domingo, 9 de diciembre de 2012

Los astronautas sueñan con tierras eléctricas

Os recomiendo encarecidamente que disfrutéis de este video montado a base de imágenes infrarrojas tomadas por un satélite de la NASA, equipado con nuevos sensores que no dejan de sorprender por su capacidad para vislumbrar cualquier luz encendida en nuestro planeta. Un crucero en alta mar, un oasis en el desierto (seguro que a alguien antes se le ocurrió la utilización bélica del aparato), se distinguen desde este satélite (Suomi NPP).

Como se cuenta en el video, nuestro planeta es eléctrico por la noche y existen lugares que parecen un firmamento vacío salpicado por estrellas solitarias y otros lugares semejantes a colmenas de galaxias. Territorios vacíos de electricidad colindantes con explosiones luminosas como la diferencia entre Corea del Norte y el Sur o el Himalaya comparado con la India.

Disfrutadlo.

Imagen:
NASA Goddard Space Flight Center

lunes, 22 de octubre de 2012

Detectives contra el fraude en la ciencia

¿Cuántos casos fraudulentos habrán pasado a engrosar la historia de la ciencia?

Tal vez, algunas de las teorías sobre las que basamos nuestro actual conocimiento tengan su origen en un error o una pequeña desviación de los resultados para que ajusten con la hipótesis propuesta por el investigador.

Ptolomeo, Mendel o Newton son casos citados con frecuencia en los que ha sucedido. En otras ocasiones un fraude intencionado y bien urdido es capaz de engañar a todo el estamento de una determinada disciplina, como ocurrió con las propuestas geológicas de Vishwa Jit Gupta, que habían sido incorporadas al bagaje científico de esta materia. Toda la investigación posterior tuvo que ser puesta en entredicho por las manipulaciones de una única persona.

Frente a estos mentirosos patológicos, aparece una figura menos llamativa, aunque más sorprendente: el detective científico, el investigador que algún día encontró en los trabajos del defraudador un pequeño error que le dio pie para una investigación más profunda, hasta lograr desenredar todo el ovillo del fraude. El trabajo de estos detectives científicos no es cómodo, pues normalmente se tiene que enfrentar con una teoría consolidada, cuya puesta en tela de juicio acarrea múltiples perjuicios a un gran número de investigadores.

En las siguientes entradas podéis leer algunos de los casos más famosos de fraudes en la ciencia y la búsqueda de la verdad.


El caso de las piedras de dios - Fraudes de la ciencia


Ni siquiera las grandes figuras de la ciencia se libran de las acusaciones de fraude. Por ejemplo, Ptolomeo fue acusado el pasado siglo por el astrónomo francés Delambre y el norteamericano R.R. Newton, de no observar realmente las posiciones de los astros de las que Ptolomeo dejó constancia en su Almagesto, sino que se trataba de una extrapolación de los datos de Hiparco, levantados 200 años antes. Investigaciones más recientes exculpan al sabio griego del siglo segundo al apuntar que los datos confiables eran muy difíciles de obtener en esa época y que sólo gracias al crédito de los antiguos astrónomos pudo construirse una estructura teórica de la astronomía.

A veces, la provocación de una broma puede dar lugar a un fraude importante y generalizado. Esa es la tesis de Stephen Jay Gould para la falsificación de Piltdown. En otras ocasiones, se torna cruel como sucedió a Johannes Beringer, un sabio alemán del siglo XVIII, quien publicó en 1726 un grueso tratado sobre piedras fósiles que había hallado, que representaban imágenes de extraños insectos, aves y peces, que suponía habían sido talladas por el propio Dios cuando experimentaba con los tipos de vida que pensaba crear, o que pudieron haber desaparecido durante el diluvio universal.

Menos explicables resultaron las piedras que mostraban el Sol, la Luna, estrellas y cometas; otras llevaban grabadas letras hebreas e incluso la palabra Jehovah. Por fin, sus dudas se tornaron certezas cuando encontró una piedra con su propio nombre inscrito.

Tras una investigación se descubrió que el engaño había sido urdido por su ayudante, un bibliotecario y un profesor de geografía. El resto de su vida lo dedicó Beringer a comprar todos los ejemplares posibles de su libro y quemarlos. Hoy su obra se reedita en Alemania como curiosidad bibliográfica y monumento a la credulidad científica.

Periódicamente se repiten este tipo de engaños, especialmente en ambientes alejados de los círculos científicos. Por ejemplo, los gliptolitos peruanos de Ica han sido repetidamente pasto de revistas sensacionalistas. En estas piedras grabadas aparecían escenas de una civilización perdida, pero en realidad no eran mas que el fruto de la imaginación de unos avispados artesanos locales.

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Los famosos fósiles de Adam Beringer, expuestos en el Museo Teylers de Haarlem, Países Bajos

El caso del ayudante bienintencionado

No son escasas las ocasiones en que los errores o fraudes se atribuyen a los ayudantes y colaboradores, tal vez para mantener intacta, dentro de lo que cabe, la reputación del científico consagrado. Eso ocurrió con Gregor Mendel, quien con sus experimentos con guisantes en el huerto de la abadía ex-checoslovaca de Brünn, en Bohemia, creó la genética con su compleja estadística de genes dominantes y recesivos.

En 1936, el biólogo sir Ronald Fisher reconstruyó el proceso matemático que debió seguir Mendel para extraer sus conclusiones y llegó al convencimiento de que eran inexplicables, porque eran demasiado buenos. Parece como si las leyes de la estadística se ajustaran cósmicamente para dar unos resultados previamente propuestos. Como jugar a la ruleta y acertar siempre.

Para Fisher, los datos de Mendel habían sido manipulados sistemáticamente, y aseguraba que había sido “engañado por un auxiliar de jardinería que sabía muy bien lo que su jefe esperaba de cada prueba realizada”, es decir los experimentos fueron falsificados para concordar estrechamente con lo que esperaba Mendel.

La visión deseada

Para Martin Gardner, “quizás fuera culpable únicamente de ‘visión deseada’ cuando clasificaba y contaba sus plantas altas y enanas”. Otros investigadores modernos apuntan que Mendel simplemente “no contó todas sus muestras, sino que se detuvo cuando alcanzó las cifras que indicaban la proposición que se ajustaba a la teoría”, o también que sufrió el “efecto del experimentador”, es decir que Mendel vio lo que quería ver.

Si el ayudante tuvo que ver en la preparación de datos, no sería un caso insólito. En la mayor parte de las ocasiones se alteran los datos para contentar a su jefe que espera un resultado brillante.

Alexander Kohn en su libro Falsos Profetas, cita varios casos de este tipo, como el hecho de inocular suero inocuo en lugar de virus a los monos para que los resultados se adaptaran a la conclusión de que la vitamina C impedía la parálisis en las infecciones de poliovirus. Se acabó por descubrir que el técnico que trabajaba con el científico ayudó a obtener los resultados que su jefe esperaba.

El premio Nobel de medicina francés Alexis Carrell ("uno de los conversos más famosos de Lourdes"; conviene leer la entrada que le corresponde en wikipedia para descubrir uno de esos casos sangrantes de manipulación mediática y de información tendenciosa -religioso derechista- que tan consecuentemente se reprocha a sus redactores) proclamó que había conseguido cultivar “células inmortales” (fibroplastos del corazón de embriones de pollo en matraces de vidrio durante 34 años). Con posterioridad a la muerte ignominiosa de Carrel en 1944 (a causa de su colaboracionismo con los nazis) se comenzó a pensar en una posible manipulación del experimento. Nadie pudo reproducir el fenómeno y tras una serie de investigaciones se llegó a la conclusión de que los ayudantes con su mejor intención agregaban de vez en cuando células embrionarias “porque –decían– el doctor Carrell estaría tan molesto si perdiéramos la estirpe...”.

El caso del pollo paranormal

En 1970 se publicó un artículo en la Revista de Parapsicología estadounidense titulado Posible psicocinesis en embriones de pollo con el fin de obtener calor, firmado por Walter J. Levy de la Universidad de Durhan en Carolina del Norte, Estados Unidos.

En él se aseguraba que los huevos fecundados en una incubadora empleaban poderes de psicocinesis para influir sobre máquinas electrónicas que proporcionaban calor aleatoriamente. La probabilidad pura y dura no permitía más que la mitad de tiempo de conexión, sin embargo la computadora presentaba la evidencia de que la incubadora estaba más tiempo conectada que desconectada, por lo cual habría que deducir que los embriones de pollo actuaban psicocinésicamente sobre el mecanismo.

Tuvo también Levy otros fantásticos resultados con ratas, pero todo el engaño quedó al descubierto cuando un instrumental secreto reveló que Levy hacía trampas. Éste lo confesó todo y el asunto contribuyó a desprestigiar aún más, si cabe, la parapsicología entre los científicos.

martes, 16 de octubre de 2012

Algunos casos de fraudes científicos


El caso de los rayos mitogénicos

Uno de los casos de fraude que más comunicaciones científicas provocó fue el de los rayos mitogénicos, de tipo ultravioleta en onda corta, emitidos por las células animales y vegetales cuando se dividían. Los descubrió Alexander Gavrilovich Gurwitch (en la imagen) en 1923 y produjo una auténtica avalancha de publicaciones científicas en las revistas especializadas, en los que se aseguraba que estos rayos los emitían niños sanos, pero no los enfermos; que eran consustanciales a las células sanas, pero no a las cancerígenas; y otras propuestas que se demostraron peregrinas y erróneas. 

Hoy se sabe que las células vivas emiten luz visible en un fenómeno conocido como quimioluminiscencia, pero no radiación ultravioleta de onda corta.

