viernes, 24 de febrero de 2012

Monstruos de las profundidades

Cuando se explore el fondo del mar con más detenimiento será el momento de despejar de una vez por todas los misterios del océano, aunque ello provoque también la desaparición de románticos mitos como el de los monstruos marinos.

Las serpientes de mar y otros monstruos parecidos dejarán de ser terroríficas criaturas para convertirse en respetables miembros de especies en peligro de extinción. Ése es el caso de la gran ballena azul, un auténtico coloso de las profundidades, de la que se conocen especímenes que alcanzan más de 30 metros.

La ballena azul más grande es como un gran edificio capaz de nadar, con un hígado del tamaño de un coche y un corazón que bombea a cada pulsación 1.500 litros de sangre y que pesa como una vaca. Esta especie que triplicaba en volumen al colosal brontosaurio de la época de los dinosaurios se encuentra prácticamente desaparecida por culpa de la implacable persecución humana.

Otros gigantes del mar

Otros gigantes del mar son los pulpos gigantes del Pacífico, alguno de cuyos ejemplares pueden llegar a medir diez metros. El rey de las anchoas o Regalecus glesne, un pez parecido a la anguila, puede alcanzar los 15 o 20 metros de longitud, hasta el punto que se le ha identificado con las míticas serpientes de mar.

El récord lo sustenta la Cyanea arctica, una medusa que posee 1.200 tentáculos venenosos que pueden llegar a medir ¡90 metros!.

Pero el auténtico rey de los mares, el más poderoso depredador es el cachalote, con ejemplares de hasta 20 metros. Éstos son capaces de sumergirse hasta los 3.000 metros de profundidad para capturar su plato preferido: calamar gigante. Así, en los abismos oceánicos se entabla una titánica pelea entre el cetáceo y el cefalópodo, que incluso puede acabar con la muerte del cachalote.

Los calamares gigantes podrían pertenwcer al terreno de lo mítico y fantástico si no hubiese pruebas que atestiguaran su existencia. Por un lado, los grandes restos encontrados en el estómago de cachalotes capturados; y, por otro, las heridas de ventosas de hasta 46 centímetros que presentaban muchos cachalotes. Si los datos que se manejan son correctos, en las grandes profundidades inexploradas podrían existir calamares de hasta 50 metros. Pero nada se puede demostrar aún.

El calamar gigante siempre ha fascinado a los humanos. Homero ya cantaba las deformidades de Scylla en la Odisea. También se ha dicho que tras el mito de Medusa (de cuya cabeza en lugar de cabellos nacían serpientes) bien puede esconderse un encuentro real entre un pescador con uno de estos extraños seres tentaculares, que en realidad no son más que una cabeza con serpenteantes tentáculos y enormes ojos hipnóticos.

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