miércoles, 15 de febrero de 2012

Según algunas teorías los espíritus y ángeles existen en la inaccesible cuarta dimensión


Los espíritus se mueven en dimensiones cercanas a nosotros, pero inaccesibles, es decir, en la cuarta dimensión. Esta idea fue popularizada sobre todo por el reputado astrónomo alemán Johann Karl Friedrich Zöllner, el cual escribió en 1846 el opúsculo titulado ¿Por qué el espacio tiene cuatro dimensiones? tras una visita al inventor de los rayos catódicos, William Crookes, enormemente interesado por los fenómenos del espiritismo a través del médium americano Henry Slade.

Zöllner ideó sofisticados experimentos para demostrar la cuatridimensionalidad de los espíritus, pero éstos no respondieron como se esperaba. Al parecer los resultados tuvieron más que ver con el ilusionismo que con la extradimensionalidad.

Zöllner no quiso reconocer su error y desacreditó las investigaciones sobre el espiritismo ante la comunidad científica, tradicionalmente cerrada a aquellos fenómenos que no puede ubicar en su metodología.

Espíritus y ángeles

Doscientos años antes, el filósofo británico Henry More ya planteaba la posibilidad de que espíritus y ángeles fueran entes que ocupaban un determinado lugar en el espacio, pero en una dimensión superior. Esa idea generó una corriente de pensamiento, según la cual el mundo hiperespacial era la morada de almas, ángeles, e incluso de Dios, sobre todo entre religiosos protestantes.

En esa época estaba de moda la hipergeometría. Con las dimensiones adicionales que proporcionaba, se podían explicar muchos fenómenos. La utilizó Helena Blavatsky, creadora de la teosofía, para sus argumentos: "Hasta los más elevados Dhyan is Chohanes siderales o "Ángeles", de otras teogonías, no son en cierto grado sino meras sombras de realidades aún más superiores”.

Mario Roso de Luna

Su discípulo, el sabio español Mario Roso de Luna, también utilizó este concepto para explicar las doctrinas teosóficas: "El concepto geométrico de Espacio –decía en su obra El Libro que Mata a la Muerte-, nos enseña que nuestro mismo Universo puede concebirse, bien desde el punto de vista euclidiano de las tres conocidas dimensiones y de los seres que con ellas cuentan, bien bajo el aspecto de sucesivos hiperespacios, cada uno con sus adecuados seres; hiperespacios de los cuales sean meras concepciones proyectivas el volumen, la superficie, la línea y el punto".

La otra aproximación esotérica a la cuarta dimensión es considerar que quizás los humanos seamos seres de más de tres dimensiones. O al menos tendemos a alcanzar esa perfección. Como dice H.P. Blavatsky, "a medida que nos vamos elevando en la escala evolutiva nos damos cuenta de que en nuestra permanencia en los planos ya trascendidos, a través de los cuales acabamos de pasar, no hicimos sino tomar equivocadamente la realidad por su sombra o proyección, y que el progreso del Yo hacia lo alto no consiste, por tanto, sino en una serie de despertadores progresivos, con la consiguiente idea en cada uno de ellos de que tocamos ya la definitiva realidad".

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