El caso del poliagua extravagante

El asunto de la memoria del agua y la homeopatía que pudisteis leer en otra entrada, también recuerda el error de la poliagua, cuando el químico ruso Boris Derjaguin creyó descubrir en 1970, propiedades muy extrañas al agua cuando se recogía en tubos capilares del grosor del cabello. El revuelo fue mayúsculo en los ambientes científicos hasta que se descubrió que el agua misteriosa no era más que agua ordinaria contaminada por tubos de ensayo sucios. Desgraciadamente para entonces los militares soviéticos, intuyendo un arma poderosa en estos trabajos invirtieron millones de rublos que se perdieron miserablemente.

El caso del dinosaurio redivivo

En 1994 el microbiólogo Scott Woodward y su equipo de la Universidad Brigham Young en Utah, de Estados Unidos, afirmaron que habían extraído material genético de un pequeño fragmento de hueso de dinosaurio que vivió hace 80 millones de años, recreando así la fantástica hipótesis de Parque Jurásico.

Sin embargo, un año después cayó un jarro de agua fría sobre estos investigadores al publicarse en Science, por parte de cuatro informes independientes, que “no cabe ninguna duda, el fragmento de ADN identificado es claramente humano”. Woodward insistió en que su descubrimiento es auténtico, pero todos los indicios apuntan a que hubo una contaminación accidental de la muestra y los críticos recuerdan que una sola molécula basta para contaminar las muestras de material genético y obtener resultados falsos.

Los mismos informes derrumbaron la pretensión del científico chino Chen Zhangliang, quien aseguraba que había conseguido extraer ADN de unos huevos de dinosaurio hallados en China.

El caso de los canales de Marte

En muchos de los casos que hemos incorporado a este blog no existe un fraude deliberado, sino un fenómeno relativamente habitual en la ciencia: el autoengaño. El astrónomo Percivall Lowell dedicó buena parte de su vida a trazar mapas de supuestos canales marcianos que habían sido entrevistos en 1877 en 1877 por el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli. Llegó a escribir tres libros en los que afirmaba que las líneas que se observaban por los telescopios sobre la superficie marciana y de los que levantó detallados planos eran en realidad anchas bandas de vegetación que bordeaban enormes diques de riego.

Lowell no era un mentiroso de los que tanto abundan cuando se trata de asuntos extraterrestres. Sus precisos cálculos de 1915 condujeron al descubrimiento de Plutón en 1930, pero su obcecación marciana, al igual que las de sus seguidores, se debió a una ilusión óptica inducida por las manchas irregulares de Marte y por el vehemente deseo de ver lo que se deseaba ver.

El caso del cazador de rayos N

Otro error científico célebre fue el supuesto descubrimiento de los rayos N, realizado por el físico francés René Blondlot en 1901. Al experimentar con los rayos X, que estaban de moda, descubrió un nuevo tipo de radiación a la que denominó N, en honor de la ciudad donde se descubrió: Nancy. Los rayos N podían aumentar la luminosidad de los objetos y almacenarse.

Lo curioso es que grandes nombres de la física, como Becquerel, confirmaron y repitieron con éxito los experimentos. Sin embargo, en 1904, el estadounidense R.W. Wood fue a Francia a observar el experimento al que sustrajo una pieza supuestamente fundamental para el buen éxito del mismo. A pesar de todo, los resultados fueron iguales que si la pieza, un prisma, hubiera estado en su lugar. Cuando se publicó la historia en 1904, cayó el mito de los rayos N y en 1909, Blondlot se vio obligado a abandonar su cátedra.

viernes, 12 de octubre de 2012

El caso del mamut mafioso - Fraudes científicos


El siglo XXI comenzó con el caso de los fósiles reciclados que provocó un reputado paleontólogo japonés, Shinichi Fujimura, toda una institución pública por sus repetidos éxitos para encontrar fósiles extraordinarios. Pero como toda figura mediática tuvo la desdicha de que le grabaran unos periodistas con las manos en la masa cuando enterraba fósiles que él mismo descubriría tiempo después. Tras el engaño uno de sus ayudantes se suicidó, aunque Fujimura le había exculpado. El propio Fujimura tuvo que pasar por un hospital psiquiátrico.

Sin duda el caso más sonado del siglo XXI transcurrido ha sido el del surcoreano Hwang Woo-Suk (otros fueron el sueco Jon Subdo en 2006, sobre investigaciones en cáncer bucal y el alemán Hendrik Schön en 2005, que pretendía haber desarrollado transistores moleculares). En 2004, Hwang Woo-Suk y su equipo anunciaron que habían conseguido clonar seres humanos por primera vez, en un artículo publicado en la prestigiosa revista Science. Se prometían felices desarrollos en el avance: adiós al parkinson, la diabetes, el alzheimer. Pero apenas 2 años más tarde, la universidad de Seúl confirmó que nunca llegaron a existir esas células madre y que se habían falsificado los experimentos.

Incluso provocó que el primer ministro surcoreano convocara una reunión de emergencia pidiendo una investigación a fondo, la cual concluyó que todo había sido un hábil (y en ocasiones no tan sutil) fraude.

Cuando cae un héroe nacional

Pero es que ese gobierno no sólo invirtió dinero en Hwang, sino sobre todo prestigio. Cuando éste anunció que había clonado un perro al que llamó Snuppy, el gobierno de Corea del Sur creó para él el primer banco mundial de células madre del mundo y al científico (veterinario en realidad) le otorgó todos los honores habituales, otorgándole calificativos como "héroe nacional", mientras los medios lo mostraban como prototipo del espíritu del hombre que se hace a sí mismo: niño pobre de origen rural que consigue la gloria mundial.

Se convertía así en un personaje político antes que científico, anulando socialmente los mecanismos críticos que requiere una investigación semejante. Se descubrió el pastel cuando la universidad de Seúl anunció que dos colaboradoras habían participado con sus óvulos en el experimento y que incluso se había pagado a otras 16 mujeres donantes.

La justicia concluyó que el "doctor clon" había malversado 470.000 euros y que compró óvulos humanos para sus experimentos, actividad prohibida. Fue condenado a dos años de cárcel, pena conmutada por vigilancia durante tres años. Curiosamente, la investigación en ese campo no dejó de desarrollarse con grandes éxitos. El propio Hwang se recompuso y creó una empresa de clonación de mascotas.

Entre las anécdotas, se le acusó de apropiación indebida de fondos públicos unos 6,4 millones de dólares por ejemplo para comprar un coche para su esposa, pero en el juicio aseguró que la mayor parte la había destinado a intentar clonar un mamut por encargo de la mafia (la pregunta literaria sería ¿para que querría la mafia coreana un mamut clonado?).

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Portada de Times del 6 de enero de 2006

El caso del agua desmemoriada - Fraudes científicos


El más famoso de todos los detectives de la anticiencia es un mago, James Randi (en la imagen), un gran ilusionista que ha desacreditado todo tipo de investigaciones paranormales, desmontando o reproduciendo los trucos utilizados por supuestos dotados psíquicos como Uri Geller. Pero no sólo los charlatanes de la parapsicología son el blanco de sus críticas, también a menudo le reclaman para que estudie casos de gran controversia científica, como el de la "memoria del agua".

En esta ocasión, un grupo de investigadores franceses apoyados por dos israelíes, uno canadiense y otro italiano publicaron en la prestigiosa revista Nature (30 de junio de 1988) un artículo titulado "Degranulación de basófilos humanos desencadenada por un antisuero muy diluido contra IgE". Tras un título tan esotérico se escondía la idea de que el agua recuerda las propiedades químicas de elementos que han estado disueltos en ella, una idea defendida desde hacía siglos por la homeopatía, una controvertida ciencia médica que sostiene que si una sustancia produce síntomas de una enfermedad, cantidades infinitesimales de esa misma sustancia, aunque sea muy venenosa, curarán la enfermedad. El poder curativo será aún más intenso si su ausencia es total.

El jefe del equipo que desarrolló la hipotética “memoria del agua” fue Jacques Benveniste, quien aseguró que la potencia de sus diluciones se puede comprender con la siguiente analogía: es como arrojar las llaves del coche al Sena, ir a la desembocadura del río tomar unas gotas de agua, las cuales servirían para poner el coche en marcha.

Antes de que se publicara el artículo definitivo, la dirección de la revista Nature envió un equipo, encabezado por el propio director de la revista, John Maddox, para que estudiara el fenómeno en los laboratorios parisinos. James Randi fue otro de los voluntarios del equipo. Sus conclusiones, publicadas en Nature de 28 de julio de 1988, fueron demoledoras: "...experimentos estadísticamente mal controlados..., error sistemático..., fenómeno no reproducible..., hipótesis tan innecesaria como extravagante".
Benveniste (en la imagen) aseguró que el artículo de Nature respondía a un siniestro complot para desacreditarle (lo que conocidos otros casos no es una idea desechable). Sin embargo, el descrédito fue completo cuando se supo que algunos médicos del equipo de Benveniste estaban pagados por los laboratorios homeopáticos Belon. Eso no quiere decir que la medicina oficial apoyada por los grandes laboratorios farmacéuticos, no tergiverse por su parte sus propios resultados, como sucede con algunos medicamentos y vacunas, pero esa es otra sangrante historia de la que tal vez pueda ocuparme.

El efecto del experimentador

En el caso de la memoria del agua no se trata de un fraude propiamente dicho, sino de lo que los expertos denominan "efecto del experimentador", esto es que las firmes creencias del experimentador influyen en los resultados.

