miércoles, 15 de febrero de 2012

Vivimos en un universo rebosante de vida


Los modelos computerizados desarrollados por George Wetherill y James Casting, cada uno por su lado, sugieren que cada estrella puede poseer uno o dos planetas como la Tierra, lo que daría un número considerable de planetas habitables sólo en esta galaxia.
El astrofísico alemán Rudolf Kipenhahn asegura en su libro Cien mil millones de soles que casi todas las estrellas aisladas deben tener planetas, por lo que no sería casual encontrar en algunas civilizaciones muy avanzadas.

El patrón cósmico de los cien mil millones

Imaginemos ahora el elevadísimo número de galaxias que parecen existir en el universo. Los últimos datos recibidos por el telescopio espacial Hubble han ampliado el número de galaxias hasta los 50.000 millones, que algunos científicos se atreven a pensar que son al menos 100.000 millones, el mismo número de estrellas que posee una galaxia. Sería divertido descubrir que existe el patrón cósmico de los 100.000 millones.

Lo cierto es que la astronomía está revolucionando el concepto que teníamos del cosmos. La actividad que desarrollan estrellas y galaxias es enormemente más activa de lo que se suponía, especialmente a raíz de descubrirse una ingente cantidad de estrellas muertas, denominadas enanas blancas, que podrían explicar el gran misterio de la materia oscura.
Pensar que en todo este torbellino cósmico somos los únicos seres inteligentes parece un rasgo de soberbia antes que de prudencia científica. Hasta ahora, ningún hallazgo permite deducir que la vida sólo se originó en este planeta. Por el contrario, cada vez son más los datos que indican un origen extraterrestre de la misma.

Aminoácidos extraterrestres

En febrero de 1994, el anuncio del hallazgo de un aminoácido extraterrestre en hielos bombardeados hace 4 millones de años por asteroides en Groenlandia relanzó la discusión. Todas las proteínas básicas de la vida existentes en la Tierra se forman con 20 aminoácidos, por lo cual se sabe que el aminoácido encontrado en Groenlandia, denominado AIB, no existe en la Tierra. Uno de los responsables del descubrimiento, Jeffrey Bada de la universidad de San Diego en California, opina que “la vida pudo empezar en siete sitios a la vez o pudo empezar varias veces a causa del impacto de meteoritos aquí y allá que fundirían periódicamente zonas oceánicas”.

De cualquier forma, todos los científicos se encuentran esperanzados en detectar algún signo de presencia inteligente en el espacio. Los astrónomos Jean Heidmann y François Biraud del observatorio francés de Meudon, en cuanto escucharon el anuncio del descubrimiento de los nuevos planetas, han reservado tiempo de observación en el telescopio de Nançay para dirigirlo hacia los recién llegados al mundo planetario por si pudieran escuchar signos de vida inteligente.

Esta sigue siendo la finalidad del famoso proyecto SETI (Search for Extra-Terrestrial Intelligence o Búsqueda de Inteligencias Extraterrestres) que contra viento y marea (ha sufrido varios parones) y gracias a las aportaciones de particulares aún sigue “escuchando” el cosmos. Aún no ha ofrecido resultados contrastables.

La Sociedad Planetaria

Más prometedor parece un proyecto con menos medios, pero más constantes. Se trata de META, un programa de escucha que comenzó en 1985 financiado por la Sociedad Planetaria, el mayor grupo del mundo interesado en el espacio del que forman parte personajes como Steven Spielberg y Carl Sagan. Este proyecto con base en la universidad de Harvard y dirigido por Paul Horowitz, ha detectado, en varias ocasiones durante estos años, señales de radio de anchura de banda muy estrecha, artificiales, que no comparten la rotación de nuestro planeta, ni tampoco pueden ser atribuidas a ruidos o interferencias.

Desgraciadamente, estas fuentes no son repetitivas y por lo tanto no computables científicamente. Pero, un dato llama la atención sobre los demás y es que las cinco señales más fuertes recibidas hasta el momento se encuentran en el plano de la Vía Láctea, lo que representa una probabilidad bastante baja de que se deba al azar.

En mayo de 1987 se difundió la noticia de que el ucraniano Alexei Arjipov había localizado señales de radio diferentes a las que flotan en el cosmos que provenían de un grupo de cuatro estrellas enanas de nuestra galaxia, pero al no reproducirse el fenómeno tampoco pudo ser investigado.

Las siempre peregrinas conclusiones de la mente positrónica y depresiva de Biovip:
No existen pruebas científicas, pero tanto la razón como la intuición, nos dicen que existe un cosmos rebosante de vida, con civilizaciones más avanzadas que la nuestra y que incluso, como proponen algunos autores de ciencia ficción, forman federaciones galácticas y tienen prohibido ponerse en contacto con nosotros hasta que seamos capaces de alcanzarles por nosotros mismos.

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