viernes, 24 de febrero de 2012

¿Cuando comenzó el hombre a guerrear?


Los primeros homicidios debieron generar sin duda el mito de Caín y Abel. Las sociedades ganaderas, nómadas se enfrentan con las sociedades agrícolas y recolectoras que ocupan el suelo, asientan aldeas, crecen demográficamente y rompen la armonía natural, exterminando al mismo tiempo la selva y la fauna salvaje.

Si hacemos caso a estos supuestos, la guerra se instituye en el Neolítico, hace unos 7.000 años, aunque también es posible que en épocas anteriores se conocieran los conflictos armados. Los arqueólogos han desenterrado esqueletos del Paleolítico y del Mesolítico con restos inequívocos de haber sido asesinados, e incluso grupos de mujeres y niños, lo cual podría indicar enfrentamientos y disputas entre las tribus.

Las murallas de Jericó

Parece que la primera prueba arqueológica realmente fiable sobre la guerra es la construcción de aldeas y poblaciones fortificadas. La más antigua es la del Jericó prebíblico, ya que en el 7.500 antes de Cristo, poseía un complejo sistema de murallas, torres y zanjas que no debían servir sólo para defenderse de animales salvajes.

En Europa Occidental aparte de los restos humanos encontrados con puntas de flechas entre los huesos y cráneos traumatizados por golpes, quizás la prueba más fiable de enfrentamientos guerreros se encuentre en las pinturas rupestres de bastantes cuevas españolas de la costa mediterránea como las de cuevas de Morella en Castellón, donde se observan no sólo luchas sino heridos y muertos.

Parece que la guerra está ocupando en nuestra sociedad el papel que antes ocupaba la agresividad individual que se liberaba en la caza de grandes animales.

La guerra y el control demográfico

Según el antropólogo Marvin Harris, la guerra primitiva no es ni caprichosa ni instintiva, sino que constituye uno de los mecanismos de interrupción que ayudan a mantener las poblaciones humanas en un estado de equilibrio ecológico con sus hábitats. Aunque parezca una paradoja, las guerras pueden ser ecológicas, ya que el estudio de tribus primitivas parece aclarar el comportamiento de los grupos para no atentar contra la Naturaleza que les rodea pues es la que les surte alimentos. Y, por otra parte, la guerra sirve como control demográfico.

Pero, repetimos que este argumento es sólo válido para las poblaciones primitivas. Como apunta Marvin Harris, la curva de población sigue de manera ascendente a pesar de que ahora se mata de forma industrial. La guerra moderna ni siquiera sirve para el control demográfico.

Por ejemplo, en Europa. Durante los tres últimos siglos han tenido lugar las guerras más importantes y sangrientas y, sin embargo, la población europea ascendió de 103 millones en 1650 a 594 millones en 1950. En realidad, más parece un acicate de la población que un freno demográfico.

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