Un caso semejante respecto a la homeopatía tuvo lugar cuando se publicó un artículo en la prestigiosa revista médica británica The Lancet del 10 de diciembre de 1994, firmado por David Reilly quien aseguraba que "nuestros resultados prueban que la homeopatía tiene una acción inexplicable pero reproducible, lo cual difiere del efecto placebo".

Algunos datos conocidos con posterioridad a su publicación ponían en entredicho la investigación. Primero porque los estudios habían sido realizados por homeópatas y financiados por firmas de productos homeopáticos. Y, segundo, porque la metodología aplicada había sido mediocre, cuando no errónea. El autor utilizaba además como referencia dos artículos propios que ya habían sido seriamente criticados. En cuanto a los resultados, sólo uno de los pacientes estudiados había sufrido una mejora evidente con respecto a los casos testigo tratados con placebo.

Por último, trascendió que la publicación del artículo fue consecuencia de la presión ejercida por la King's Fund, la fundación tras la que se encuentra la casa real inglesa, cuyos componentes, empezando por la reina madre son partidarios de la homeopatía, especialmente el príncipe Carlos.

Una de las causas más frecuentes de error en los trabajos científicos tiene que ver con el denominado “efecto experimentador”, que se define como “el grado al cual se desvían del ‘valor correcto’ los datos que obtiene el experimentador”. Se trataría de una consecuencia de que el investigador interprete opiniones imprecisas como respuestas favorables. El investigador N.S. Hetherington asegura que el efecto experimentador se produce cuando “se han obtenido resultados previstos, anticipados, o incluso deseados, por parte de investigadores apegados a los métodos científicos aceptados generalmente”.

¿Es lícito manipular los datos para llegar a la solución correcta?

Newton que puede considerarse como uno de los padres de la ciencia se inventó datos para que las fórmulas se ajustaran a su teoría de que el sonido se transmite a 331 metros por segundo. Midió la longitud de una onda en el agua, entre cresta y cresta, y la velocidad de propagación y trató de extrapolar los datos al comportamiento en la atmósfera como si se tratase de una onda acuática. Pero para ello, necesitaba conocer la relación entre las densidades del agua y del aire, desconocidas en esa época.

Con mucho atrevimiento científico se lanzó a suponer que el aire contenía vapor de agua en una proporción de 1 a 10 y que el aire estaba formado por partículas, aunque teóricamente nada se sabía sobre ellas. Ajustando los valores, le coincidieron los resultados, así que nadie se preocupó de darle importancia al asunto, porque la solución resultaba correcta y brillante. Hasta que R.R. Westfall escribió en 1973 un artículo en Science donde aseguraba que este comportamiento heterodoxo podía considerarse “nada menos que fraude deliberado”.

Fraudes científicos: El caso de los colores del sapo partero


Los detectives científicos no sólo han tratado de desacreditar a falsarios, sino rehabilitar a personajes que consideran han sido acusados injustamente. Ese es el caso de Paul Kammerer, un biólogo austríaco, creyente de las teorías de Lamarck según la cual se heredan los caracteres adquiridos (por ejemplo, que las antiguas jirafas nacían cada vez con el cuello más alto para alcanzar mejor las hojas), quien realizó durante quince años experimentos con anfibios.

Sus resultados parecían confirmar a los lamarckistas frente a los neodarwinistas, también llamados mendelianos (dado que el propio Darwin era lamarckiano), para quienes sólo se heredan las mutaciones fortuitas, preservadas por la selección natural.

Una de las especies con las que trabajó Kammerer fue el sapo partero que se aparea en tierra en lugar del agua, a diferencia de otros sapos, que para agarrarse a las hembras y no resbalar desarrollan protuberancias callosas pigmentadas. El biólogo vienés forzó la reproducción de los sapos parteros en el agua para ver si al cabo de algunas generaciones desarrollaban esas protuberancias o "cojinetes nupciales".

En efecto, comprobó que esas características adquiridas se transmitían a los descendientes machos. La polémica fue intensa entre partidarios de la corriente lamarckista y neodarwinista, hasta que en 1926, un médico norteamericano estudió en Viena el famoso sapo y descubrió que la coloración del cojinete nupcial era causada por una inyección de tinta china.

Kammerer admitió el fraude, pero se declaró inocente e ignorante del engaño, aunque poco tiempo después se suicidó disparándose en la sien. Para muchos científicos esta actitud equivalía a una confesión, pero no para todos.

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Paul Kammerer

El abrazo del sapo reivindica a Kammerer

El escritor y filósofo Arthur Koestler quedó fascinado por la personalidad de Kammerer y emprendió sus propias y exhaustivas investigaciones, publicadas en su libro El abrazo del sapo, que le llevaron a concluir que la falsificación había sido cometida por un enemigo de Kammerer, en fecha posterior a 1923, cuando ya había mostrado su ejemplar en una conferencia en Inglaterra y que su suicidio, en 1926 con 46 años, tuvo más que ver con causas sentimentales que profesionales.

Aún está por demostrar que el vienés no indujera realmente caracteres adquiridos, ya que el resto de sus experimentos no parecen presentar indicios de manipulación fraudulenta, aunque como señala Martin Gardner "fue un experimento estúpido, porque de haber tenido éxito, los mendelianos lo habrían explicado simplemente como el mero resurgir de un plano genético".

El caso de la inteligencia heredada

Un famoso detective del fraude científico fue Leon Kamin, psicólogo de la Universidad de Princeton (EEUU) quien persiguió una de las más escandalosas imposturas en el terreno de las ciencias humanas: que la inteligencia está determinada por la herencia. La propuso sir Cyril Burt, el primer psicólogo británico que recibió el título de caballero, quien presentó una extensísima colección de conjuntos de Coeficiente Intelectual (CI), especialmente de gemelos. Kamin halló contradicciones y carencias en los artículos de Burt.

El siguiente paso fue hurgar en las referencias científicas de anteriores investigaciones y descubrió que no existían los ensayos, tesis o artículos que citaba. En 1976, cuatro años después de la muerte de Burt, se realizó una investigación en profundidad que demostró el vergonzoso falseamiento de datos a lo largo de toda su carrera, y que incluso sus dos colaboradoras, Margaret Howard y J. Conway, no existían.

Estas fantasmales colegas firmaban incluso las críticas de libros en el Boletín de Psicología Estadística, en las que alababan las publicaciones de sir Ciryl Burt y criticando las de sus oponentes.

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Cyril Burt

Fraudes científicos: El caso del cráneo del eslabón perdido


Sólo la perspicacia y tenacidad de Talent sirvieron para descubrir un fraude de la misma magnitud que el del cráneo de Piltdown, aunque en este último caso en lugar de 25, transcurrieron 40 años hasta que se demostró el engaño. En esta ocasión, ejerció de detective el conocido paleontólogo y divulgador Stephen Jay Gould, quien muchos años después de cometido el fraude, creyó descubrir al autor del engaño, el también conocido paleontólogo jesuita y místico francés Theilard de Chardin.

La historia se remonta a finales de 1912, cuando Charles Dawson, un geólogo aficionado anunció haber descubierto el eslabón perdido entre los monos y el hombre en una gravera cercana a Londres. El hallazgo consistía en piezas de calavera humana y un trozo de mandíbula simiesca. Justo la combinación que predecía la teoría de Darwin y que se ajustaban a la perfección al que se consideraba eslabón perdido. El descubrimiento fue apoyado por el geólogo más prestigioso de Gran Bretaña, Arthur Smith Woodward.

En los años siguientes se realizaron nuevos descubrimientos: un diente que se ajustaba perfectamente en la mandíbula, y un año más tarde, un hueso de elefante que al parecer había servido como herramienta al supuesto hombre mono de Piltdown.

Quedó establecida la seriedad del descubrimiento, pero en 1935, un arqueólogo aficionado y a la sazón dentista renombrado Alvan T. Marston tuvo el feliz hallazgo de restos fósiles humanos del Pleistoceno. La conclusión del parnaso paleontológico fue que se trataba de un homo sapiens posterior al hombre de Piltdown, aunque Marston creía, como luego apoyó el paleontólogo Kenneth Oakley, que se trataba de un tipo humano precedente.

Marston investigó y aplicó sus conocimientos dentales con ahínco al caso hasta que concluyó que el cráneo de Piltdown pertenecía a un mono.

Tras numerosos trabajos científicos, el doctor Kenneth Oakley y dos colegas demostraron en 1953, sin  lugar a dudas, con análisis radiológicos, químicos y anatómicos que el cráneo sí era fósil, pero la mandíbula pertenecía a un moderno antropoide que había sido coloreada y pulida para darle un aspecto antiguo y semihumano.

El escándalo que generó tuvo resonancia mundial. El Times llegó a escribir: "El hombre de Piltdown fue el primer ser humano que usó dientes postizos".  Incluso se incriminó en el fraude a Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, que vivía por entonces en Piltdown.


Pintura de John Cooke en 1915. De izquierda a derecha F. O. Barlow, G. Elliot Smith, Charles Dawson, Arthur Smith Woodward, A. S. Underwood, Arthur Keith, W. P. Pycraft, y Sir Ray Lankester. Charles Darwin en la pintura de la pared.


Una pesada broma

Numerosas pruebas se acumularon contra Dawson, pero en 1979, Stephen Jay Gould, fallecido en 2002, retomó la investigación y propuso una nueva hipótesis: que Piltdown comenzó como una broma que llegó demasiado lejos. Según Gould, quien se apoya en cartas y documentos de la época (ver sus obras El Pulgar del Panda y Dientes de Gallina, Dedos de Caballo), Dawson que era un aficionado y el padre Theilard de Chardin se habían hecho amigos, mientras que el segundo estudiaba en el colegio jesuita de Hasting, y tramaron una impostura para dejar al descubierto la credulidad de los profesionales de la paleontología.

