cada 22 años, los polos magnéticos solares se invierten dos veces, lo cual provoca manchas solares con una periodicidad de 11 años. Según ciertas teorías existe una estrecha relación entre el ciclo de manchas solares y los grandes acontecimientos históricos.

El ritmo lunar también afecta poderosamente a los organismos terrestres. Cada 18,6 años se produce una alineación perfecta de la Tierra, la Luna y el Sol, responsable del ciclo de eclipses solares y de las mareas atmosféricas. Curiosamente ese mismo período de tiempo, 18, 6 años, es el ritmo que siguen las sequías del medio oeste estadounidense.

Otros ciclos lunares que nos afectan son los 29,53 días de intervalo entre dos lunas nuevas (un mes natural); los 27,32 días que dura la revolución mensual de la Luna en torno a la Tierra; y las 24 horas con 50 minutos que tarda la Luna en girar alrededor de la Tierra.

Ritmos cósmicos

Pero, los ritmos cósmicos más importantes para los humanos y los demás seres vivos que viven sobre este planeta, son los terrestres. Cada 365,2 días, la Tierra gira alrededor del Sol, lo cual determina, junto con la inclinación del Ecuador respecto a la órbita (23° 27'), las estaciones: primavera, verano, otoño e invierno. Por último, el tiempo que tarda la Tierra en girar sobre su eje de rotación, es decir 24 horas, está dividido en noche y día, lo cual marca nuestra actividad cotidiana.

Pero también en nuestro interior se producen ritmos de los que no solemos percatarnos porque no somos conscientes de ellos. El más pequeño de todos es 10 elevado a -14 segundos. Se trata del tiempo que tarda un electrón en pasar de un nivel energético a otro, de onda a partícula. Las moléculas de nuestro cuerpo, por su parte, tienen oscilaciones térmicas cada 10 segundos. Las neuronas tardan en activarse y desactivarse 10 elevado a -1 segundo.

Nuestro organismo

Nuestro corazón tiene un ritmo de latido de aproximadamente 1 segundo, mientras que respiramos cada cinco segundos más o menos en estado de reposo. Las células de nuestro organismo se dividen continuamente a un determinado ritmo. Por ejemplo, las células de revestimiento de la boca tardan cinco días en renacer, mientras que todo el tejido de las encías tarda 94 días en renovarse.

El vello de nuestro cuerpo cambia cada cinco meses y medio, mientras que todos los glóbulos rojos tardan 120 días en formarse de nuevo y  cada 26 días cambiamos de piel. Cuando tenemos una enfermedad nuestros ritmos internos se trastocan y nace la disfunción orgánica. Por ejemplo, si las células de la piel tienen un ciclo de transformación celular cada 308 horas, durante la enfermedad de la psoriasis (manchas rojas escamosas en la piel), este es de sólo 37,5 horas.