miércoles, 15 de febrero de 2012

Ciberespacio: Desprogramando nuestra mente lineal


Gracias al ciberespacio, millones de personas podrán acceder a otras realidades, que no son las cotidianas. Las tradiciones sagradas, los brujos, las drogas y las terapias de los estados alterados de conciencia llevan siglos tratando de provocar una desprogramación de nuestra mente tridimensional.

El ciberespacio expande la conciencia, de la misma manera que las drogas psicodélicas, la meditación prolongada, el entrenamiento autosugestivo y todas las diferentes técnicas de “desaprendizaje” del esquema mental con que se nos programa desde niños. Yogananda, Santa Teresa o Einstein, cada uno a su modo fueron cibernautas, cuyo hardware funcionaba con un buen software: la conciencia.

Castaneda

El brujo Don Juan de Carlos Castaneda “sostenía que nuestro mundo, que creemos ser único y absoluto, es sólo un mundo dentro de un grupo de mundos consecutivos, los cuales están ordenados como las capas de una cebolla. Aseveraba que aunque hemos sido condicionados para percibir únicamente nuestro mundo, efectivamente tenemos la capacidad para entrar en otros, que son tan reales, únicos, absolutos y absorbentes como lo es el nuestro”. Don Juan explicó al aprendiz “que para poder percibir esos otros reinos, no sólo hay que desear percibirlos, sino también poner la suficiente energía para entrar en ellos”. Modificar el programa, en suma.

Cambiar de realidad

Robert Anton Wilson, mago negro, conspiranoico, periodista y, para colmo de desgracias, escritor de ciencia-ficción se ha convertido en profeta de la realidad virtual como instrumento para alcanzar una suerte de iluminación y entona sus parabienes: “no viene de culturas extrañas a occidente, sino desde el corazón de nuestra propia tecnología; ha sido probado al cien por cien libre de ácido o cualquier otra droga; no requiere mucho trabajo duro como el yoga; y además enseña la misma lección que todos los chamanes y yoguis desde el principio de los tiempos: creas tu propio túnel-realidad, puedes aprender a cambiar de realidad, e incluso experimentar otros muchos túneles de realidad”.

Ciberpunk

La propia definición ciberpunk lo dice: “el ciberespacio es un espacio de información multidimensional que sirve de soporte a las alucinaciones sensuales y consensuales del género humano”. El que lo ha descubierto ya, es un hacker, un pirata informático errabundo en los sistemas bíticos que se ha liberado a la manera del santón: quiere que le dejen nadar libremente por la información. Para los místicos era fundirse con “el sentimiento oceánico”, para los hackers introducirse en el black ice gibsoniano libre de cercas. Por eso la multinacional que cierra los accesos, que impide el paso informático, es el enemigo, es el sistema tridimensional, caduco, vestigios de otras épocas de mentes e strechas y reprimidas que es necesario derrumbar para que fluya la corriente del futuro.

Cuando se desarrolle el ciberespacio (en veinte años aproximadamente) podremos interactuar en “tiempo-real” con un punto del espacio-tiempo muy alejado en la distancia. Muy pronto se podrá transitar digitalmente por la red Internat recién concebida y mediante el mecanismo adecuado manipular objetos. La sutil propaganda dice que se podrá poner en marcha el sistema de seguridad de una casa a miles de kilómetros, aunque no es precisamente eso lo más atractivo.

El mensaje es que el espacio físico puede ser manipulado desde el espacio virtual: la telepresencia a un paso de la teleportación trekie.

Robert E. Monroe, el empresario experto en “viajes astrales” descubrió que en sueños su sombra se dedicaba al paseo polidimensional. Mediante agujeros de gusano locales y mentales era capaz de transportarse a millas de distancia, a lejanas estrellas y a mundos paralelos que describía como Localidad I, II y III. Phil K. Dick no lo hubiera contado mejor.

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