Posiblemente, jamás imaginaron que las lumbreras científicas británicas se aferraran con tanto ímpetu al fraudulento cráneo. La broma se les escapó de las manos. Dawson murió repentinamente en 1916 y Theilard se encontraba de camillero durante la Primera Guerra Mundial. Pocos años después se convirtió no sólo en una figura científica respetada, sino en un personaje de culto como profeta destacado de una nueva era que conciliaba la ciencia y la religión, y no se atrevió a desmontar la superchería.

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Stephen Jay Gould

El apoyo de los científicos consagrados

Como en el caso de Piltdown, el apoyo de los científicos consagrados resulta aún más sangrante porque acaban con la reputación no sólo del defraudador, sino del científico que lo apoya. Por ejemplo, el fraude en que se vio involucrado el premio Nobel David Baltimore; corresponde a la investigadora Thereza Imanishi-Kari del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), quien en noviembre del pasado año fue declarada culpable de 19 cargos de falsificación de datos en un artículo sobre inmunología publicado en 1986.

Baltimore levantó una gran polémica al realizar una encendida defensa de la investigadora del MIT que se vio excluida durante 10 años de cualquier investigación financiada por organismos oficiales en Estados Unidos. Pero en 1996 se revisó su caso y desestimó todos los cargos en su contra. Hoy sigue trabajando como investigadora.

Fraudes en la ciencia: el caso de los fósiles reciclados

Un paradigma de detective científico, sabuesos del conocimiento buscando la verdad es John A. Talent, geólogo de la Universidad Macquarie de Sidney (Australia). En 1987, se extrañó de que unos microfósiles, conocidos como codontos, que sólo se encuentran en una cantera de Estados Unidos, hubieran sido hallados en el Himalaya. Comprobó que el autor de los trabajos era el geólogo Vishwa Jit Gupta de la Universidad del Chandigarh en la India.

Con la mosca tras la oreja, comenzó a revisar otros trabajos del indio y a descubrir irregularidades palpables como que los fósiles del Himalaya se habían comprado en sitios tan lejanos como Marruecos o sustraído de colecciones de otros países. Incluso llegó a publicar varias veces los mismos hallazgos en distintos lugares. En total, 455 artículos de Gupta, de ellos 181 en solitario, y cinco libros, han contaminado el conocimiento biogeológico de la cadena montañosa más famosa del mundo, los Himalaya.

Las falsas informaciones han servido para datar erróneamente los choques de las masas continentales. Desgraciadamente el fraude se propagó a miles de artículos de otros científicos que apoyaban sus investigaciones en datos que consideraban auténticos.

Archaeoraptor liaoningensis: el caso del dinoave

La geología y paleontología por sus peculiares ámbitos de estudio son disciplinas víctimas habituales de engaño. En 1999 la revista National Geographic dedicó su portada al Archaeoraptor liaoningensis, un dinosaurio con alas encontrado en China y que podría convertirse en el eslabón perdido entre los dinosaurios y las aves. Pronto se demostró que se tratan de un collage fósil entre un pequeño carnívoro y un ave.

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El supuesto fósil del archaeoraptor

Shinichi Fujimura: el caso de los fósiles ubicuos

Dramático resultó el caso de un reputado paleontólogo japonés, Shinichi Fujimura, director del Instituto Paleolítico Tohoku, considerado una institución brillante por sus repetidos éxitos para encontrar fósiles. Pero tuvo la desdicha de que le grabaran unos periodistas con las manos en la masa cuando enterraba fósiles que él mismo descubriría tiempo después. Tras el engaño uno de sus ayudantes se suicidó, aunque Fujimura le había exculpado. El propio Fujimura acabó internado en un hospital psiquiátrico.

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Shinichi Fujimura en su momento estelar rodeado de periodistas

Hombre de Orce: el caso del hombre que fue caballo

Hace trece años, José Gisbert descubrió en un yacimiento próximo a la localidad granadina de Orce, una deteriorada mandíbula que parecía llamada a revolucionar la paleontología europea, tan escasa en fósiles humanos. Con la extremada sectud que le conferían el millón y medio supuesto cráneo humano no es más que un fragmento de la quijada de un équido.

En una reunión sobre Cuaternario que se celebró en 1993 en Madrid, un grupo de especialistas españoles aseguró que en Orce no se hicieron las debidas dataciones y que falta la documentación cronológica, especialmente una magneestratigrafía. Si se demostrara que Gisbert encontró sólo un hueso de asno no nos encontraríamos ante un fraude, sino un caso más de “efecto del experimentador”.

Como se señala en la entrada de la Wikipedia, "a día de hoy, el fragmento de cráneo hallado en el yacimiento de Venta Micena está reconocido como homínido".

jueves, 11 de octubre de 2012

Los fraudes científicos


El elevado porcentaje de engaños y errores que jalonan la investigación científica, especialmente en el ámbito médico, ha llevado al Congreso norteamericano a crear una Oficina de Integridad en la Investigación (ORI) que tiene como objetivo examinar los casos de fabricación, falsificación, manipulación o plagio en el ámbito científico. Entre sus actividades se encuentra la publicación de los casos investigados, las iniciales del científico, su ámbito de estudio y el centro para el que trabaja, el engaño cometido y la sanción impuesta.

“A diferencia de otras profesiones en las que la honestidad sólo se considera muy deseable, el gran edificio de la ciencia está construido sobre los cimientos de la honestidad”, dice el médico e historiador de la ciencia Alexander Kohn. Pero eso es teoría, ya que el descubrimiento científico genera honores y cuantiosas regalías que propician actitudes fraudulentas en los ambiciosos.

Los fraudes prefieren las humanidades

Según los especialistas, el fraude es un problema que enturbia con más frecuencia las ciencias sociales y biológicas que las denominadas “ciencias exactas”, debido a que aquellas presentan variables que impiden la reproducción de los experimentos y, por tanto, una mayor facilidad para ser disimulados.

Prácticamente todos los casos de fraude estaban relacionados con investigaciones médicas, psicológicas o biológicas, puesto que resulta más difícil determinar si se miente en que 500 personas desarrollan cáncer de colon por no hacer ejercicio, que, por ejemplo, la aparición de una nova en el firmamento.

Muchas veces, la comunidad científica tarda años en comprobar las aseveraciones que se publican, pero casi siempre acaba por encontrarse el camino correcto, porque un buen engaño es muy difícil de mantener; aunque no cabe duda de que convivimos con falacias que aún tardarán en desterrarse.

Las causas de este comportamiento desviado son múltiples: el reconocimiento social; la consecución de una fortuna personal; la búsqueda de subvenciones para continuar los experimentos o simplemente mantener el puesto de trabajo; la estresante competencia profesional (recordemos que Newton estaba obsesionado porque le reconocieran sus descubrimientos y rabiaba cuando otros sabios como Boyle, pudieran robarle la prioridad de un descubrimiento); y, por supuesto no hay que olvidar que entre los científicos, como entre cualquier otro grupo humano, existen personalidades patológicas capaces de engañar para probar su ‘privilegiada’ inteligencia frente a la de toda la comunidad.

Engaños en la ciencia por doquier

Lo demuestra la variedad y cantidad de engaños que se producen. Ya una encuesta de la revista New Scientist de 1976 dio como resultado que de 201 cuestionarios, 194 científicos encuestados aseguraban conocer al menos un caso de engaño. Otro estudio publicado en Scientific American en 1993 por la doctora Judith Swazey llegó a una conclusión parecida.

La psicología es paradigmática en la manipulación de trabajos. Un estudio de la Universidad de Iowa solicitó a 32 psicólogos los datos en que se basaron sus experimentos e investigaciones, pero ni uno solo pudo aportar un trabajo riguroso y con datos correctos en todos los puntos. A la mayoría, naturalmente, se le habían perdido los datos.

Según un estudio publicado recientemente, el fraude científico se ha multiplicado por 10 desde 1975. El estudio analizaba los trabajos realizados en biología y medicina que se recogen en la base de datos Pubmed la más importante referida a artículos publicados en estos campos.

Hasta 2012, los autores tuvieron conocimiento de 2047 artículos rechazados, el 67 por ciento de los mismos por fraude, duplicación o sencillamente plagio. Estados Unidos, Alemania, China e India, encabezan el ranking de países de origen de los artículos fraudulentos.

Desgraciadamente no se trata sólo de prestigio, poder o vanidad, la ciencia implica a muchos estamentos sociales y a veces es utilizada como una terrible arma política. Desde 1933, la Alemania nazi impuso criterios ideológicos a las conclusiones científicas que acabaron con la farsa aria y el genocidio étnico.

Lysenko en sus momentos de gloria en el soviet.

Lysenko, el caso de la ciencia fraudulenta en el poder

En la antigua Unión Soviética, el agrónomo Trofim Lysenko impuso sus criterios lamarckianos al ámbito científico ruso por el extraordinario poder que acumuló en la cúpula comunista. Las plantas no podían comportarse genéticamente como evolucionistas revisionistas, sino que por ley podrían ser moldeadas genéticamente por las condiciones ambientales, como proponía Lamarck.

Ya que los datos parecían empeñados en demostrar lo contrario, todos aquellos biólogos que se opusieron a estos criterios fueron enviados al Gulag o directamente al paredón.

