miércoles, 15 de febrero de 2012

Por qué de mayor quiero ser neoludita


Imagino que cuantos estáis aquí habéis oído hablar de los luditas, esa especie de paganos iracundos británicos de 1811, dispuestos a destrozar la tecnología que va a quitarles las costumbres y los puestos de trabajo. Y de los neoluditas, que observan con auténtico peligro para la humanidad el desarrollo tecnológico incontrolado. Por ejemplo, Kirpatrick Sale, quien comienza sus conferencias destrozando un ordenador a hachazos (que tuve a bien imitar en mis propias conferencias), o Unabomber que estuvo 17 años enviando bombas como protesta contra la tecnología, antes de ser detenido.

Y lo cierto es que no les falta razón. El publicista Jerry Mander, uno de los gurus de la antitecnología, nos recuerda el desequilibrio de la balanza que tiene en uno de sus platos a los ordenadores que permiten que se carguen los misiles nucleares, el control político a través de los medios de comunicación, l a policía genética y eugenésica, el movimiento de capital inmoral entre grandes corporaciones bancarias, el abismo entre el Primer y el Tercer Mundo, y la ayuda industrial para acabar antes con el medio ambiente; y en el otro, los hipotéticos beneficios que proporcionan a las pequeñas empresas y a los escritores.

El historiador Jacques Ellul ya nos previno al decirnos que la historia demuestra que cada aplicación técnica desde el principio presenta ciertos efectos secundarios imprevisibles que resultan más desastrosos de lo que hubiera sido la ausencia de dicha técnica. El abogado Jeremy Rifkin, dice lo mismo al advertir sobre la que denomina ley de la Entropía, la cual dice que cualquier nueva tecnología va a torcerse, creando mayores problemas de los que tendría que haber resuelto. La tecnología está produciendo el caso de que los problemas crezcan más deprisa que las soluciones.

¿Por qué es siempre tan bonita la utopía tecnológica? ¿Y tan optimista?

Primero porque la información está suministrada por quienes se benefician de que las aceptemos. A la comunidad científica no le caerían subvenciones si sus trabajos no generasen beneficios financieros, militares, industriales o simplemente informativos. A los políticos también les interesa ese futuro de televisiones alienantes y de ordenadores castrantes. Y, por supuesto a las grandes redes financieras, tanto legales como ilegales, que han visto cómo el dinero virtual tiene bastante menos transparencia que el convencional, ya de por sí opaco.

¿Cómo van a dejar ellos que pensemos en los aspectos negativos de las nuevas tecnologías? Jerry Mander dice que el público recibe las primeras ideas y esperanzas sobre una nueva tecnología de fuentes claramente parciales.

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