lunes, 20 de febrero de 2012

El samadhi químico


La moda de los tranquilizantes y antidepresivos se ha impuesto en todo el mundo occidental, hasta el punto de que algunos psicólogos han alabado la existencia del Prozac en libros que han sido éxitos de ventas en todo el mundo. Desgraciadamente, éste es sólo uno de los numerosos “medicamentos del alma” (en expresión cada día más usada por los psiquiatras) que abarcan neurolépticos, ansiolíticos y antidepresivos.

Una encuesta asegura que el 32 por ciento de los franceses, un país con hábitos culturales relativamente parecidos a los españoles, utiliza tranquilizantes o hipnóticos, datos que hablan de una ingesta masiva de drogas farmacéuticas.

Parece como si en cierto modo el Mundo Feliz de Aldous Huxley se hubiera hecho realidad. Huxley imaginó el ‘soma’, una droga usada como sustituto eficaz pero sano contra el alcohol, la heroína o la cocaína. En la novela, el Estado es el primer interesado en que todos los ciudadanos consigan su ración de soma como maravilloso método de control social y político. Pero el propio Huxley en un artículo publicado en 1960 escribía: “Una droga capaz de hacer que la gente se sienta feliz o indiferente en situaciones donde normalmente se sentiría desdichada sería una bendición, pero una bendición erizada de graves riesgos políticos. (...) Los dictadores de mañana privarán a los hombres de su libertad, pero les suministrarán a cambio una felicidad que no será menos real, como experiencia subjetiva, por el hecho de haber sido inducida mediante recursos químicos. (...) Desgraciadamente, quizá la conquista de la felicidad acabe siendo incompatible con otro de los derechos del hombre, el de la libertad”.

Intereses económicos tras las drogas

Casi se ha conseguido. Algunas drogas, relativamente inocuas, son perseguidas y provocan un gran rechazo social alentado por los medios de comunicación; sin embargo, fármacos que crean adición, como las benzodiacepinas (como el diacepam o el valium) son aceptadas porque, como el alcohol o el alcaloide cafeína, los intereses económicos que las respaldan son muy poderosos. Según un dato recogido por el profesor Antonio Escohotado, las benzodiacepinas se venden “bajo más de ochocientas denominaciones, y las consumían con regularidad unos seiscientos millones de personas ya en 1972”.

Los efectos que producen no dejan lugar a dudas sobre su intencionalidad: “Acomodan –dice Escohotado– al usuario en una adormilada indiferencia hacia lo interior y lo exterior, amortiguando la intensidad psíquica sin impulsar ninguna otra dimensión de conciencia; especímenes perfectos de drogas evasivas, la analgesia emocional del opio se torna en ellos analgesia mental, libre de ensoñaciones y reflexividad”.

Nos han acostumbrado a vivir en una sociedad drogada. Estados Unidos es un ejemplo elocuente: el consumo de sustancias narcóticas, hipnóticas y tranquilizantes legales ronda … las dos mil toneladas, entre doce y veintiocho veces más sustancias narcóticas que consumió China nunca.

Matan más las drogas legales

Según el psiquiatra Thomas Szasz, en Estados Unidos mueren al año en hospitales públicos por sobredosis de neurolépticos más personas que por sobredosis de todas las drogas ilegales juntas.

En España se venden más de ocho millones de unidades de estas sustancias, mientras que de tranquilizantes menores se alcanza la cifra de 21 millones de unidades. Si hablamos de estimulantes, como anfetaminas, el consumo alcanza las quinientas toneladas. Recordemos que las anfetaminas son sucedáneos sintéticos de la conífera ephedra vulgaris, y que se comercializó en Estados Unidos por primera vez en 1930, pero pronto su uso se extendió por todo el mundo, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial por parte de soldados a los que surtían sus superiores para hacerles olvidar los horrores que tenían que vivir diariamente.

Hitler mandó retirarlas de sus tropas porque causaba más estragos que el enemigo. Japón contaba en 1950 con un  millón de enganchados y veinte millones más de usuarios habituales. Diez años de uso de anfetaminas puede provocar psicosis paranoica en el 44 por ciento de los casos.

Anfetaminas para el presidente

En las pruebas de laboratorio, la cocaína no fue distinguida por cocainómanos de inyecciones de anfetaminas. Sólo la más larga duración de sus efectos permitía deducir que se trataba de estas últimas. Uno de sus más famosos usuarios fue el presidente J.F. Kennedy, al que inyectaba anfetamina en vena el doctor Jacobson cuando tenía algún encuentro importante, como el que sostuvo en Viena con Kruschev en 1972.

La relación de los servicios secretos con las drogas sintéticas siempre ha sido muy estrecha. La primera víctima del éxtasis o MDMA, una droga de moda reciente entre los jóvenes, de la que se tiene noticias fue un tenista, un tal Bauer, sometido a unos experimentos por la CIA en 1953 en el Army Chemichal Cent er.

Jóvenes españoles consumen píldoras

Precisamente, los jóvenes españoles son grandes consumidores de éxtasis y otras drogas de diseño, llamadas así por la facilidad para fabricar una nueva estructura molecular alucinógena. En 1993 fueron 274.000 pastillas de éxtasis y la cantidad crece cada año. Según una encuesta de 1993 realizada a nivel nacional, un 2,1 por ciento de la población de más de 15 años había consumido drogas sintéticas alguna vez en su vida. Sin embargo, entre miles de jóvenes españoles de 12 a 18 años, se toman hasta 60 drogas distintas de diseño, creyendo que son inocuas, según un informe del Plan Nacional de Drogas.

¿Con qué objeto se admiten drogas tan fuertes como el alcohol? Aparte de razones económicas, ¿no existirá un interés espurio por canalizar las energías de los jóvenes? La violencia y destrozos públicos que provoca la ingestión de alcohol son mucho más aceptables socialmente que una protesta generalizada contra el orden establecido.

El alcohol, la droga más popular

Según un estudio publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas, el 36 por ciento de los adolescentes admite que bebe ‘demasiado’. Casi el 70 por ciento de la población bebe alcohol en alguna ocasión. Un domingo cualquiera, beben vino casi 20 millones de españoles, 10 millones consumen cerveza, mientras que coñac es la droga preferida por 8 millones. Los combinados se reducen a 3 millones de consumidores. Las cifras pueden ser escalofriantes si nos detenemos a pensar que por cada heroinómano existen en España hasta 40 alcohólicos.

Si excluimos la televisión, son los tranquilizantes y ansiolíticos con los que los Estados parecen haber encontrado la droga perfecta para crear ciudadanos sin capacidad crítica. ¿Qué es lo que todos buscamos? La felicidad. Pues si nos la proporcionan, aunque sea a costa de productos químicos, no la rechazamos. Así que de pronto nos encontramos en una sociedad que ha desplazado la inquietud por la idiotez. Esa parcelita de felicidad es la única que nos queda en un mundo que cada vez nos gusta menos.

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