Consecuencia, en 1950 Lysenko había logrado destruir hasta las raíces la ciencia genética en la antigua URSS. De todos los biólogos soviéticos dedicados a la investigación genética, cinco se hicieron “lysenkoístas”, 77 fueron detenidos, deportados y ejecutados, y más de trescientos tuvieron que cambiar de trabajo.

Los resultados de sus propios experimentos agrícolas y ganaderos fueron un completo desastre, pero no cayó en desgracia hasta el año 1960, a pesar de que ya había trascendido que todos los datos que ofrecieron él o sus colaboradores eran sistemáticamente falsificados, adornados o inventados y nunca se publicaban en revistas especializadas, sino en la prensa popular y repleta de expresiones como ‘lucha de clases biológica’, ‘biología burguesa’, ‘sirvientes del capitalismo’, y otras expresiones de esta guisa.

También asesinas pueden resultar algunas falsas investigaciones, especialmente en el ámbito farmacéutico, donde se mueven muchos intereses económicos que no se paran ante frivolidades de honradez. Un estudio oficial realizado acerca de una compañía farmacéutica estadounidense reveló que de 900 trabajos elaborados sobre los efectos crónicos de varias sustancias comercializadas por los laboratorios investigados, la mayor parte carecía de validez.

Talidomina: el caso del tranquilizante asesino

El siniestro asunto de la talidomida es paradigmático de esta actitud que no resulta infrecuente. La compañía Chemie Gruenenthal, que solo ahora pide perdón, situó en el mercado un tranquilizante, la talidomida, pero ocultó informes y suprimió comunicaciones sobre problemas neurológicos derivados de su consumo. Hasta 1962 se estuvo recetando alegremente a embarazadas con el resultado de ocho mil niños afectados por espantosas malformaciones en 46 países. Para más escarnio, la compañía no pudo ser responsabilizada judicialmente porque no existía un “claro precedente legal”.

Clasificación de los fraudes en la ciencia

El padre de las modernas calculadoras, Charles Babbage, un famoso matemático inglés fallecido en 1871, definió varios tipos de adulteración de la ciencia:

Falsificación. Cuando se registran observaciones que nunca se han realizado, esto es, cuando se miente abiertamente sobre los datos experimentales. Aquí podemos incorporar el plagio, como una mentira acerca de la auténtica autoría del trabajo.

Adorno (maquillaje o apaño). Manipulación de los datos experimentales para hacerlos lucir mejor en los resultados.

Cocina (decantación). Escoger sólo los datos que mejor se ajusten a la hipótesis del investigador y descartar los que no. O, lo que es lo mismo, decir sólo una parte de la verdad.

domingo, 23 de septiembre de 2012

A vueltas con el amor

Se ha escrito mucho sobre el amor. Incluso yo, escéptico por sistema dejé en las páginas de la revista Muy Interesante allá por 1993 un montón de escritos que en Gonosiana abarcarán una quincena de entradas. Aquí os dejo la lista por si os interesa el epígrafe de alguna de aquellas reflexiones (eso sí, actualizadas).

Te quiero: Una perspectiva social sobre el concepto amor

El amor es sólo una molécula. La química del amor

La magia del flechazo y el perfume del amor

¿Cómo elegimos pareja?

Entrevista con la antropóloga Helen Fisher: biografía y bibliografía

¿El amor es para siempre? Bases biológicas de la fidelidad

Un placer llamado orgasmo

El amor como experiencia mística

El mito del amor romántico

Afrodisíacos: Las drogas del amor

El amor homosexual

Penas de amor

El lenguaje del amor no usa palabras

El mórbido fantasma de los celos

Amor: 10 pasiones heterodoxas con historia

Amor: 10 pasiones heterodoxas con historia

Diez historias que tienen en común la transgresión del orden sentimental establecido, la pérdida de los roles adjudicados por la sociedad. Las protagonizan mujeres y hombres que situaron su amor por encima de convencionalismos y prejuicios.

El amor que hace crecer: Katharine Hepburn y Spencer Tracy
"Me temo que soy un poco alta para usted, señor Tracy", dijo Katharine Hepburn. "No se preocupe, miss Hepburn, la pondré a mi altura", contestó Spencer Tracy. Con esta frase cuenta la leyenda fílmica que comenzó una de las relaciones más apasionadas del séptimo arte. La Hepburn contaba treinta y tres años y sus anteriores romances y matrimonios sólo la habían dejado un poso de amargura: "El hombre y la mujer no están hechos perfectamente el uno para el otro". Se equivocaba. Un irlandés, ultracatólico y borrachín, con un hijo sordomudo y una mujer enferma de la que no podía divorciarse a causa de sus ideas religiosas, la hizo vivir un apasionado romance que duró veinticinco años. Lo que sorprende de esta relación es su secreto, en un mundillo donde ese calificativo roza lo quimérico. Pero, paradójicamente, a la vez que guardaban celosamente su intimidad sentimental, sus amores, desavenencias, histerias y borracheras, eran vividas por millones de personas de todo el mundo en las nueve películas que hicieron juntos de vida profesional.  Y, sin embargo, ese matrimonio, que para la sociedad de la época nunca fue tal, les permitió guardar la independencia profesional y vital. Gracias al amor sus espíritus crecieron.

Un amor por decreto: La reina Isabel II de España y el general Francisco Serrano
Casada a los dieciséis con su primo Francisco de Asís, duque de Cádiz, al que el populacho llamará malévolamente "Doña Paquita" a causa de su afeminamiento, vivió apasionados romances con distintos dignatarios del reino, y otros hombres no tan encumbrados, que hacían temblar a la corte casi tanto como hoy a la corona inglesa las promiscuas imágenes de sus príncipes y princesas. Ella, impulsiva y emocional, ya sabía mucho de la vida gracias a los mayordomos y camareras que trajinaban en palacio y antes de su matrimonio eran vox populi sus relaciones amorosas con Francisco Serrano y Domínguez, el "general bonito". Es un amor sostenido por el decreto. Los favores de la reina convirtieron al general Serrano en el hombre más poderoso de España, al que nombró duque de Latorre y puso en sus manos el gobierno de la nación. En Recuerdos y Olvidos, Jacinto Benavente llegó a insinuar que el "general bonito es el padre de Alfonso XII", aunque otras maledicencias adjudican esa paternidad al guardia de corps catalán Puig Moltó. La magia de su romance acabó con aquel grito de los insurrectos en la revolución de 1868 que decían "¡Abajo la Isabelona, fondona y  golfona!".

Un incesto atormentado: Elisabeth y Friedrich Nietzsche
Nietzsche, uno de los más grandes pensadores de todos los tiempos tuvo una atormentada relación con las mujeres. El doble rechazo que sufrió por parte de la sofisticada Lou von Salomé, no hizo más que agravar la dependencia sentimental de su hermana, Elisabeth, dos años menor que él. A lo largo de la vida del filósofo, Elisabeth ejerció de colega, amiga, confidente, enfermera y amante. El escritor Fernando Savater se pregunta: ¿Quién puede comprender del todo la fascinación que Nietzsche sintió por Elisabeth, su aterrada atracción por esa Antígona a la que odiaba con desesperada dulzura, que fue para él la mujer eterna, la insoslayable realidad de lo femenino?". La ruptura del tabú incestuoso le obliga a luchar contra una culpabilidad que su razón no admitía. Su vida sexual, de no mediar sentimentalmente su hermana, hubiera sido "normal" y posiblente la genialidad de su pensamiento se hubiera visto muy resentida. Incluso cuando su hermana se casa con el odioso Förster, un terrateniente paraguayo que utilizaba esclavos en sus plantaciones, la sigue a América, aunque más tarde volverá a peregrinar insatisfecho por la Europa mediterránea. Posiblemente, los achaques que arrastra a causa de una sífilis mal curada, acaban con su vida en agosto de 1900. Por supuesto, muere en brazos de su hermana, que más tarde recopilará sus escritos y publicará algunas de las grandes obras de Nietzsche.

Cuando se aman dos mujeres: Virginia Woolf y Vita Sackville-West
El amor de Virginia Woolf por la aristócrata inglesa Vita Sackville-West respondía a la demencia propia de la escritora. Su psicosis maníaco-depresiva la obligaban a la inconstancia sentimental. Vita escribió en una carta: "También ella me ama, lo cual me halaga y me gusta (...). Me da un miedo espantoso producirle sentimientos físicos debido  a su locura (...) Por otra parte, Virginia no es de la clase de persona que uno pudiera creer. En ella hay algo incongruente, casi indecente. Me he acostado con ella un par de veces, pero eso es todo". Su amor debió estar presidido por los accesos de locura que sufría Virginia y que era incapaz de reconocer. Las voces que decía oír en su cabeza la atormentaban y la empujaban a castigarse. Antes de conseguirlo definitivamente, Virginia Woolf ya intentó acabar con su vida arrojándose al vacío y envenenándose con veronal. Consiguió su propósito suicida a la edad de 59 años hundiéndose, con piedras en los bolsillos, en las aguas de un río.

El mito de Lolita: Woody Allen y Soon-Yi
El mito de Lolita, la adolescente que enamora y trastorna a los hombres maduros, sigue vivo. El que tuvo más repercusión internacional fue el de los amores de Woody Allen cuando tenía 57 años, casado con la actriz Mia Farrow, con su hija adoptiva, la coreana Soon-Yi que entonces contaba 20, una niña que Mia Farrow había adoptado durante un anterior matrimonio. Desde que la actriz descubrió fotos de Soon-Yi desnuda en el apartamento de Allen, el escándalo fue grandiosamente aireado para la opinión pública con juicios, amenazas de muerte y acusaciones de abuso sexual de menores. Estos amores, que ya de por sí sufren una considerable presión social y psíquica, se exponen al juicio de todas las familias burguesas del mundo, que inevitablemente toman partido. Para echar leña al fuego y con la sana intención de provocar, el cineasta estrenó una película protagonizada por él mismo y Mia Farrow, en la que Allen se enamora de una jovencita de 21 años. El escándalo sigue estando servido.

