lunes, 12 de marzo de 2012

¿Encontró Newton la piedra filosofal?


¿Halló Newton la legendaria piedra filosofal de los antiguos alquimistas? Aunque es seguro que no pudo dar con ella, algunas notas de laboratorio dan motivo para pensar que Newton sí halló algunas de las sustancias elusivas y portentosas a las que aluden los tratados de alquimia. Así, en un ensayo alquímico de finales de la década de 1670, comentó que había producido “un mercurio tan vivo y móvil como cualquiera que se encuentre en el mundo. Pues hace que el oro empiece a hincharse, que se quede hinchado y se pudra, y que brote en retoños y ramas que cambian de color diariamente y cuyo aspecto me fascina todos los días. Lo consideró un gran secreto de la alquimia”.

Agotamiento nervioso

Antes de sufrir un fuerte agotamiento nervioso en 1693, que los más quisquillosos atribuyen a sus continuos fracasos alquímicos y los más benevolentes a un envenenamiento provocado por una ingestión sistemática de arsénico y mercurio o al incendio que destruyó su laboratorio, Newton reunió una enorme colección de manuscritos sobre alquimia, creó detallados y complicados diccionarios de terminología hermética, construyó tablas de equivalencias para los símbolos alquímicos e incluso compuso algunos tratados propios, muchos de los cuales desaparecieron entre las llamas.

Y aunque no parece haber continuado con las prácticas de laboratorio en Londres, continuó adquiriendo y revisando libros de alquimia, lo que prueba que consideraba sus estudios en este campo como algo muy importante, tanto que en palabras de Dobs, “la Naturaleza toda del padre de la física moderna no es sino un gran alambique alquimista”.

Pero el estilo y el carácter de la ciencia caminaban ya hacia una dirección en la que estas prácticas y el pensamiento que las sustentaba no serían sino “fantasías inaceptables”. Newton nunca se atrevió a exponer sus especulaciones ante un auditorio que con seguridad las hubiera ridiculizado, cuando no algo peor.

Newton en política

Que el entusiasmo a la hora de manifestarlas representaba un peligro social, se lo demostró el ejemplo de su discípulo y sucesor en la cátedra Lucasian, Whiston, también unitario, que imprudentemente hizo públicas sus ideas teológicas por lo que fue expulsado de la universidad. Por ello, cuando se  trasladó a Londres para introducirse en el mundo de la política y las finanzas, Newton se alejó de sus anteriores creencias esotéricas, aunque nunca abandonó sus especulaciones, simplemente aprendió a expresarlas de modo más discreto, únicamente casi en privado.

Tanto, que nunca publicó sus pensamientos, aunque fue lo bastante cuidadoso como para preservar muchos de sus manuscritos, más de un millón de palabras, que hoy continúan prácticamente inéditos en la biblioteca de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

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