miércoles, 15 de febrero de 2012

El caos es rentable para los japoneses


Soroastros
El pensamiento occidental es alérgico al caos. Tal vez porque aplica métodos lógicos para intentar desentrañar sus propiedades. El espíritu oriental, más dúctil y considerablemente más pragmático, lo considera como una manifestación más de la materia y de la vida y, en la actualidad, se propone extraerle un rendimiento comercial, ponerle a trabajar.

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Así, la firma Sanyo, después de fabricar durante décadas radiadores de funcionamiento clásico, provistos de un termostato que produce una llama de radiación constante para encender el combustible de los motores de explosión, ha lanzado recientemente un radiador caótico: unas veces caliente fuerte y otras débilmente. En suma, es imprevisible, pero los consumidores lo encuentran más confortable. También la empresa Matsushita ha comercializado aparatos de aire acondicionado que, en lugar de soltar aire fresco a potencia y temperatura constantes, varían de forma imprevisible, lo que evoca la brisa y satisface a los consumidores que lo consideran “algo más natural”.

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En Occidente sólo podemos encontrar un precursor de estas aplicaciones tecnológicas: el homeostato de W. H. Ashby. Un ordenador, esbozado ya hace treinta y cinco años, cuyas reacciones obedecían a sustancias químicas y no a conmutaciones eléctricas. En la década de los sesenta, el escritor Isaac Asimov retomó esta idea y propuso fabricar ordenadores húmedos y aleatorios, integrados por circuitos semiorgánicos e, incluso, enteramente orgánicos.
En 1968, el informático Arthur Humprhey estimaba necesario diseñar máquinas que fueran capaces de discutir las decisiones, aunque sólo fuera para forzarlas a reconsiderarlas. En la actualidad y siguiendo estos principios, el profesor Kayuzuki Aihara, de la Universidad Denki, en Tokio, trabaja con ordenadores “moderadamente caóticos”. Todo se basa en estudios realizados sobre el cerebro humano que indican cómo un determinado grado de desorden proporciona más ventajas que inconvenientes en los procesos mentales.
Como decía Barón, el gran pirata estelar, todo orden social sólo puede surgir del ser anárquico.

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