Hombres y amantes: Juan Carrero y Enrique Naya (Costus)
Más conocidos como Costus, estos dos insólitos personajes fueron germen del movimiento cultural más libre y heterodoxo en España durante este último cuarto de siglo, la denominada "movida madrileña". Pintores decadentes y provocadores, su historia de amor es la de una pareja de hombres que vivieron con toda la intensidad el momento, pero que permanecieron fielmente unidos. Por su casa pasaron todos los personajes del underground nacional con Pedro Almodóvar y Alaska a la cabeza. Cuando Enrique Naya murió de SIDA en mayo de 1989, su compañero Juan Carrero fue incapaz de superarlo y puso fin a su vida ahorcándose un mes más tarde. El amor no acepta el final. Exposiciones antológicas antiguas y recientes pusieron de manifiesto la creatividad de la pareja que tuvo el valor de abandonar un día sus puestos de funcionarios para crear una historia marcada por la originalidad: "Una historia de amor -diría la cantante Alaska-, del amor entre dos personas y del amor hacia su obra".

Buscando a la madre desesperadamente: Jean-Jacques Rousseau y la señorita de Warens
Huérfano de madre desde su nacimiento, el filósofo enciclopedista Rousseau buscó en su juventud el amor de la madre perdida. Tuvo suerte. Tras escapar de la casa paterna, fue recogido por la señorita de Warens, único nombre con el que ha pasado a la posteridad, la cual le inicia tanto en la vida cultural como en la sexual. Durante siete años, de 1733 a 1740, Rousseau recibe el afecto y el apoyo creativo que le faltó con la madre a la que nunca conoció. Lee, escribe y ama junto a esta mujer a la que quedará eternamente agradecido cuando le llegue la fama. Incluso cuando vive con otras mujeres y tiene hijos no la olvida. La describe como "la más tierna de las madres, que nunca busca su placer, sino el bien de los demás". Cuando marcha a París en busca de fortuna, va con la seguridad de un hijo al que apoya una madre amantísima, "una madre joven y bonita deliciosa de acariciar".

El amor por encima de la gloria: Eduardo VIII y la señora Simpson
Fue uno de los casos que conmovieron al mundo. Un acto de amor por el que un rey renunciaba al trono ante la tesitura de abandonar a la mujer amada. En 1930 comienza la relación del entonces Príncipe Eduardo con la señora Simpson, a la sazón esposa de Ernest Simpson, uno de los pocos allegados de palacio. Anteriormente divorciada de un teniente de la marina estadounidense, la señora Simpson vuelve a divorciarse, tras dos años de relaciones sentimentales con el príncipe, el mismo año en que Eduardo es proclamado rey con el nombre de Eduardo VIII. Estamos en 1936, Europa se agita con convulsiones políticas. En España comienza una guerra civil, pero las revistas del corazón sólo tienen una imagen en su portada: los escandalosos amoríos de la corona británica. Las relaciones con la divorciada pusieron en contra del rey a todos los estamentos civiles y políticos, especialmente la iglesia anglicana. En diciembre de 1936, Eduardo se ve obligado a abdicar del trono y unos meses más tarde se casa con la señora Simpson. Un amor que sólo le costó un reino.

Un amor que trasciende lo físico: Salvador Dalí y Gala
¿Fabricó Gala a Dalí? Así lo aseguran alguno biógrafos. Si no lo fabricó, sí contribuyó a convertirle en el artista más excéntrico del siglo XX. Gala, nacida Gala Dianakoff, estaba casada con el escritor surrealista Paul Éluard. Cuando Salvador Dalí la conoció en 1929, ya no pudo apartarse de ella, y la convirtió en la mujer más retratada de la historia. "Nosotros no vivimos un matrimonio convencional, como los demás mortales", decía Dalí. El rostro de ella inspiraba y movilizaba la creatividad daliniana. Según algunos críticos, su rostro lo pintaba de memoria, con la forma y la expresión que había idealizado.
El pintor la idolatraba por encima de todo. "Cuando estaba ante ella, Dalí se comportaba como un niño frente a su madre", cuenta la modelo Amanda Lear. No importaban las relaciones sexuales como la de los burguesas, su amor se extendía por encima de los prejuicios.
El mismo Dalí, escribió que pensaba como Unamuno, "cuando le preguntaban qué era el amor, él respondía simplemente: 'El amor es mi esposa. Si ella siente repentinamente un dolor en la pierna izquierda, de inmediato siento el mismo dolor'. Y eso es lo que me ocurre cuando Gala sufre o está alegre".

Amor epistolar: Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós
Los dos más grandes novelistas españoles del siglo XIX, Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós, tuvieron una abrupta experiencia morosa que quedó plasmada para la posteridad en una apasionada correspondencia epistolar, sacada a la luz por la profesora Carmen Bravo Villasante en el año 1973. Los biógrafos ha demostrado que los encuentros entre ambos escritores tuvieron que ser escasos, tal vez en Madrid, aunque también realizaron un viaje juntos a las cuevas de Altamira.
Emilia Pardo Bazán fue una mujer adelantada a su tiempo, con una personalidad interesada en la ciencia y que defendía propuestas feministas en una sociedad española cerrada a estas ideas. Su matrimonio, a los quince años con un estudiante, fue un fracaso, y, que se sepa, casi siempre rehuyó nuevos compromisos amorosos. Con Pérez Galdós puso en letra sus más ardientes sentimientos que sólo pudieron hacerse efectivos en muy pocas ocasiones. Pero, en esas cartas, utiliza un tono vulgar, palabras que no ha sido tamizadas por la razón, sino escritas con el corazón. Tacos, juramentos amorosos, construcciones populares, convierten este epistolario en un monumento a la sinceridad.

El mórbido fantasma de los celos

Nadie, hombre o mujer, escapa al tormento de los celos, al miedo a la pérdida de la persona o el objeto amado y sus consecuencias. Para Freud, aquellos que aseguraban no ser celosos se estaban engañando a sí mismos, reprimiendo esos sentimientos y almacenándolos en el inconsciente. El médico psicoanalista Arnoldo Liberman dice que "todo aquel que ama, cela. Lo sustancial es hasta donde servirán de enriquecimiento en nuestros vínculos o en qué momento comenzarán a hacerse denigrantes y destructivos".

Freud dividía los celos en tres grupos: de competencia o normales, proyectados o neuróticos y delirantes o alucinatorios. Los primeros anidan en el inconsciente y el creador del psicoanálisis los relaciona con el complejo de Edipo, la afectividad infantil y la competencia con los hermanos.

Los celos proyectados se presentan cuando adjudicamos a nuestra pareja las propias fantasías de infidelidad. Acusamos al otro de lo que en realidad nosotros mismos estamos deseando inconscientemente. En los delirantes se llega a una especie de paranoia por la cual centramos el interés en el rival, no en la pareja.

¿Son los celos una prueba de amor? 

Tal vez la expresión de La Rochefoucauld, un moralista francés del siglo XVII, diga más que muchos tratados: "En los celos hay más amor propio que amor por el otro". Para el psicólogo danés Shand, "es a causa del deseo, fruto del amor a uno mismo, de poseer ciertas cosas exclusivamente que surgen principalmente los celos".

Los celos no son una expresión del amor, pero pueden ser creativos en una relación de pareja. Stendhal escribía: "En el amor, nuestro rival afortunado, o, lo que es lo mismo, nuestro enemigo es nuestro bienhechor".

En este sentido, el doctor Liberman no tiene reparos en afirmar que "si no tuviéramos rivales, deberíamos inventarlos". Su argumento es que "son los celos los que hacen que veamos al otro como una persona -un ser singular y libre- y no como un objeto de nuestra pertenencia; son los celos los que sellan la rúbrica de una pareja, porque en medio de lo aparentemente seguro instalan la sospecha del abandono y la maravilla humana de ese amor". Este mismo psicoanalista ha establecido un decálogo de autoayuda contra el morboso fantasma de los celos en su libro Los celos y el amor:

1. Hable de sus celos con sus amigos o familiares.
2. Plantee el problema no sólo desde su perspectiva, sino también la de su pareja.
3. Haga el esfuerzo de pensar en su relación, aunque le duela.
4. Impida que la culpa invada la relación.
5. Intente ser flexible.
6. Intente ver si los celos son realmente sexuales o de otra índole.
7. No se deje llevar por la cólera.
8. Intente hablar con su pareja de sus celos y de su relación como tal.
9. Cuide su autoestima. Usted es el único responsable de su conducta y de su vida. No se hunda.
10. Pida ayuda profesional, si la necesita.

El lenguaje del amor no usa palabras


En todo tipo de relaciones humanas, las palabras no importan, pues sólo ocupan un siete por ciento de nuestra comunicación. El 93 por ciento restante de lo que decimos lo hacemos a través del lenguaje corporal: los gestos, la postura y la expresión. De hecho, con las palabras podemos mentir, pero es muy difícil que el cuerpo mienta con su lenguaje silencioso. Y, en las relaciones íntimas, amorosas, utilizamos el cuerpo de forma más habitual. De hecho, nuestro cuerpo envía constantemente señales a los demás invitando o rechazando un contacto más íntimo. Nuestro cerebro analiza en fracciones de segundo los mensajes que inconscientemente nos envían los otros por su comportamiento, su vestimenta, sus gestos, su risa, su ceño, todo en conjunto y así sabemos si queremos relacionarnos o no.

