miércoles, 15 de febrero de 2012

La búsqueda genética del superhombre


Ovejas clónicas ya han sido conseguidas en una granja experimental escocesa. Se trata de un primer paso para la fabricación en masa de seres completamente iguales. Una técnica perfectamente extrapolable a los seres humanos, para quienes los científicos ya han imaginado todo tipo de alteraciones genéticas para mejorarlos.

Nadie puede ya dudar de las posibilidades fantásticas que abre la ingeniería genética.

Aquellos científicos que apenas hace un par de años certificaban la inviabilidad de clonar seres humanos se han visto sumidos en el ridículo a causa del caso de las ovejas clónicas.
La noticia surgió hace unos días al anunciarse que biólogos moleculares del Instituto Roslin de Edimburgo, habían obtenido núcleos de cultivos de células embrionarias. Esto quiere decir que se pueden programar nacimientos de seres exactamente idénticos, es decir clónicos. De “ una única célula embrionaria se genera un cultivo de células genéticamente idénticas, las cuales, cuando se desarrollan adecuadamente, son implantadas en ovejas para que sean gestadas y paridas.

Si ésta técnica alcanza ya a mamíferos tan evolucionados como una oveja, es perfectamente factible que tarde o temprano se efectúe con el hombre, de la misma forma que Keith Campbell y sus colegas escoceses, los artífices de las ovejas clónicas, pueden modificar genéticamente las células introduciendo genes que sinteticen medicamentos o eliminando otros que puedan algún día dar lugar a una enfermedad.

Parece realmente como si alrededor de la experimentación genética se hubiera hecho un pacto de silencio para no alarmar a los grupos de presión que se oponen a dichas prácticas, pero experimentos de ese tipo se realizan en casi todos los países del mundo: unas veces con el marchamo de investigación médica, como en el caso de la terapia génetica; en otras ocasiones, las manipulaciones se realizan con plantas y animales en pruebas extrapolables a humanos; y, la mayor parte de las veces, en el más absoluto de los secretos, ya que son muchos miles de millones lo que se juegan las empresas de patentes genéticas y a veces se trata de experiencias contrarias a toda norma ética.

Quimeras

Un científico bien pertrechado podría hoy hacer posible las terroríficas quimeras de La Isla del Dr. Moreau, la novela de H.G. Wells, en la cual el sabio loco experimentaba genéticamente con animales y humanos. El físico Fred Hoyle anunciaba hace bastantes años que la energía atómica sería un juego de niños comparado con la biotecnología y que serían los ingenieros genéticos los que se encontrarían pronto trabajando tras alambradas electrificadas.

Ese tiempo ha llegado. Las ovejas clónicas y las cabras transgénicas, que se crían en granjas experimentales británicas están aisladas cuidadosamente del mundo exterior. En estas cabras se ha introducido un gen extraño que ordena la síntesis d ≥e una determinada proteína para producir una leche con propiedades famagológicas, como un “opiáceo” para combatir el insomnio. Se pueden incluir genes humanos en cerdos para que generen órganos útiles en transplantes, y otras quimera como introducir genes de salmón en la soja para que posea un menor contenido en grasas. Las posibilidades combinatorias son infinitas.

Pero con ello, no sólo se pretende mejorar la calidad o productos de la agricultura y la ganadería.

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