martes, 28 de febrero de 2012

Los animales: unos consumados astrónomos


Los mal llamados seres irracionales son capaces de proezas maravillosas. Por ejemplo, los animales no sólo saben dirigirse a través de los campos magnéticos, sino que, según han demostrado diversos experimentos, son consumados astrónomos capaces de seguir el movimiento del sol y las estrellas a través del firmamento.

La curruca reconoce las constelaciones

Los experimentos más determinantes han sido realizados desde 1956 por los zoólogos alemanes Franz Samer y su esposa con currucas mosquiteras, para los que se valieron incluso de un planetario. No dejaron lugar a dudas de que la curruca reconoce instintivamente las constelaciones y sabe perfectamente cómo se desplazan en el cielo durante una noche y cómo cambia su posición según las estaciones.

Pingüinos

Un experimento realizado con pingüinos por J.T. Eulen y R.L. Penny, puso de manifiesto que aunque los pingüinos no vuelan, son capaces de caminar miles de kilómetros por superficies heladas y planas sin errores de orientación, excepto los días nublados en los cuales tras una breve confusión enseguida sabían encontrar el camino.

Perros

También se conocen casos de perros con una sabiduría muy precisa del tiempo. El pastor alemán Gyp que un día desapareció de la casa de sus dueños en Tennessee, pero que apareció el día de Nochebuena para pasar la noche con la familia. Al otro día desapareció y regresó la Nochebuena siguiente y todas las demás, hasta el punto que despertó el interés de la prensa local y causaba la admiración de los vecinos.

Un periodista logró averiguar durante el resto del año, Gyp estaba con un anciano que nada sabía de las andanzas navideñas de su perro. Once años estuvo Gyp, hasta su muerte, acudiendo a la casa de los Nerf, que así se llamaban sus antiguos dueños, cada Navidad. ¿Cómo podía tener esa precisión temporal?

Elefantes

También animales superiores como los elefantes tienen la facultad de conocer el día en el que viven. Eso al menos se desprende del siguiente relato sobre el emperador de Camboya: En el siglo pasado, el emperador Gia Long, uno de los constructores de la moderna Indochina, desaparecido a comienzos de la década de 1880, tenía en su ejército a un viejo elefante con anillos de plata en los colmillos.

El animal recibió grandes heridas en una batalla y se internó en el bosque, donde logró curarse con hierbas sólo conocidas por estos paquidermos. Al morir su augusto amo, el elefante se mostró inconsolable y se retiró a las montañas Anamitas, donde desde entonces vivió como un ermitaño.

Pero, una vez por año, en el aniversario de la muerte de su amo bajaba de la montaña y hacía un solemne peregrinaje a la tumba del difunto emperador durante veinte años más. En el extraordinario cerebro del elefante, tal vez como algo inherente a sus genes se conservan las experiencias y el conocimiento acumulados durante más de dos millones de años.

El reloj biológico

Tras los experimentos realizados con animales y plantas, no parece caber duda de que poseemos, incluidos los humanos, relojes fisiológicos que nos permiten seguir los ritmos diarios, lunares, anuales y de las mareas. Lo más curioso es que los relojes biológicos son muy parecidos a los mecánicos. Los ritmos visibles del reloj biológico de un animal son sus manecillas y su metabolismo es su muelle real. El escape es el ritmo regulador de sus células; los engranajes son las hormonas y los nervios, y la llave funciona por medio de la fotosensibilidad de los tejidos del organismo", según dice John Brady.

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