viernes, 17 de febrero de 2012

Leviatanes cósmicos

Lo más sofisticado para viajar en el tiempo fue el método propuesto, en 1991, por el físico de Princenton J. Richard Gott. La energía que precisa su máquina del tiempo también se encuentra, teóricamente, en el universo. Consiste en utilizar las cuerdas cósmicas para trasladarse hacia el pasado o el futuro.

En esencia, estas cuerdas serían los hipotéticos residuos filamentosos que quedaron tras el Big Bang, una especie de fósiles de la fase inicial de expansión universal. Como las líneas de fallas señalan roturas en el subsuelo terrestre, las cuerdas cósmicas localizarían grietas en la base firme del espacio.

Aceptada su existencia teórica, formarían una selva compacta, cuya densidad excedería los cien billones de toneladas por centímetro, que desviaría las trayectorias lumínicas en sus proximidades produciendo una distorsión del continuo espacio-temporal en la región circundante, derivada del principio de la relatividad general por el que los objetos masivos producen una curvatura en el espacio-tiempo.

Un bumerán temporal, la máquina del tiempo de Richard Gott

El modelo de Gott, desarrollado mediante detallados esquemas y complejos cálculos matemáticos, describe dos cuerdas cósmicas que no se interfieran entre sí, moviéndose en direcciones opuestas a velocidades próximas a las de la luz. El cruce de ambas cuerdas a tal velocidad produciría un efecto, denominado bumerán temporal, que impulsaría a las naves espaciales hacia atrás en el tiempo con sólo describir una órbita gigante alrededor del par de cuerdas, mediante un fenómeno al que, según su defensor, los físicos teóricos no han concedido la importancia que se merece: la ralentización del tiempo.

El problema es que, aunque las cuerdas cósmicas pueden encontrarse en el universo, nadie ha detectado todavía ninguna, lo que hace que la máquina del tiempo de Gott, que necesita dos de ellas, sea tan especulativo como los propuestos por Gödel o Tipler.

A pesar de este tipo de problemas, que parecen irresolubles, los científicos no dejan de perseguir el viejo anhelo de Wells por cabalgar la corriente del tiempo.

La máquina del tiempo de Yakir Aharanov

De niño, Yakir Aharanov, hoy profesor en la Universidad de Tel Aviv y especialista de renombre en mecánica cuántica, imaginaba que subía a un carro de combate y con la máquina del tiempo volvía al siglo I de nuestra era para vencer, él sólo, a las legiones de Tito antes de que destruyeran el Templo de Jerusalén. En la actualidad, para llevar a cabo su sueño infantil de viajar en el tiempo, aplica algunas conclusiones derivadas de las dos grandes corrientes teóricas de la Física del siglo XX, la de la relatividad y la cuántica.

Su propuesta consiste en un nuevo concepto que él mismo expone así: “lo que contradice la lógica es una máquina del tiempo en la que usted entra y permanece igual, pero encuentra el mundo que lo rodea en el futuro o aún pasado. En la máquina que yo concibo ocurre lo contrario: usted entra en la máquina del tiempo y, al igual que todo lo que introdujo en ella, puede viajar a su propio pasado o futuro, pero lo de fuera permanece intacto”.

Imaginemos entonces una especie de enorme globo aerostático que, lo mismo que todo objeto del Universo, posee masa y, por consiguiente, un campo gravitacional. Recordemos que, de acuerdo con una de las premisas básicas de la relatividad general, la gravedad ralentiza el tiempo. El viajero que penetre en su interior puede cambiar el ritmo del tiempo expandiendo y contrayendo el globo, para de esta forma ser transportado hacia su futuro o su pasado.

Distorsiones temporales

El globo expandido se hace menos denso, adquiere más volumen, la fuerza de la gravedad es menor y, en su interior, el tiempo se acelera. El globo contraído sufre los efectos contrarios y, por tanto, el tiempo pasa más lentamente en su interior.

De este modo se obtiene una pequeña distorsión temporal, pero insuficiente para permitir al viajero trasladarse en el tiempo. Es aquí donde Aharonov introduce la teoría cuántica y propone un globo que pueda adquirir diferentes tamaños en un mismo instante, debido a lo cual su ocupante existirá en diferentes ritmos temporales.

Su máquina del tiempo se transforma en un globo cuántico que, como comenta su imperturbable inventor, “existe en todo momento en una especie de superposición de muchos estados”. De todas formas, el propio Aharonov reconoce que es incapaz de imaginar cómo construir su máquina y que, aunque eso fuera posible, resultaría sumamente dificultoso realizar un salto interesante en el tiempo.

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