Los sentidos actúan por encima de la razón: exploramos con el tacto el cuerpo del otro, con la lengua accedemos a su sabor, nuestro olfato se interesa por sus fluidos corporales, la vista se recrea en las formas excitantes de nuestro amante y escuchamos atentamente sus gemidos, su respiración entrecortada y los latidos de su corazón.

Pero no sólo en los momentos más íntimos actúa la comunicación no verbal. Conforme vamos madurando sexualmente, incrementamos las señales sexuales, desde la búsqueda de la pareja hasta la unión con ella, pasando por el estadio de elección y excitación de la misma.

El etólogo británico Desmond Morris en su libro Comportamiento íntimo, ha sistematizado la escala de intimidades, o secuencia sexual que siguen dos amantes. No siempre funciona así, porque en muchas parejas y con los nuevos comportamientos de libertad sexual, muchos pasos de los que a continuación exponemos, se obvian:

1º. Mirada al cuerpo u observación.
2º. Mirada mutua asomándose a los ojos.
3º. Intercambio de palabras y, con ellas, de datos de información personal.
4º. La mano en la mano; es el primer estadio de contacto físico, a menudo disfrazado como la ayuda más prolongada de lo normal para ponerle un abrigo, o cogerla una mano para ayudarla a cruzar una calle o una puerta.
5º. El brazo sobre los hombros; una intimidad también disfrazada bajo una forma protectora.
6º. El brazo alrededor de la cintura; una acción más íntima que acerca la mano de él a la región sexual de ella.
7º. La boca en la boca; la primera intimidad importante. Si el beso es intenso y prolongado, puede llevar a la lubricación genital femenina y a la erección masculina.
8º. La mano en la cabeza; el beso se complementa con caricias de las manos explorando el rostro y el cabello ajenos.
9º. La mano en el cuerpo; se inicia la exploración del cuerpo de la pareja, apretando y palpando. Tras esta etapa la relación ha progresado y la excitación será tan alta que puede ocurrir la cópula.
10º. La boca en el pecho; absolutamente aislados de los demás y sin ropa, la pareja empieza a explorar mutuamente con la boca sus regiones desnudas. El beso se hace más complicado especialmente en la exploración del pecho de la mujer por la boca del varón.
11º. La mano en el sexo; las manos se dirigen a los genitales que tocan y estimulan. En este momento ambos, varón y hembra, están totalmente excitados y preparados para el acto final.
12º. El sexo en el sexo. Los genitales toman contacto con los genitales. La introducción se realiza acompañada por movimientos pélvicos del varón hasta alcanzar el orgasmo.

Penas de amor

Si el amor conlleva una euforia absoluta, el desamor nos conduce al vacío más deprimente. Cuando el amor se ha establecido, mediante la pareja o el matrimonio, nace la convivencia, la más dura escuela de aprendizaje del mundo. Nuestras actitudes infantiles, orgullos y cabezonerías, la intimidad personal, nuestro yo, en definitiva sufre una erosión constante que no todas las parejas están dispuestos a soportar.

Las crisis y rupturas conyugales o de la pareja tardan años en cicatrizar y la mayor parte de las veces conllevan trastornos psicológicos que la literatura ha descrito muy bien y que conocemos como "penas de amor".

El amor es una pena de amor diferida

Según el psicoanalista francés François Roustang, "el amor es una pena de amor diferida". El amor se ha desarrollado en los amantes a costa de ellos mismos, tal como hace el bebé en la mujer embarazada o el cáncer en un enfermo. Sus argumentos no son precisamente optimistas, ya que opina que al no escogerse el enamoramiento uno de otro, el amor es un parasitismo recíproco, por lo cual es casi obligado que sobrevenga una manifestación de rechazo.

Cada uno desembarca en la pareja con sus propias exigencias afectivas lo que trae como consecuencia que se abran las puertas a toda clase de malentendidos, lo mismo que sucede con la palabra amor, que lo mismo sirve para designar lo que sucedió entre Romeo y Julieta, las caritativas actitudes de la madre Teresa de Calcuta, y las relaciones entre una prostituta y su cliente.

Los únicos elementos notables de una vida son las rupturas

Esta visión pesimista del amor está presidida por la frase del filósofo rumano E.M. Cioran, "los únicos elementos notables de una vida son las rupturas". Cuando la pareja se hace trizas, lo que queda es una pena de amor, un vacío absoluto. El escritor Étienne Lévy-Lambert establece cuatro fases en las penas de amor que sobrevienen tras la ruptura. La primera fase es un repliegue sobre sí mismo que conlleva el descuido personal ("¡bah!, ¿para quién arreglarse?"), la bebida ("tengo que olvidar") y el nihilismo ("esta sociedad es una mierda").

La segunda fase es la del arrepentimiento en la que se hacen repasos de los errores y se autoinculpan de los sucesos. Se vive en el contrasentido, llegan el insomnio y la culpa.

La tercera fase supone una pérdida del estatus social. Ya no les invitan los amigos emparejados y el penitente no quiere hablar más que del antiguo amante con la vana esperanza de que alguien diga que todavía es amado por él o ella.

La cuarta y última fase viene acompañada por una caída en la salud del amante abandonado. Se envejece y se acumulan las enfermedades, como si se tratase de una pena autoimpuesta por no haber sabido mantener una relación de amor.

Seis meses para superar las penas de amor

Pero al final, las aguas vuelven a su cauce. Los psicólogos establecen un período de seis meses de media para superar las penas de amor. Si pasado ese tiempo, se continúa mirando al pasado y recreándose en su propia desgracia, la pena de amor se convierte en enfermedad mental y el caso requiere tratamiento especializado.

El desamor, el momento en que se acaba el romance y comienza la pena de amor, puede llegar de dos maneras: repentina o progresivamente. La primera forma se compara a la imagen de una tormenta en un cielo sereno, el fin abrupto de una ilusión, el globo de amor que explota.

El desamor progresivo viene con la convivencia. No se asumen las diferencias y no se quiere aceptar la ruptura definitiva. Nos engañamos a nosotros mismos y no queremos aceptar que si un día se va nuestra pareja, ésta no regresará jamás.

Para Xavier Fauche y Christiane Noetzlin, que han publicado en Francia un libro titulado Changrin d'amour ("Penas de amor"), "los hombres tienen más éxito que las mujeres para superar las penas de amor, ya que se vuelcan en su profesión. El trabajo se convierte en el sustituto de la pareja y se idiotizan con él".

Remedios para combatir el desamor

El psiquiatra español Enrique Rojas, estableció dieciséis remedios para combatir el desamor, bajo la máxima de que "es mucho más difícil mantener un amor que conquistarlo":

1. Borrón y cuenta nueva. Para empezar a arreglar una situación de pareja difícil es necesario esforzarse por asumir y digerir el pasado.
2. Esforzarse por no sacar la lista de agravios, ese inventario de pequeños y grandes errores, fallos, defectos y fracasos que se acumulan tras la convivencia.
3. El respeto mutuo en tres direcciones, ya que la consideración en el trato debe basarse en el aprecio y la dignidad de la persona.
4. Para estar con alguien hay que estar primero con uno mismo. Dicho de otra manera, aquella persona que no sabe lo que quiere tendrá siempre una vida amorosa inestable.
5. La vida en pareja tiene que ser argumental ya que el aburrimiento es uno de los grandes enemigos de las parejas modernas.
6. Evitar discusiones innecesarias.
7. Tener una vida sexual sana, positiva y centrada en la comunicación. Evitar caer en la tendencia de la sociedad actual que entiende la sexualidad como un bien de consumo.
8. Hacer repetidos esfuerzos de voluntad por mejorar y pulir las dificultades de la convivencia.
9. Echarle a la vida sentido del humor, ya que la pareja que así actúa logrará un buen nivel de higiene mental.
10. Aprender a remontar momentos, días o situaciones difíciles.
11. Saber escuchar, aprender a dialogar y adquirir habilidades en la comunicación.
12. Saber utilizar la mano izquierda, esto es, ser diplomático.
13. Conseguir establecer un día cada dos semanas en que dediquemos a nuestra pareja todo nuestro tiempo y energía para lo que él o ella desee.
14. Saber que la vida tiene aspectos positivos y negativos, aunque de todos podemos aprender.
15. Frenar la tendencia a controlar, vigilar e inspeccionar a la pareja.
16. Tratar de frenar el lenguaje interior negativo de la pareja.
Siguiendo estos consejos se pueden evitar las penas de amor.

El amor homosexual

Hasta hace pocos años, la homosexualidad era desconsiderada en los estudios publicados sobre el amor. La barrera del silencio apenas comienza a romperse. Todavía algunas brillantes mentes consideran que se trata de una enfermedad que puede curarse.

En la polémica (que no hay tal, sino un montaje mediatizado por los grupos ideológicos implicados) generada en los últimos años se ha tratado de dilucidar si esa tendencia sexual es genética o adquirida. Desde que el endocrinólogo alemán Günter Döner aseguró que el homosexual nace, se han lanzado muchas teorías, pero ninguna ha podido establecerse como paradigma. Döner afirma que cuando un embrión macho se le priva en la tripa materna de los altos niveles de tetosterona que necesita, y se le somete al estrógeno de los ovarios, el cerebro se feminiza y el niño se hace homosexual. Asimismo, si un embrión hembra es expuesto a un alto nivel de tetosterona, el cerebro se masculiniza y la niña se hace lesbiana.

