viernes, 24 de febrero de 2012

Nuestros ritmos internos


Ritmos Ultradianos. Se llaman “ultra” porque su frecuencia es muy corta. Algunos, como las ondas cerebrales, los latidos del corazón o la respiración, duran apenas unos segundos. Otros son más largos, como los enigmáticos ritmos de noventa minutos: el ciclo básico reposo-actividad, las punzadas de hambre o el impulso de los fumadores a encender un cigarrillo. Se piensa que la razón de estos ciclos de noventa minutos, podría ser un medio de la naturaleza para asegurarnos durante el día períodos regulares de atención dirigidos a cubrir nuestras necesidades físicas y protegernos de los peligros que nos rodean.

Ritmos Circadianos. Quiere decir de aproximadamente un día. Los ritmos diarios son los más fáciles de detectar y medir. Se cree que todas las funciones corporales están guiadas por algún ciclo diario. El principal es el de dormirse-despertarse, pero también se cuentan entre los ciclos diarios la temperatura, la presión sanguínea, la secrección hormonal o la división celular. Dado que los ritmos circadianos cambian notablemente en el transcurso de nuestra vida, los cronobiólogos, que son quienes estudian los ritmos corporales piensan que el secreto de la eterna juventud consistiría en reducir y acortar esta clase de ritmos biológicos conforme envejecemos. Claro está
que desconocen la manera de hacerlo.

Ritmos Circaseptanos. Ritmos semanales, los más complicados y difíciles de explicar. De hecho, se detectan más fácilmente cuando el cuerpo se encuentra sometido a tensión nerviosa o defendiéndose contra virus o bacterias nocivas. Nuestro cuerpo parece extrañamente vulnerable a los intervalos de siete días. No sólo los síntomas del resfriado persisten alrededor de una semana o los de la varicela se manifiestan dos semanas después de la aparición externa de la enfermedad, sino que los médicos que realizan trasplantes de órganos estiman que sus pacientes atraviesan un
período de rechazo a intervalos de siete días después de la operación.

Ritmos Circatrigintanos. Ritmos mensuales, entre los que destaca el ciclo menstrual femenino. Aunque no tan acentuados como en la mujer, estos ritmos mensuales se manifiestan también en el hombre. Robert Sothern, cronobiólogo de la universidad norteamericana de Minnesota que estudia
hace más de dos décadas sus propios ritmos, ha observado algunos ciclos mensuales entre ellos: la rapidez con que crece su barba, el volumen de aire que aceptan sus pulmones o la fuerza para sujetar objetos, parece que aumentan y disminuyen mensualmente.

Otros ritmos mensuales parecen encontrarse tan profundamente arraigados en nosotros que posiblemente evolucionaron hace millones de años como respuesta a los cambios cíclicos de la fuerza de gravedad que ejerce la Luna sobre la Tierra. Popularmente se sigue achacando a nuestro satélite desde el incremento en los nacimientos hasta la frecuencia de asesinatos o crisis violentas individuales y colectivas. No olvidemos que “lunático” viene de “Luna”.

Ritmos Circanuales. Los niños crecen más deprisa en verano que en invierno y, también en esa época del año, nuestros pulmones y músculos tienen mayor capacidad. Incluso nuestra líbido se encuentra más predispuesta a finales del verano y principios de otoño. Por el contrario, experimentamos una pequeña caída de ánimo durante la estación invernal, una forma de depresión afectiva estacional que se presenta cuando los días se acortan.

Así como los ritmos circadianos están ligados a la rotación de nuestro planeta, los circanuales o ritmos estacionales están conectados con su movimiento de traslación alrededor del Sol. Y, de la misma manera que la luz, o su ausencia, ordena los ciclos diarios, también sirve para sincronizar los ciclos anuales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario