martes, 28 de febrero de 2012

Cómo arreglar el agujero de la capa de ozono


Centrada la información en los graves desequilibrios sociales provocados por la crisis, los medios olvidan los graves desequilibrios medioambientales provocados por el ser humano. Uno de ellos es el agujero de la capa de ozono, que aún cada año se sigue produciendo sin que se ponga un remedio eficaz.

Y eso que los científicos han imaginado las hipótesis más peregrinas y fantásticas para salvar la capa de ozono. La más audaz se le ocurrió como broma a Sherwood Rowland, el científico que junto a Mario Molina descubrió la capacidad destructiva de los CFCs, ya sabéis los clorofluorocarbonos, y que hace unos años recibió el Premio Nobel de Química. Rowland planteó la necesidad de inyectar, literalmente, 320 millones de toneladas de ozono a la estratosfera mediante grandes aviones de transporte que tendrían que hacer hasta 350.000 vuelos, o bien usando cañones de gran calibre que lanzaran proyectiles cargados de ozono hasta la estratosfera.

Por su parte, la idea de Richard Turco y Ralph Cicerone, científicos de sendas universidades californianas, parece más factible, pero no menos fantástica. Se trataría de inyectar en la estratosfera dos productos químicos -propano y etano- que combinados con los CFCs producen ácido hidroclórico, un compuesto extremadamente débil, no agresivo con el ozono. Esta estrategia interrumpiría el ciclo de cien años de los CFCs y sólo requeriría la participación de mil vuelos de jumbo un mes al año, durante algunas décadas.

El físico Thomas Stix de la Universidad de Princeton ha lanzado otra idea imposible: ha sugerido el uso de láseres para destruir las moléculas de CFC del aire antes de que puedan alcanzar la estratosfera y ataquen el ozono. Pero resulta muy improbable que solo se destruyeran las moléculas agresivas y, además, la energía requerida para este proyecto sería alucinante por lo desorbitada.

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