Otra estúpida controversia, saltó a la opinión pública, cuando el neurólogo norteamericano Simon Leavy anunció el hallazgo de diferencias anatómicas en el cerebro de los homosexuales, lo cual confirmaría la tesis del origen genético.

Por último, el profesor Roger Gorski de la Universidad de California publicó un trabajo en el que se afirma que un hilo de células nerviosas que conectan los dos hemisferios cerebrales, el cuerpo calloso, es más grande en los homosexuales, como parece que han demostrado las estadísitcas.

Pero desde luego ninguna teoría establece una prueba definitiva en favor de que el amor a personas del mismo sexo tenga una causa biológica.

Afrodisíacos: Las drogas del amor

El sildenafilo (conocido como viagra) hundió la magia alrededor del afrodisíaco, pero no por ello deja de ser un elemento recurrente en la literatura y la imaginación.

Ya desde la más remota antigüedad, los humanos conocían el dolor espiritual al ser objeto de la indiferencia o rechazo por parte del ser amado. Para doblegar esa actitud, hombres y mujeres se proveían de plantas y productos que despertaran el interés sexual en la persona deseada: afrodisíacos y filtros de amor. Tristán e Isolda son víctimas de un brebaje de esta naturaleza y la literatura de todo el mundo recoge repetidamente esta práctica brujeril.

Además, y sobre todo, el afrodisíaco era usado para recobrar la potencia amorosa al llegar a determinada edad. Aún hoy, ciertos "brujos" indeseables preparan supuestos remedios para los males de amor y son muchas las lociones y bebedizos que se venden por doquier con el objeto de aumentar el vigor sexual en los hombres.

Se conoce como afrodisíaco, cualquier cosa que puede avivar y aumentar el deseo sexual. Actúan provocando sensaciones sexuales al aumentar el flujo sanguíneo, produciendo excitación cerebral, estimulando la zona inferior de la espina dorsal o causando irritación en la uretra.

Los remedios mágicos para el amor no existen
Pero, desengañémonos. Los remedios mágicos no existen. De hecho, en algunos países, las autoridades sanitarias no los contemplan como tales, ya que la estimulación sexual de los productos es sólo un efecto secundario de las acciones que producen las drogas en el organismo.

Han existido afrodisíacos famosos a lo largo de la historia. Los griegos y romanos se rodeaban de azafrán, a cuyos estambres conferían propiedades sexuales. La mandrágora obtuvo mucho predicamento en la Edad Media para la obtención de brebajes. Son muchas las plantas que tienen principios activos que coadyuvan a potenciar la sexualidad, como el ginseng, la verbena, la ortiga o la canela.

En cuanto a los alimentos pretendidamente afrodisíacos, al parecer no existen. En el Instituto de Investigación Sexual de la Universidad de Hamburgo se estudiaron doscientos afrodisíacos y ninguno ha mostrado contenidos en principios activos, por lo que se supone que la mayor parte de los alimentos afrodisíacos actúan de forma similar a los placebos. Es decir, la mente es la que crea esos supuestos poderes sexuales. Tan sólo las ostras pueden considerarse agentes afrodisíacos, por cuanto contienen zinc, un componente importante en la fabricación de esperma.

Los afrodisíacos químicos

En cuanto a los productos químicos (aparte viagras y cialis) que podrían actuar como afrodisíacos, sólo la yohimbina y las cantáridas contienen principios activos. La yohimbina se extrae de la corteza de un árbol africano y actúa sobre el organismo, dilatando los vasos sanguíneos y los órganos sexuales. Pero, este producto también tiene efectos secundarios si se ingiere en dosis elevadas, ya que produce excitación, aumento de la presión sanguínea e irritabilidad. Se dice que incluso puede causar la muerte con una dosis de 3.000 miligramos, diez veces más de lo aconsejable.

La cantárida es una sustancia cáustica y potencialmente peligrosa que se extrae de las alas secas y pulverizadas de un escarabajo originario de España, la Lytta vesicatoria, más conocida en todo el mundo como Spanish Fly. Su peligro consiste en que si se toma por vía interna irrita los genitales y los riñones llegando a producir heces sanguinolentas. Una sobredosis de cantaridina, el principio activo de las alas del escarabajo, puede producir la muerte.

Los afrodisíacos más solicitados están relacionados con animales. Por ejemplo, el polvo de cuerno de rinoceronte, cuyo principio activo no se ha descubierto, puede llegar a pagarse hasta un millón de pesetas el kilo. Esta es una de las causas del exterminio sistemático al que se ha sometido este animal en peligro de desaparición.

Otros productos de animales no son menos sorprendentes, y su relación con cualidades afrodisíacas están poniendo en peligro algunas especies. Se usan, por ejemplo, pene de tigre, esperma de ballena, nidos de avispa, bilis de carpa; caballito de mar, falo de ciervo, veneno de sapo, nido de aves marinas, y huesos fosilizados de dinosaurio.

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1. Viagra: Citrato de 1-[4-etoxi-3-(6,7-dihidro-1-metil-7-oxo-3-propil-1H-pirazol[4,3-d]pirimidin-5-il)
fenilsulfonil]-4-metilpiperazina

2. Cuerno de rinoceronte considerado por los asiáticos como un afrodisíaco.

sábado, 22 de septiembre de 2012

El mito del amor romántico

Cuando nos enamoramos, creemos que ese momento durará para siempre. Pero esa creencia no es más que un mito de nuestra cultura, el del amor romántico, que han contribuido a crear las novelas, las revistas del corazón, las películas, los cuentos de hadas que nos encantaban de pequeños, y la poesía. En estas historias, el amor es eterno. El príncipe y la princesa viven por siempre felices. Incluso, a nadie le cuesta imaginar a Drácula conservando un amor apasionado a lo largo de los siglos como el que se refleja en la película de Francis Ford Coppola sobre el mítico vampiro.

El mito del amor romántico, dice el psiquiatra M. Scott Peck, ha establecido "que para cada joven del mundo hay una joven que le está destinada y viceversa". Prácticamente predestinada por los astros. Como la unión es perfecta, santificada por los cielos, "estaremos en condiciones de satisfacer siempre y para siempre todas las necesidades de esa otra persona".

Pero eso no ocurre en la vida real, sino que surgen fricciones y dejamos de estar enamorados. No es que el amor romántico no exista, pensamos; simplemente hemos interpretado equivocadamente los astros y volvemos a caer en las redes del mito con otra persona.

La mentira del amor romántico

Como señala Scott Peck, el amor romántico "es una tremenda mentira". Pero acota: "Quizás sea una mentira necesaria por cuanto asegura la supervivencia de la especie al alentar y aparentemente validar la experiencia de enamorarnos que nos atrapa en el matrimonio. (...). Millones de personas malgastan grandes cantidades de energía en un intento fútil y desesperado de hacer que la realidad de sus vidas se ajuste a la irrealidad del mito".

La solución, para no caer en la trampa de ese amor, estriba en conseguir que todas las parejas "aprendan que aceptar verdaderamente la individualidad de cada cual y su separación es la única base sobre la cual puede fundarse un matrimonio maduro y puede crecer un verdadero amor".

El mito del amor romántico fue inventado por las mujeres siguiendo los modelos de amistad masculinos. Así lo creía el filósofo francés René Nelli. En el siglo XIII, las relaciones entre el hombre y la mujer sufrieron una mutación profunda, preparada por una lenta evolución, desde la amistad viril a la confianza en la mujer.

La mujer inventó el amor romántico

Para Nelli, el guerrero tenía necesidad de un compañero más fiel que los de su propia familia o clan. En la lucha o en la caza, su vida dependía del amigo. Por ello, en casi todos los pueblos las amistad entre hombres se ha idealizado ceremonializándose: ritos de intercambio de sangre, como hemos visto repetidamente en el cine, o ritos de comunión de algún brebaje o sustancia fumable acompañados de solemnes juramentos ante testigos. Las hermandades caballerescas, como los templarios, utilizaban fórmulas parecidas, siempre de carácter misógino. Durante la Edad Media, los hombre sólo mantenían con las mujeres una relación amo-sirvienta.

Poco a poco fue creándose, desde los estamentos cultos y nobles, ese mito amoroso a favor de la mujer. "El compañerismo caballeresco -dice Nelli- y sus antiguas magias habían mostrado a las mujeres lo que había que hacer para contraer amistad con el hombre: realizar el intercambio de los corazones o de la sangre".

La poesía y la literatura vinieron en ayuda de las mujeres. Los trovadores, que desplazaron a los cantos épicos, siempre estaban relacionados con las mujeres. Las damas cortesanas y aristócratas no otorgaban sus favores más que  a los hombres que se mostraban lo más sinceramente enamorados, "encerrando así el verdadero valor en el interior del amor y de lo imaginario.

El refinamiento del amor cortés

Para los caballeros comenzó a resultar un orgullo amar, lo cual  llegó hasta el refinamiento del amor cortés, en el que la proximidad era de mal gusto. De origen árabe, posiblemente, en el amor cortés preponderaba el espíritu y para el amante era esencial la distancia de la amada.

Por fin la mujer consiguió que el hombre le otorgará su corazón, eran dignas de su "amistad". Hoy, con la liberación femenina, se ha perdido el amor romántico, aunque las mujeres siguen soñando con él.

El amor, "esa palabra que debe ser desinfectada", como decía el místico hindú Krishnamurti, ya no es necesario ni para el placer, ni para la emancipación, ni para la seguridad de la mujer. Se ha sustituido por una diversión: el sexo.